Arnaldo Otegi: «El lehendakari hará lo indecible para pactar el Presupuesto con el PP y no con EH Bildu»

Presos catalanes. Arnaldo Otegi, en una sede de EH Bildu con un gran lazo amarillo en la ventana./USOZ
Presos catalanes. Arnaldo Otegi, en una sede de EH Bildu con un gran lazo amarillo en la ventana. / USOZ

«Ser coherentes con el acuerdo del nuevo estatus exige al PNV un cambio en la política de alianzas con el PSE»

JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

En EH Bildu hacen un balance positivo de este arranque de curso. Consideran que su papel en dos de los grandes debates de Euskadi, el nuevo estatus y los Presupuestos, está siendo «clave». Así lo destaca su coordinador general, Arnaldo Otegi (Elgoibar, 1958), que relativiza la percepción de que la coalición actúa con un posibilismo hasta ahora desconocido.

-¿Cuando llegue el momento de la verdad del nuevo estatus, de aprobarlo en el Parlamento tras las municipales y forales de mayo, el PNV se mantendrá en el acuerdo de bases con ustedes o se descolgará?

-Es curioso que todo el mundo me haga la misma pregunta. Lo cual evidencia que nadie se fía del PNV aunque sea el gestor que se supone que garantiza la estabilidad. No sé lo que va a hacer. Si el PNV hace otro malabarismo político será su decisión y la respetaremos. Pero si cree posible alcanzar un acuerdo superior al actual renunciando al derecho a decidir y a la relación de igual a igual con el Estado, nosotros no estaremos. Todos queremos ensancharlo, como dice el PNV y el lehendakari, pero no a costa de todo. Yo no le pido al PSE o Podemos que no defiendan la unidad de España.

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-¿Coincide con la apreciación general de que hay visiones contrapuestas en el PNV?

-Es evidente que en el PNV existen sensibilidades diferentes. También ocurrió con el plan Ibarretxe. Lo que sí sé es que la inmensa mayoría de la base social del PNV está contenta con el acuerdo y es a esa base social a la que se deberían atar. Aitor Esteban dijo que no podrían seguir con el acuerdo si enfrente existe un muro del Estado. Pero es que el PNV nació porque había, y sigue existiendo, un muro que saltar o derribar.

-¿Y cómo puede el soberanismo vasco saltar ese muro?

-Es el gran debate. Si llega otra crisis económica, como advierten, el Estado español se convertirá en una hipoteca inviable. Visitando estos días la máquina herramienta en Gipuzkoa, me preguntaba: ¿Nosotros que vendemos en el planeta productos de alta tecnología vamos a depender de 'Casados', 'Abascales', 'Rajoys'...? Vamos a hacer este debate sosegado. No planteamos un ejercicio de intensidad total a corto plazo ni imitar otros procesos, pero sí hacer ver a la gente que para resolver sus problemas no queda más remedio que hacer frente a este Estado, gestionando con tranquilidad e inteligencia el conflicto y el acuerdo.

-¿Que el derecho a decidir desborde la legalidad constitucional no dificulta mucho al PSE-EE sumarse al acuerdo de bases?

-Lo que planteamos es si es posible un proyecto plural sobre el derecho a decidir. El PSE y la izquierda aber-tzale en Loiola (2006) se aproximaron mucho a ese acuerdo, pero hoy en el PSE no hay voluntad para eso.

-¿Si el PNV reeditara con el PSE su pacto tras las municipales y forales, esto podría provocar que los jeltzales se descolgaran del acuerdo de bases sobre el nuevo estatus?

-El PNV va a tratar de reeditar los pactos con el PSE y eso no es bueno para la gente en términos económicos y sociales. El tribunal europeo, con el Tren de Alta Velocidad, y el Tribunal de Cuentas español, con la sentencia de la incineradora de Gipuzkoa, han puesto en entredicho el modelo de gestión PNV-PSE. Nos parece incompatible llegar hasta el final con el acuerdo del nuevo estatus en términos soberanistas y mantener una alianza de Gobierno con alguien que no lo va a permitir. Ser coherente con el acuerdo de bases y hacer una hoja de ruta para llevarlo a cabo exige un cambio en la política de alianzas. Para nosotros, y hasta para el PSE, está claro. En el fondo, el modo de hacer política del PNV se está acabando. No se puede estar en misa y repicando, en un sitio con unos y en otro, con otros.

-El otro gran frente es el Presupuesto vasco. El lehendakari Urkullu limita la negociación a lo estrictamente presupuestario, desvinculándola del nuevo estatus.

-Nuestra reflexión es también estrictamente en términos presupuestarios y con una filosofía: que no dé la espalda a las necesidades de la gente que este año en oleadas ha salido a la calle a reivindicar sus derechos sociales: mujeres, pensionistas, viudas, empleo digno... Nuestra propuesta no es un acuerdo presupuestario sino un acuerdo político de rectificación presupuestaria. Ser una izquierda útil es mantener las reivindicaciones estratégicas pero también mejorar la vida de la gente.

«Es llamativo que en un contexto histórico como este ELA juegue al ultraizquierdismo»

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Oferta «excepcional»

-La primera reacción del PNV a su oferta de esta semana fue que es «rancia» y poco realista.

-Eso dijo el parlamentario Iturrate. Es manifiesto que hay sectores a los que no les gusta que PNV y EH Bildu pacten ni en términos económicos ni políticos. Esa primera respuesta fue maleducada y desairada.

-¿En esos sectores ubica al lehendakari?

