PSE, PNV y PP aprueban el presupuesto municipal en una sesión extraña

Un momento del Pleno municipal en el que se aprobaron las cuentas                                 para 2018. /  F. DE LA HERA
Un momento del Pleno municipal en el que se aprobaron las cuentas para 2018. / F. DE LA HERA

La coalición de Gobierno mostró también cierto grado de acuerdo con SPI y Bildu, aunque votaron en contra

IÑIGO MORONDO IRUN.

El Ayuntamiento aprobó ayer las cuentas para 2018, un presupuesto de 73.161.106 euros que se eleva hasta los 75.893.338 con las diversas sociedades participadas por el Consistorio: Bidasoa Activa, Recinto Ferial del Bidasoa, Irunvi, Blaia y Consorcio Transfronterizo. La aprobación la dieron Socialistas de Irun, EAJ-PNV y Grupo Popular, con Sí se Puede Irun y Euskal Herria Bildu en contra.

Pero, como tantas veces se dice en el mundo del deporte, el resultado es engañoso. Podría hacer pensar en dos frentes, pero quien presenciara el pleno no tendrá esa impresión. Ni en un lado hay esa sintonía que reflejó la votación ni la relación entre quienes votan diferente es tan distante. Hay algo de inferencia en estas valoraciones, pero están respaldadas por hechos y algunas intervenciones de los portavoces.

Para empezar, no hubo enmiendas a la totalidad y de las 56 parciales presentadas sobre la propuesta de un Gobierno en mayoría absoluta, sólo 9 fueron rechazadas, 6 de ellas del PP, que votaría luego a favor del dictamen y que, en algunas de estas propuestas no aprobadas por el Gobierno, tuvo apoyo de Bildu y SPI. Se aprobaron 22 enmiendas (con cuantías menores que las solicitadas en muchos casos, eso sí) y 25 fueron retiradas por los grupos proponentes a raíz de que el delegado de Hacienda, Miguel Ángel Páez, se comprometiera a atender petición por otra vía, a trasladarla a la institución competente o a incorporarla en futuras modificaciones de crédito. No hace tanto, a principios de este mismo mandato, la confianza en el Gobierno que Bildu y SPI mostraron ayer ni existía ni se esperaba.

La coalición de Gobierno de socialistas y jeltzales volvió a evidenciar ciertas disonancias

Ésta es, sin duda, una de las claves del Pleno de ayer. La otra ocurrió entre bambalinas y sólo ciertas acciones, gestos y palabras que afloraron durante la sesión dan alguna pista. Muriel Larrea, portavoz del PP, puso a los presentes en alerta cuando criticó, al poco del comienzo, que el Gobierno ha tenido «dos cabezas negociadoras» y que una de ellas habló con los otros grupos de la oposición, pero no con el suyo. «No ha habido interlocución directa», reconoció el portavoz jeltzale, Xabier Iridoy, «pero eso no quiere decir que no haya habido voluntad de negociar con su grupo. A través del delegado de Hacienda hemos llegado a acuerdos para aceptar algunas de sus enmiendas parciales», justificó.

Que algo raro había habido en el proceso de negociación se evidenció del todo cuando el portavoz de SPI, David Soto, habló de «negociaciones paralelas» en las que había obtenido un compromiso diferente del alcanzado con el delegado de Hacienda. Lo mismo el de Bildu, Jokin Melida, que dijo haber acordado con «el delegado de Urbanismo», Xabier Iridoy, una cuantía mayor que con Páez. Ambos se quejaron de que ese acuerdo no se pudiera respetar porque «dependía de detraer unas partidas del PP que se han detraído, pero luego se han incrementado otras», explicó Iridoy. «Cada cual evaluará lo que ha hecho estas últimas semanas», le respondió molesto Soto. Finalmente, «restando del presupuesto general de Obras» y sin ocultar su malestar por no haber sabido de ello, Páez aceptó las condiciones que SPI y Bildu habían convenido con Iridoy.

No es demasiado aventurar que estuviera relacionado con todo esto una parte de su intervención final en la que habló de «la importancia de las lealtades políticas» y afirmó que «no abundan y te puedes encontrar cosas incluso dentro de las propias casas».

Un año con varios retos

El debate presupuestario había comenzado con una intervención del propio delegado de Hacienda para resumir la propuesta del Gobierno.

Entre las inversiones previstas, citó como «apuestas claras en 2018» la puesta en marcha de la línea 4 del transporte urbano y la llegada del autobús eléctrico a la L-1 Zaisa-Hospital, además de «la apertura de la primera piscina municipal al aire libre» en lo que fueron las instalaciones del Tenis Txingudy. Refirió también dos compromisos para el año que llega. «Uno, con el comercio local», para junto a comerciantes, Federación Mercantil y Cámara de Comercio, «establecer una hoja de ruta que intente hacer frente a un futuro ahora incierto». El otro, «con la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático» desarrollando «una estrategia propia en torno a la iniciativa foral Klima 2015 para potenciar energías renovables, ecoindustrias y ecobarrios, avanzar en la movilidad sostenible y propiciar la economía circular».

Quiso hablar «sin triunfalismos» de la mejora en los datos de desempleo y en las medidas del año próximo para mantener esa línea, y buena parte de su internvención la dedicó a la parte social del presupuesto (VPO de alquiler, locales de mayores en barrios, ayudas, hogar del transeúnte...) y enumeró también acciones en cultura, euskera, seguridad... No olvidó reseñar que «desde 2009», el Ayuntamiento no pide créditos por lo que su deuda es cada vez menor y cerrará 2018 por debajo de los tres millones.

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