Un 'Artillero' entre palmas y gritos de olé

Sara Santos

Sonakay triunfó con su versión flamenca, mientras Luis Mocoroa cedía el testigo a Elías Arruebarrena

Elena Viñas
ELENA VIÑAS

No era ningún secreto que Sonakay pretendía sorprender al público con un 'Artillero' de aires flamencos, pero cuando los primeros acordes de guitarra tomaron la terraza del consistorio donostiarra, ya nadie pudo escapar a la magia de la canción reinventada por ese grupo con fuertes raíces gitanas y euskaldunes. «¡Olé! ¡Olé!», gritaban a pocos metros quienes se dejaban conquistar por la original versión del tema tantas veces interpretado. Y los gritos se sucedieron como ecos, que ganaron en intensidad entre los aplausos del público.

«Tenía el corazón a tope», confesaría pocos minutos después Jonathan Calvo, mientras sus compañeros asentían satisfechos por haber salido airosos de su actuación. «Ahora ya hemos descansado. La procesión va por dentro, pero lo cierto es que hemos disfrutado», aseguraban, sin dejar por un segundo de sonreír.

Ni las guitarras ni el cajón cesaron, y el 'Artillero' volvió a sonar, ya en modo tradicional, al son de la banda de música Illumbe de Trintxerpe y de los tambores de la Gastronómica, que inundaron de rataplanes Alderdi Eder.

«¿Morriña? Sí que la siento, y el año que viene supongo que más», afirmó Mocoroa

Los representantes de Asoleus y Helduak, las dos asociaciones formadas por ciudadanos procedentes de otros lugares elegidas para protagonizar, junto a Sonakay, el arranque de la Semana Grande, cedían sus voces al momento más esperado por los donostiarras. Lo mismo hacían miembros de la corporación municipal, con el alcalde Eneko Goia a la cabeza. Todos ellos, pañuelo blanco con cuadro azul anudado al cuello, salían a bailar un animado vals.

Para entonces, Luis Mocoroa ya se había aproximado a la almena en la que el cañón, réplica del utilizado durante décadas, aguardaba el momento de ser encendido para dar comienzo a una ofensiva festiva. «Este es siempre es un momento emocionante. ¿Morriña? Sí, sí que la siento y el año que viene supongo que más», declaraba cuando se le preguntaba por su despedida como Artillero Mayor.

A pesar de que había anunciado que la de ayer sería la última vez que ejerciera su cargo, Mocoroa entregaba el botafuego ya encendido al Tambor Mayor, Elías Arruebarrena, quien hacía prender la carga de pólvora. Se escenificaba así la entrega del testigo de quien durante un cuarto de siglo ha sido protagonista del arranque de la Semana Grande al que será su sucesor junto a Onintza Mocoroa, su propia hija.

Amaia Montero, Gorka Otxoa, Jesús Cisneros y María Luisa Merlo se sumaron a la fiesta

La emoción dio paso al estruendo. La explosión, que nada tuvo que envidiar a la del cañón original de estilo napoleónico del siglo XIX retirado por motivos de seguridad, hizo vibrar a los centenares de personas que se agolpaban ante el ayuntamiento. Antes de que pudieran reaccionar, los espectadores se veían sorprendidos por una lluvia de confetis blanquiazules que inundó las inmediaciones de La Concha.

Algunos tamborreros rompían filas ansiosos por fotografiarse con los integrantes de Sonakay en la misma terraza en la que se daban cita famosos de la talla de Amaia Montero, Gorka Otxoa, Jesús Cisneros y María Luisa Merlo, quien lamentaba no poder disfrutar «tanto como quisiera» de la Semana Grande. «Tengo que mantenerme relajada para hacer la función bien y no defraudar a un público que me sigue toda la vida», explicaba la actriz, al tiempo que alababa las virtudes de la capital guipuzcoana. «Ojalá pueda seguir viniendo muchos años», deseaba.

Su compañero en la obra teatral 'Conversaciones con mamá' recordaba cómo se mantiene fiel al público donostiarra desde su primera visita en 1989. «Entonces vine con la compañía de Florinda Chico. En esa función nos conocimos mi mujer, Yolanda Arestegui, y yo. Hemos vuelto juntos, con una de nuestras hijas y sus primos, porque ésta es una ciudad a disfrutar», indicaba Cisneros.

Brindis por la Aste Nagusia

Tras el cañonazo, sus protagonistas se daban cita en el salón de plenos donde el alcalde y el concejal delegado de actividades festivas, Alfonso Gurpegi, les hacían entrega de una placa conmemorativa como recuerdo de la jornada que estaban celebrando y también como «reconocimiento» a la labor que vienen desarrollando a lo largo del año en San Sebastián.

Los integrantes Asoleus, Helduak y Sonakay no ocultaban su satisfacción ante el gesto de los responsables municipales, con los que se fotografiaron antes de continuar disfrutando de los festejos. «Esta noche -por la de ayer, sábado- esperamos a todos en el concierto que vamos a ofrecer en el Boulevard», decían los integrantes del grupo musical. El primer edil animaba a los asistentes a compartir un brindis, al que se sumaron corporativos y demás invitados al acto. «Por la Semana Grande, por Donostia y por vosotros. Gora Aste Nagusia!», exclamaba. Como respuesta, los de Sonakay se animaban a repetir la estrofa más entonada: «Artillero dale fuego...». La fiesta estaba servida.

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