Ruta americana

Ruta americana

De 15 países del sur llegan mujeres que pasan la aduana aeroportuaria como turistas, sobre todo desde Paraguay, donde se captan a indígenas vulnerables, y Venezuela, que vive una crisis humanitaria

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

La joven paraguaya, que fue rescatada por las autoridades españolas de un club de carretera, tenía 19 años y su suegra, que vivía en España, le ofreció trabajo en hostelería. Ella aceptó vía Facebook. Viajó como turista y pasó la aduana con una reserva de un hotel de Bilbao y algo de dinero enviado por la red. El tráfico de mujeres desde América del Sur va en aumento desde 2014, y obedece al esquema básico de convertir a la víctima en una «sierva por deudas».

Los proxenetas financian el transporte vía aérea, viáticos y documentación. Llegan de 14 países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Estas últimas «vienen en avión como turistas, desde Caracas a Madrid, con escala en San Cristóbal y Cúcuta», sostiene Ana María Estévez, coordinadora de la Unidad Móvil de Rescate de Apramp. «Para pasar la aduana, las aleccionan sobre los monumentos que visitarán y les dan un viático que les quita inmediatamente el que la espera en el aeropuerto».

La joven paraguaya que logró escapar de sus captores, aterrizó en Bilbao y llegó a Cantabria por tierra. Ahí aceptó prostituirse por un par de días, confesó en el juicio que se celebró el año pasado. Tenía miedo, dijo, y además una difícil situación familiar y económica. Pero «no sabía que venía a eso». En dos días «no aguantó más» y contactó con su hermana, que avisó a la policía local.

Los proxenetas le reclamaron 2.400 euros de deuda en el juicio, pero les suelen cobrar hasta 6.000 euros, dice la Fiscalía. «Destaca por su gravedad la trata paraguaya», especifica la memoria de 2019. «Afecta especialmente a mujeres en situación de vulnerabilidad, en su gran mayoría guaraníes de familias muy pobres de la región de Caaguazú». En 2018 se identificaron 88 indígenas «incapaces de pedir auxilio a terceros» pues se arriesgan a ser «rechazadas y aisladas», traídas por once «grupos criminales, uno de ellos de naturaleza familiar».