Nagore Aramendi, oficinista y pelotari: «Me extraña que no haya más niñas que jueguen a pelota»

Nagore Aramendi, oficinista y pelotari: «Me extraña que no haya más niñas que jueguen a pelota»

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANO

No hay muchos niños que, como Jokin, puedan presumir de tener una madre pelotari. Lo de que su padre, Antxon Artetxe, formara parte de los primeros equipos Interpueblos de Azpeitia ya es para él, como joven promesa de la mano, un orgullo.

Lo de su madre, Nagore Aramendi, también levanta la admiración de muchos de sus compañeros. El día 18 jugará la semifinal del Emakume Máster Cup junto a su compañera Oihana Unanue. Para ella llegar hasta aquí ya es un premio. La final, un sueño que nunca hubiera imaginado cuando era pequeña.

Jokin irá a verla jugar a Oñati junto a su hermano mayor Julen y las trillizas pequeñas, Ane,Irati y Leire, que ya tienen siete años. «Es gracioso, pero cuando nació Julen, que tiene once, se me cayó el mundo encima, no llegaba a nada. Pensaba en todo lo que me había cambiado la vida. Luego vino Jokin y después las trillizas. Fue muy duro, apenas dormían, estaba destrozada y cansadísima todo el día. Pero poco a poco van creciendo, hay que tomarse las cosas como vienen y salir adelante. Se van haciendo mayores y las cosas van mejorando. Trabajo por la tarde y me encargo de ellos por la mañana».

Con cinco niños en casa decidieron que Nagore optara por una media jornada en la empresa Fundibide en Urrestilla, a pocos minutos de su casa. «No están las cosas para hacer huelga, pero apoyo las movilizaciones».

De pequeña jugaba a pelota, siempre le gustó este deporte, aunque fue atleta, una mediofondista especialista en 800 y 1.500 metros. Las lesiones de rodilla condicionaron la carrera de esta mujer espigada de 53 kilos, que ganó el Cross de la Gimnástica de Ulía y perteneció a la selección española junior.

«Me llama la atención que las niñas no jueguen a la pelota. A mis tres hijas pequeñas les digo mil veces que se animen, pero nada, no quieren ni oir hablar, tal vez porque han visto muchos frontones, no lo sé. Como mucho llevan la raqueta. Hasta casi los catorce años, las niñas tienen más fuerza que los chicos. Nosotras íbamos al frontón con nuestros amigos cuando éramos pequeñas, algo que ahora apenas se ve».

Tal vez por eso, por esa tradición, pasó tanta ‘envidia’ cuando asistió a un partido de pelota femenino en fiestas de San Ignacio. «Se lo dije a Oihana y a ella le pasaba lo mismo. No lo volvimos a hablar hasta las navidades, ella tenía una niña pequeña, de apenas siete meses». Al poco tiempo, se enteraron de la existencia de un campeonato y ambas se animaron a empezar a entrenar.

Sale a correr cada vez que puede además de entrenar dos veces a la semana en el frontón y tiene su propio secreto deportivo: los fines de semana juegan a mano en familia. «Jugamos Antxon y Julen contra Jokin y yo. Lo pasamos bien, pero ya te digo que las crías no quieren saber nada».

Sabe que la pelota es un deporte de hombres, no tiene reparos al calificarlo de machista en muchas ocasiones, pero no se siente maltratada, ni nadie le ha dicho nunca ‘tú que pintas en ésto’ o ‘más te vale que vayas a cuidar a los niños’.

«Todo lo contrario. Incluso hombres mayores me han felicitado o me han dicho que me han visto por la tele. ¿Por qué una mujer no puede jugar a pelota?. En el campeonato nos apuntamos cien, que ya es un buen número».

Nagore, además, promete un buen espectáculo a cualquiera que se acerque a un partido femenino. «Las pelotas son distintas y hay menos velocidad porque los hombres son más fuertes. Pero no nos rendimos y hay tantos muy bonitos. En general los partidos son más largos y más peloteados, lo que los hace muy entretenidos».ç

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