Sánchez aspira a formar un Gobierno socialista y deja en el aire la convocatoria de elecciones

El líder del PSOE, Pedro Sánchez./Efe
El líder del PSOE, Pedro Sánchez. / Efe

El líder del PSOE aceptará el apoyo de los secesionista a su moción pero les avisa de que hará cumplir la Constitución

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Pedro Sánchez no pondrá 'peros' a ningún apoyo para ser presidente del Gobierno. El secretario general del PSOE ha admitido que no rechazará los votos de las fuerzas independentistas para ganar la moción de censura que ha presentado esta misma mañana contra Mariano Rajoy, pero también ha lanzado un mensaje a los secesionistas. «Esta es una moción para garantizar un Gobierno que cumple y hace cumplir la Constitución», ha dicho.

El líder de la oposición, que ha comparecido en la sede de su partido después de una reunión extraordinaria de la ejecutiva, ha defendido que, después de la primera sentencia del caso Gürtel que condena al extesorero del PP a 33 años de prisión y multa a la formación conservadora como partícipe de la trama a título lucrativo, es su «responsabilidad» y la de todas las fuerzas democráticas dar una respuesta que permita «recuperar la dignidad» de las instituciones.

Sánchez ha asegurado que le habría gustado no tener que dar este paso y que sí lo hace es solo porque el presidente del Gobierno se ha limitado a «no hacer nada y mirar para otro lado» ante el escándalo de la financiación irregular del PP. De hecho, ha afirmado que su objetivo, cuando fue reelegido secretario general del PSOE hace un año, era «ejercer como oposición de Estado». Ahora, pretende gobernar.

El responsable socialista ha rechazado no en vano la idea de Ciudadanos de una moción instrumental para convocar elecciones. «Quiero recordar que las mociones de censura están tasadas en la Constitución y son constructivas, para dar un Gobierno al país», ha apuntado. Así, ha asegurado que, de ganar, convocará elecciones pero no de manera inmediata. «Antes hay que recuperar la estabilidad, la normalidad, limpiar de corrupción las instituciones y atender las urgencias sociales», ha defendido en una rueda de prensa con sólo dos preguntas.

Los socialistas han convocado un comité federal este lunes para ratificar formalmente la decisión de presentar la moción pero la dirección del partido asegura que el apoyo interno es unánime.

Esta misma mañana Sánchez registraba su moción de censura contra Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados. Lo ha hecho antes de lo previsto, sin esperar siquiera a la deliberación de la ejecutiva del PSOE que él mismo había convocado de manera extraordinaria.

El secretario general de los socialistas se refugió ayer en la sede de su partido, en la madrileña calle Ferraz, para tomar una decisión. Se reunió con su núcleo duro -a excepción del secretario de Organización, José Luis Ábalos, que se encontraba fuera de Madrid- y se puso al teléfono con varios líderes territoriales. Por la noche, algunos de ellos, sus más afines -la navarra María Chivite, el gallego Gonzalo Caballero o la presidenta balear Francina Armengol-, ya anticiparon su posición favorable a una moción que, admiten en el partido, entraña riesgos.

La encargada de registrar físicamente la iniciativa, con la que el PSOE aspira a presionar fundamentalmente a Ciudadanos, ha sido la portavoz en la Cámara baja, Margarita Robles. Ahora, la ejecutiva sigue en marcha aunque no tenga ya nada que decidir.

Apoyo indeseado

Sánchez llevaba casi un año, desde que fue elegido secretario general del PSOE por segunda vez, sometido a la presión de Podemos para intentar tumbar con su ayuda al Gobierno. De hecho, al poco de llegar al cargo, el que es hoy su secretario de Organización, José Luis Ábalos, ya tuvo que defender ante el pleno del Congreso su negativa a respaldar la moción que presentó Iglesias. Pero entonces lo tuvo fácil. Rajoy contaba con el sostén de Ciudadanos y la abstención del PNV. Era imposible que la iniciativa triunfara incluso con su apoyo y, además, darlo le hacía subsidiario de la tercera fuerza de la Cámara y su rival en la izquierda.

A lo largo de los últimos meses, han sido varias las veces que los socialistas han rechazado que fuera momento para una iniciativa de esa naturaleza encabezada por Pedro Sánchez. Una de las últimas ocasiones en las que el principal partido de la oposición ahogó las expectativas de una moción se produjo este enero, cuando trascendió que, en el verano de 2017, Esquerra trató de persuadirle para echar juntos a Rajoy antes del 1 de octubre. «Estos no pueden ser aliados nuestros en ningún caso -dijo entonces Ábalos-. Ni confirmamos, ni descartamos la moción de censura esta legislatura, pero, de hacerlo, lo haremos con nuestros propios planteamientos».

Ese volvía a ser ahora el dilema. Sánchez sólo puede triunfar si Ciudadanos y Podemos se prestan a darle apoyo. De otro modo, el PSOE tendría que hacer descansar la gobernabilidad del país en el partido de Iglesias y los independentistas. Y el propio líder socialista, que en los últimos días ha elevado el tono contra el secesionismo, ya ha dejado claro en sus conversaciones con dirigentes del partido que en ningún caso aceptaría ese escenario.

La idea ahora es trasladar la presión sobre Albert Rivera, como se hizo en Madrid con el escándalo protagonizado por Cristina Cifuentes, y apelar a su apoyo para dar credibilidad a su discurso regenerador.

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