-No lo sé, aunque su apuesta nunca ha pasado por la izquierda independentista, sino por un gobierno en minoría o la compañía del PP. Su opción es pactar con cualquiera menos con nosotros, por lo que tengo la convicción de que el lehendakari va a hacer lo indecible para alcanzar otra vez el acuerdo presupuestario con el PP antes que con la izquierda independentista, para satisfacer los intereses de una determinada élite.

-¿Puede concretar la propuesta presupuestaria de EH Bildu? ¿Qué incremento supondría?

-Los economistas del partido están con las cifras, aunque el Consejo Vasco de Finanzas ha dejado claro que hay dinero. Falta conocer el techo de gasto del déficit del Estado. Haremos una propuesta absolutamente razonable.

-¿Qué es ser razonable?

-Nuestra propuesta pasa por que viudas y pensionistas tengan una pensión digna, porque la brecha salarial empiece a desaparecer y por políticas de empleo contra la precariedad y para incentivar el empleo juvenil.

-¿Los 1.080 euros de pensión mínima son innegociables?

-Dijimos que habría que hacerlo de forma escalonada, pero debe ser el objetivo en un plazo temporal razonable.

-¿Ofrecer solo dos abstenciones en la votación presupuestaria no es una frivolidad que resta credibilidad? Ha evocado a aquel 'tres sí tres no' del plan Ibarretxe.

-Voy a tratar de explicarlo: que un partido de gobierno y el primer partido de la oposición hagan un acuerdo presupuestario es algo absolutamente excepcional, que solo pasa en casos de grandes crisis, catástrofes naturales, guerras, etc... A ocho meses de las elecciones, la salida más fácil para EH Bildu sería dejar a este Gobierno sin Presupuestos, pero no estamos para buscar la comodidad sino para que la gente avance. Y repito que no son nuestros Presupuestos. Los nuestros serían diferentes.

-EH Bildu se ha apeado del rupturismo unilateral soberanista, quiere ser «razonable» en la negociación presupuestaria y hasta ha entrado en la Fundación Kutxa. ¿Son más posibilistas que nunca?

-Creo que no. La izquierda abertzale siempre ha estado comprometida con el país. El primer lehendakari de los tres territorios (Garaikoetxea) milita en EH Bildu. Yo cuando era dirigente de la izquierda abertzale sostuve gobiernos del PNV, pusimos lehendakaris y aprobamos Presupuestos (en la época de Lizarra). Ahora hay que tener en cuenta la relación de fuerzas existentes y hacer un ejercicio de realismo político para hacer camino, pero sin renunciar a los objetivos finales.

-ELA les está dando muchos palos.

-Nuestras decisiones hacen avanzar al país y es llamativo que en un contexto histórico como el actual del nuevo estatus, ELA no esté a la altura y juegue al ultraizquierdismo.

-El preacuerdo presupuestario PSOE-Podemos tiene carácter de izquierdas: ¿Debe EH Bildu apoyarlo en Madrid?

-Hay avances sociales, pero nosotros pedimos un salario mínimo de 1.200 euros por el diferente coste de la vida en nuestro país. Pero si queremos políticas sociales realmente progresistas, debemos hacerlas aquí.

-¿Y a Podemos y Pablo Iglesias, con el que tiene relación, cómo los ve?

-Es una formación con gravísimas disidencias. Hay muchos Podemos y ha rebajado el perfil de forma brutal. Nació hablando de la casta, del régimen y 'el asalto a los cielos', planteando el derecho de autodeterminación con nitidez. Y ahora ha llegado a la conclusión de que no va a ser la fuerza mayoritaria y que lo que queda es transitar por un acomodo político como aliado del PSOE. Errejón lo tiene claro mientras Pablo tiene más diferencias. Y han llegado al análisis que les hicimos: que no existe posibilidad real de cambio democrático en el Estado. Una alianza PSOE-Podemos puede ser más progresista pero no llega al umbral de democracia que necesita ese Estado.

-¿Debemos realmente sentir envidia de los catalanes?

-Lo que me da envidia, salvando las distancias, ya que no es cierto que queramos copiar miméticamente este proceso, es que han hecho un debate riguroso sobre su presente y cuál quiere ser su futuro.

-Sin embargo, cada vez hay más brecha entre los independentistas.

-Hasta cierto punto es lógica en procesos de aceleración histórica y tensión. Nosotros solo les sugerimos una cosa: unidad de acción y hoja de ruta en común. Al país no se le pueden ofrecer cinco vías, sino una.

-En verano usted se autodescartó como candidato a lehendakari y apuntó a Maddalen Iriarte.

-No me preocupa nada y estoy inhabilitado hasta 2021. Y aunque no lo estuviera, ya tenemos una gran candidata que es Maddalen Iriarte.

-Aunque antes ha aludido a ello, ¿qué le parece la sentencia del Tribunal de Cuentas español que exculpa a los dos cargos de EH Bildu que paralizaron el primer proyecto de incineradora en Gipuzkoa?

-Cuando ganamos las elecciones en Gipuzkoa todos se unieron contra nosotros. Si fuera quien ha mantenido estas posiciones, me iría a casa de inmediato. El Tribunal dice que Bildu ahorró dinero a los guipuzcoanos y que cualquier penalización sería para quien firmó aquellos swaps. Podríamos caer en el revanchismo, pero vamos a hacer que sea una oportunidad para hacer las cosas de otra manera en un problema que precisa una solución lo más democrática posible. Y a eso le vamos a dar algunas vueltas.

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