La memoria de 'Yoyes'

25 años después de su asesinato a manos de quienes fueron sus compañeros en ETA, el camino que tomó González Katarain para desmarcarse de la violencia recobra actualidad

MIGUEL VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.
María Dolores González Katarain, 'Yoyes'./
María Dolores González Katarain, 'Yoyes'.

«El tiempo me ha dado la razón». Esta frase, entresacada de una carta escrita por 'Yoyes' en 1984 desde su exilio en México, representa el proceso de reflexión que llevó a María Dolores González Katarain de dirigir ETA en los últimos años del franquismo a rechazar de tal forma su deriva violenta que terminó siendo víctima de sus propios compañeros. Hoy se cumplen 25 años desde que 'Yoyes' fue asesinada en las calles de Ordizia mientras paseaba con su hijo de tres años, pero muchas de sus reflexiones adquieren un marchamo de actualidad en un momento en el que el final de la violencia parece más cercano que nunca en Euskadi.

La decisión de matar a 'Yoyes', la primera mujer que había llegado a la cúpula de dirección de ETA, fue una de las más controvertidas de la historia de la organización y también una de las más contestadas entre quienes habían legitimado la lucha armada. El comunicado con el que ETA reivindicó el asesinato de 'Yoyes', que se produjo el 10 de septiembre de 1986, la acusaba de «colaboradora en los planes represivos del Estado opresor español y traidora del proceso de liberación que el pueblo trabajador vasco lleva a cabo». Sin embargo, el tiempo demostró que María Dolores González ni se había acogido a las medidas de reinserción del Estado ni había traicionado a sus antiguos compañeros, más allá de abandonar ETA en 1979 y de pedir que se respetase su decisión. De hecho, y sabedora de que su marcha podía no ser entendida en el «cerrado» mundo de la organización armada, hasta el día de su asesinato jamás hizo una declaración pública en contra de los que habían sido sus compañeros. Sus posicionamientos políticos no vieron la luz hasta un año después de su muerte, cuando familiares y amigos editaron sus escritos en el libro 'Yoyes, desde su ventana'.

La familia de la exmilitante ha mantenido desde entonces silencio público sobre su asesinato, que no ha querido romper en este 25 aniversario. Como cada año, se han limitado a colocar un pequeño memorial en la plaza de Ordizia donde fue abatida en el día grande de las Euskal Jaiak. La frase que lo encabeza dice: «Por atreverse a discrepar y por usar la libertad». No obstante, el legado de 'Yoyes' queda recogido en el diario que María Dolores escribió a partir de 1979 entre Francia, México y San Sebastián, donde se asentó en 1985, cuando tomó la arriesgada decisión de volver a su tierra tras más de diez años de exilio en virtud de la Ley de Amnistía de 1977, al no tener delitos pendientes. Un diario en el que, además de su evolución ética para posicionarse en contra de la violencia, 'Yoyes' expresa sus preocupaciones sociales, familiares o a favor de la mujer.

Justo un año antes de ser asesinada, 'Yoyes' resumía de esta forma su temor a que sus antiguos compañeros tomaran represalias contra ella: «Fui militante de ETA, dimití porque estaba cansada y en desacuerdo con la nueva línea que se perfilaba, hace de esto más de seis años; me fui, hice una vida alejada del mundo de la política, trabajando, estudiando, tuve un hijo. (.) ¡Tengo un hijo!, quiero vivir, ¡lo tuve porque quería vivir!». El destino quiso que su hijo estuviera presente cuando ETA decidió que no merecía vivir.

El precedente de 'Pertur'

Era 1986 y habían pasado diez años desde la desaparición de Eduardo Moreno Bergareche 'Pertur', dirigente de ETA-pm que había tenido una buena relación con 'Yoyes' en sus años de militancia y que fue uno de los primeros en mostrar sus discrepancias con la evolución de la organización armada tras la muerte de Franco. La versión más aceptada es que fue la propia ETA la que acabó con su vida. 'Pertur' y 'Yoyes' han quedado con el paso de los años como los dos grandes símbolos de la disensión en el seno de ETA, y ambos acabaron corriendo la misma suerte.

Lurdes Auzmendi, actual viceconsejera de Política Lingüística del Gobierno Vasco y compañera sentimental de 'Pertur' en el momento de su desaparición, también conocía a 'Yoyes'. «En mayo del 74 tuve que exiliarme a Francia y recuerdo que uno de los últimos contactos que tuve antes de cruzar la frontera fue ella, y esa relación se intensificó en el exilio, en la época de la escisión entre ETA-m y ETA-pm. Tras la desaparición de Eduardo no volví a verla porque se marchó a México, pero casi diez años después me la crucé un día por San Sebastián, después de su vuelta. La noté nerviosa y hablamos de quedar algún día para charlar. Poco después la asesinaron».

Para Auzmendi, la muerte de 'Yoyes' fue «la gota que colmó un vaso que, en mi caso, ya estaba muy repleto. Fue durísimo ver la crueldad con la que fueron capaces de matar a una persona que había sido su compañera, delante de su hijo, por el mero hecho de decidir que no quería seguir con la lucha armada. Lucha que con los años se convirtió en puro terrorismo». Recuerda que, en aquel momento, «mucha gente se negaba a creer que pudiera haber sido ETA, la defensora del pueblo, pero tras su reivindicación del asesinato a muchos se les cayó la venda de los ojos».

La viceconsejera del Gobierno Vasco señala que, «aunque algunos se lo pagaron como se lo pagaron, 'Yoyes' hizo un trabajo inmenso por la convivencia. Y, pese a su muerte, ese esfuerzo no fue baldío. El tiempo le está dando la razón, nos la ha dado a todos los que renunciamos a esa estela de muerte que sólo ha servido para traer dolor, porque todo lo que se ha ido consiguiendo para este pueblo se ha conseguido desde otros frentes». Para Auzmendi, el asesinato de ETA supuso «un punto de inflexión en la pérdida de legitimidad de ETA».

La muerte de 'Yoyes' provocó una gran conmoción en toda Euskadi, especialmente en Ordizia y en el Goierri. Al día siguiente de su asesinato, una huelga general paralizaba Ordizia. Incluso se creó una comisión de homenaje a María Dolores González, uno de cuyos portavoces fue Kepa Korta, que meses después se convirtió en alcalde de Ordizia por Euzkadiko Ezkerra (EE). Korta relata que este atentado «supuso un antes y un después para ETA, aunque entonces no imaginábamos que 25 años después aún seguiríamos sin resolver el problema. Está siendo un proceso demasiado largo, pero lo importante es que esta vez su final sea definitivo».

«Un antes y un después»

Korta destaca que «los procesos históricos tienden a repetirse y por eso, con el tiempo, vimos que algunos de quienes decidieron el asesinato de 'Yoyes' acabaron llegando a sus mismas conclusiones, e incluso sufrieron también el rechazo de sus excompañeros. Pero espero que aquella reflexión que llevó a 'Yoyes' a abandonar la violencia acabe calando en todos los que aún defienden esas vías».

El antropólogo Joseba Zulaika, en el epílogo de su libro 'Polvo de ETA', hace una afirmación que bien pudiera servir como cierre a este reportaje en el 25 aniversario del asesinato de María Dolores González: «Yoyes desafió la tiranía de ETA por fidelidad a su deber de ser libre y así guardó viva, para ella y para su generación, la misma llama antifascista que la obligó inicialmente a la rebelión política. Es la hora de Yoyes».

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