'El año de la plaga', una invasión de ultracuerpos para afrontar el desamor

El director Carlos Martín Ferrera, junto al cartel de su película./ARIZMENDI
El director Carlos Martín Ferrera, junto al cartel de su película. / ARIZMENDI

El director Carlos Martín Ferrera adapta la novela de Marc Pastor y potencia su vertiente de comedia y aventura

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

'El año de la plaga' casa perfectamente en la programación de la Semana de Terror. Es casi un homenaje (no digan 'remake', que al protagonista del filme no le gusta, en guiño metacinematográfico) a las distintas versiones de 'La invasión de los ladrones de cuerpos', y bien explícito. También hay plantas que parecen ser asesinas, sospechas de una invasión de zombis, miedos apocalípticos y alguna amputación leve. Así que no hay problema, 'El año de la plaga' está donde tiene que estar y además era la única representación posible con fuste del cine español fantástico del año, o al menos de esta temporada.

Pero en el fondo de su corazón, 'El año de la plaga' es una comedia romántica. O una ruptura de pareja muy realista y sentida atravesada por una invasión de ultracuerpos. Lo reconoce su director, Carlos Martín Ferrera, que a la hora de adaptar la novela del mismo título de Marc Pastor, decidió prescindir en buena parte de «los puntos oscuros del libro», y apoyarse en el humor y la ternura que despliegan esos treintañeros avanzados que no terminan de madurar y que cuando su chica les deja, entre otras cosas porque su grado de frikismo es serio e irresoluble, no saben cómo afrontar la situación. A Víctor, para colmo, se le vienen encima los alienígenas.

«La invasión hace que Víctor tenga que salir de su cascarón y enfrentarse a sus miedos. Él no pretende ser un héroe, pero se ve empujado a actuar como tal», explica el director tras certificar que, efectivamente, estamos ante una comedia romántica pero con muchos matices: «He intentado evitar la parodia, para empezar porque el libro no va por ahí. Y buscaba un tipo de comedia más sutil y elegante, y no histriónico, que es algo que me molesta mucho. Buscaba un estilo un poco británico, tipo 'Alta fidelidad'», revela Carlos Martín Ferrera, que también sitúa una secuencia en una tienda de discos, para certificar la obsesión del protagonista con la música y el cine de los 80.

La acumulación de guiños cinéfilos que contiene la película, «ya estaba en el libro, ahí era un homenaje tras otro a la cultura pop que nos ha marcado a la generación que ahora estamos en los 40 años. Me hubiera encantado poner más cosas aún, un cartel de 'Los goonies', por ejemplo, pero era demasiado caro». El presupuesto no era holgado, precisamente, «no podíamos invertir mucho en efectos y acción, y la película se rodó en solo cuatro semanas». Y al tratarse de una coproducción de Zentropa Spain con México, parte del rodaje se tenía que hacer en ese país, aunque en la película el escenario de ficción sigue siendo el mismo, Barcelona. «Respiro tranquilo cada vez que pregunto a alguien si se ha dado cuenta de cuál es la parte rodada en México, pero nadie lo nota».

Humor contenido

'El año de la plaga' es la ocasión para que el actor Iván Massagué tenga por fin un protagonista total en el cine. «Ha hecho mucho teatro, y cuando hace drama te hace llorar, pero siempre se le identifica con la comedia histriónica. Es un actor con unas posibilidades tremendas. Yo buscaba unas interpretaciones más contenidas, y lo ha bordado».

En la jornada de hoy, en el punto medio entre el impacto de la última película de Lars Von Trier, 'La casa de Jack', que se proyectó anoche, y la Noche de Halloween que se celebrará mañana, también destaca 'Muere, monstruo, muere', de Alejandro Fadel, terror argentino con una mujer decapitada y un esposo que es enviado a un psiquiátrico, que utiliza el paisaje de los Andes, una banda de motoristas de montaña y un monstruo, para elaborar su singular fórmula. Para completar la jornada, la estadounidense 'psiquiátrico', de Nicolas Pesce, adaptación de la novela de Ryu Murakami, en torno a un asesino al que se le tuerce el plan.

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