Carmen Pascual, pensionista: «Nos deben toda nuestra vida, empecé a trabajar con nueve años»

Carmen Pascual, pensionista: «Nos deben toda nuestra vida, empecé a trabajar con nueve años»

«No teníamos nada» dice esta mujer arreglada y coqueta que,con catorce años se fue a servir a Pamplona y que a los 17 recaló en San Sebastián para trabajar como cocinera en una casa de la burguesía donostiarra. Al año siguiente llegó su hermana para servir como doncella

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANO

Una niña de nueve años en un Arroniz que aún no tenía agua corriente, bajaba una pesada colcha de ganchillo a lavar. Ya había dos mujeres en el lavadero, dos vecinas a las que dio tanta pena la pequeña de brillantes ojos azules que la lavaron por ella. La niña era Carmen Pascual una de los doce hijos del pastor de esta localidad navarra. «No teníamos nada» dice esta mujer arreglada y coqueta que, con catorce años se fue a servir a Pamplona y que a los 17 recaló en San Sebastián para trabajar como cocinera en una casa de la burguesía donostiarra. Al año siguiente llegó su hermana para servir como doncella.

«Once años estuve en ese puesto y sabes cuanto cobro por haber estado trabajando todo ese tiempo? Ni un euro. Ni uno. Nunca cotizaron por nosotras y eso que se lo pedimos, pero la señora se callaba, nos daba largas y hasta hoy».

«Vine a servir, pero nunca cotizaron por mí, vamos que no recibó ni un euro de pensión»

Con 27 años se casó con Rafa, un chico de la Parte Vieja y, como ocurría en la época, dejó de trabajar en casa ajena para hacerlo en la propia, criando tres niños. «Era un trabajo diferente, cuidar la casa, a él, a los chiquillos». Ella, de todas formas, colaboraba en la economía familiar en lo que podía, haciendo pequeños arreglos en la ropa o consiendo cremalleras. La tarea se hizo más intensa cuando Rafa se quedó en paro después de 30 años en una imprenta y toda la vida en la Banda de Música.

«Las mujeres hemos luchado mucho, nos deben nuestra vida. Cuando servía teníamos derecho a dos semanas de vacaciones al año y a un domingo cada quince días. Compramos el piso en el que vivo con todo el esfuerzo del mundo y ahora viene un ministro a decirnos que tenemos casa. ¿Qué quiere? ¿Que nos comamos los ladrillos?».

Tiene una pensión de viudedad de 700 euros. «Por mi trabajo no me dan nada y por todos los años de trabajo de mi marido, que empezó como recadista en el Boulevard durante la guerra, esos 700 euros. ¿No tienen dinero para las pensiones? ¡Con todo lo que nos deben! ¡Y con todo lo que se han llevado algunos!».

Pero Carmen es una mujer alegre y luchadora que jamás sale de casa sin pintarse y se encuentra feliz con sus hijos y sus dos nietas, con la familia de su hermana María Antonia, de la que es inseparable. Con ella acude a la entrevista y es ella la que asegura que el día que cuenten su vida se venderá como un best seller.

Sí a la huelga

«Hemos pasado mucho, pero también nos hemos reído», dice Carmen. Ambas hermanas van a hacer huelga, y se van a movilizar este 8 de marzo, «porque ya está bien de que nos discriminen, de que nos hayan ninguneado y no se haya reconocido lo que hacemos. Porque trabajamos el doble que ellos, yo siempre he hecho cien cosas, los hombres una».

Recuerda aquellos tiempos en los que se sentía una esclava. «No teníamos ni nombre. Depende de cuantos timbrazos sabíamos si nos llamaban a una o a otra». Después llegó la boda y el nacimiento de sus tres hijos, más tarde tuvo que cuidar a su marido que enfermó de alzhéimer.

«Daré de comer a mis hijos que vienen de trabajar, pero pienso movilizarme»

Le encanta reunir a toda la familia los sábados y hacer comida abundante para los siete que se reúnen de forma habitual y todos los días dos de sus hijos comen en su casa. Ahí está su punto flaco para esa movilización en la que piensa participar de forma activa. ¿Va a hacer huelga Carmen también este mediodía y sus hijos optarán por recurrir a un bocadillo?

Empiezan las dudas porque «ellos también trabajan mucho y llegan cansados». Aunque al final de la entrevista afirme que «me parece que les voy a decir que hago huega completa», todo parece indicar que esta mujer sucumbirá a su instinto protector y les preparará la comida.

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