Ciencia y empresa, un binomio tan necesario como mejorable

Un científico trabaja en uno de los laboratorios del CSIC /EFE
Un científico trabaja en uno de los laboratorios del CSIC / EFE

«Más recursos y menos discursos», fórmula del físico Pedro Miguel Echenique para el desarrollo científico en España

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

El binomio ciencia-empresa ha generado y generará enormes beneficios a las sociedades y a la humanidad. Pero el funcionamiento de esa necesaria unión en España es manifiestamente mejorable. Tenemos científicos brillantes, pero escasean los recursos públicos y no se facilita la labor de las empresas que apuestan por la ciencia. Así se evidenció en la primera de las tres jornadas del encuentro 'La ciencia y el sector empresarial', que bajo el amparo del CSIC, el Círculo de Empresarios y la Universidad Complutense reúne en la Residencia de Estudiantes a un notable grupo de científicos y emprendedores.

Se trata de promover un diálogo «primordial» entre 'batas y corbatas', entre investigadores y emprendedores, según señalaron el director de a Fundación General del CSIC, Álvaro Jiménez, y Antonio Hernando, de la Real Academia de Ciencias. Promotores ambos del encuentro, constatan «la falta de un entendimiento más profundo entre científicos y empresarios».

«La cultura del siglo XXI será científica y tecnológica y sólo los países que lo tengan claro progresarán», aseguró Pedro Miguel Echenique, físico, humanista, académico, presidente de IPC (Donostia International Physics Center) y primer ponente que disertó sobre la belleza de la ciencia que ligó a la cultura.

«La economía del siglo XXI y la cultura van a tener una altísima componente de ciencia y tecnología», plantea Echenique, para quien la ciencia es «la gran obra de arte colectiva de la humanidad». «Solo si las clases dirigentes lo entienden –políticas y empresariales– estaremos en una buena situación», planteó. «No vengo a decirles a los empresarios, que son muy listos, qué deben hacer, sino a escucharles y entenderles. No hay nada incompatible, y ambos mundos comparten muchas cosas, incluso conceptos de belleza», aseguró.

Semillas

«La ciencia necesita menos discursos y más recursos», resumió Echenique su planteamiento, reconociendo así que el dinero es «primordial», que con la crisis «se perdieron muchas cosas» y que con los jóvenes «se está cometiendo una injusticia social y un despilfarro económico». «Ninguna tribu se come las semillas en tiempos de crisis o hambruna y nuestras semillas son, en parte, la ciencia y la tecnología», dijo. «Construir algo en ciencia, como se hizo durante años, requiere mucho esfuerzo, talento, relaciones y muchas visiones. Destruir es más fácil, y es muy peligroso que cuando hay crisis destruyamos, reduzcamos y limitemos este edificio de ideas, instituciones y tecnología que hemos construido», lamentó.

Javier García Cogorro, del fondo biotecnológico Columbus que invierte en empresas científicas, dibujó un panorama desalentador. «En España hay una ciencia excelente, pero algo falla, ya que ciencia y empresa no se funden para estar al nivel internacional», dijo. «España no ha sabido crear condiciones favorables para que las empresas apoyen con decisión a la ciencia. No hay ventajas fiscales en comparación con Europa y el sector público baja sus inversiones», enumeró.

«No podemos sacar pecho; tenemos buena ciencia pero los otros países la llevan mejor al mercado», apuntó. Cree que los planes sector público «son ambiciosos», pero que «su ejecución es horrible». «Si la inversión es difícil, no se dan las bases para que la ciencia enganche con la empresa», aseguró. «El CSIC el CNIO y la universidad hacen una ciencia espectacular pero carecen de los recursos para que eso sea un desarrollo científico válido», señaló.

«Tenemos buena ciencia, pero no se funde con la empresa y no podemos sacar pecho», lamenta el empresario Javier García

«No le puedo decir al inversor que venga a España. No tiene retornos», lamenta García. «No es tan fácil hacer una empresa científica en España como en Boston. Aquí y se pierden en el desierto y no hay empresas de I+D competitivas», aseguró. «El problema no son los centros de investigación, que son buenos; el gran problema es de gestión y de falta el respaldo institucional para crear un tejido empresarial parecido a lo que se hace por el mundo, y por eso nos faltan componentes para incentivar la investigación» concluyó.

Estragos presupuestarios

María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), disertó sobre el envejecimiento celular. Se siente afortunada, pero sabe que no todos los centros disfrutan de los mismos fondos. Le duele que con la crisis la tijera «hiciera estragos en los recursos públicos para la investigación». «Por el CNIO se han interesado muchas farmacéuticas extranjeras, pero ninguna española ha llamando a nuestra puerta», destacó.

«El CNIO es visible internacionalmente, la investigación que publicamos es de interés y por eso vienen empresas internacionales a ayudarnos a desarrollar las dianas que encontramos», se ufana. «Nos han ayudado a sobrevivir en estos años de menos dinero público las aportaciones de las farmacéuticas para seguir investigando, pero la pena es que sean todas extranjeras», insiste.

Blasco es «muy optimista» y espera más financiación pública, «porque lo ocurrido en estos años ha sido descorazonador». «En el CNIO nos buscamos las castañas, pero fue una debacle. Los mejores centros, y hay muchos, han sobrevivido con financiación privada y Europea, pero otros que no tuvieron esa posibilidad desaparecieron», lamenta la prestigiosa científica.

Mira Blasco con envidia a la vecina Portugal, donde está el INL (Iberian Nanotechnology Laboratory con sede en Braga) «que es español, portugués internacional y tuvo financiación en los peores momentos de la crisis». «Portugal estuvo intervenido por la troika, pero no se tocó el dinero para investigación; no se bajó la aportación a investigación, mientras que aquí, durante la crisis económica, fue lo primero que se recortó. Eso lo dice todo», concluye.