No hay escenario pequeño

Tres integrantes de Tosta Banda, la ONU del folk europeo. /Sara Santos
Tres integrantes de Tosta Banda, la ONU del folk europeo. / Sara Santos

Juan Luis Etxeberria
JUAN LUIS ETXEBERRIA

Más allá de los tablados más populares, los situados en la explanada de Sagües y los de la programación paralela de Piratak, la Semana Grande donostiarra guarda muchas perlas sonoras en ostras más coquetas. Por nombrar algunos emplazamientos empezaremos por las verbenas 'camp' que se celebran en la Plaza Easo. Pases nocturnos protagonizados por esos mayores que se menean más y mejor que nosotros en cuestiones danzarinas.

En la Plaza Cataluña se dan cita los sonidos del mundo mientras que en el kiosko de Boulevard el programa presenta bandas de música de localidades cercanas a la tarde y combos más plurales y vigorosos en el turno nocturno. La disco-festa de Zurriola atrapa a la chavalería adicta a la radiofórmula moderna (Youtube). Y la Plaza de la Constitución programa actividades folk.

Una 'consti' que ha tenido jotas y danzas vascas como núcleo de su lista hasta la llegada el pasado miércoles del grupo Tosta Banda, la ONU del folk europeo. Les cuento: En el año 2016 el dúo Oreka TX decidió agrupar bajo ese nombre a todas las músicas tradicionales cercanas, aquellas cantadas en las 'lenguas minorizadas' como ayer explicaron en un momento de su pase, y buscar puntos de unión para entre todos formar un nuevo conjunto. A la idea se sumaron gentes de Galicia, Suiza, Euskadi, Gales, Escocia e Irlanda. Cada uno con su idioma particular, como bien pudimos escuchar en un concierto que quiso dar presencia y relevancia a todas.

Como quiso la banda dar voz a la lucha contra los ataques sexistas. Justo antes del comienzo del acto los músicos portaron una pancarta escrita en distintos idiomas con frases alrededor de este tema. Aunque para voces, y nos metemos en harina musiquera, la de la gallega Mónica De Nut. Ya en la primera canción 'Por Que Non Hei de Cantare' esta versión atlántica de Maria Arnal nos llegó al oído interno con una vibración alta tan emocionante como espectacular.

Mezcla de sonidos

Luego cada uno tiró para su barrio, dejando que el resto de socios completaran el espacio con un enfoque diverso, ensoñador y reconfortante. Bajo una escenografía de corte marinero al galés Gwilym Bowen Rhys le brotó el folk cercano a Irlanda en sus rasgados protagonistas. La suiza Marit Talens insufló energía rock y soul a sus momentos frente al micrófono. La vasca Ixi Jauregi aportó dulzura territorial al conjunto. La violinista escocesa Rona Wilkie capitaneó una estupenda versión de 'Tha Mile Long Air Cuan Eirinn'. La ya mencionada De Nut ofreció un potente y sentido 'alalá' mientras el resto le acompañaba haciendo girar sus bramaderas.

El lado local estuvo muy bien representado. Desde el 'Binangobarri' del grupo Bidaia (Mixel Ducau es uno de los integrantes de Tosta) hasta la aparición de dos bailarines de la compañía Kukai pasando por piezas en las que la percusión era la protagonista y fiestas como la del corte 'Tosta' que da nombre a la formación. Y acabaron con el 'Txoria txori' en una interpretación populosa, multilingüe y casi jubilosa.

Entre unas y otras tonadas de esta bancada (traducción de Tosta al castellano) hubo momentos jazz, txalapartas que sonaban como vibráfonos, pasajes calmados, 'aurreskus', estancias pop, viajes brumosos, extractos dignos de Mayumaná, bonitas marejadillas a capela...

Por si la mezcla de sonidos tradicionales fuera poca deberíamos añadir, por justicia, un par de fuentes más. La primera de ellas proveniente de los clientes de las terrazas hosteleras de la zona. Sus charlas de ocio nocturno no le sentaron del todo bien a un proyecto tan sedoso y sutil como este. El segundo foco llegó de una manifestación con silbatos y tambores que cruzó la plaza en una de las últimas canciones. Fue curiosa esta última mixtura. El concierto fue tan heterogéneo que los paseantes casi consiguieron añadir un 'remix' a la melodía principal.