Enoturismo en un hotel de autor

Enoturismo en un hotel de autor

Aunque es difícil concentrarse en un solo punto del hotel Eguren Ugarte, pues las viñas acaparan toda nuestra atención, conviene observarlo todo desde una perspectiva diferente

Dicen quienes conocen bien esta finca que se transforma cada vez que se visita. Que siempre encontraremos algún elemento nuevo si sabemos dónde mirar. Y aunque es difícil concentrarse en un solo punto, pues las viñas acaparan toda nuestra atención, conviene observarlo todo desde una perspectiva diferente. Será entonces cuando nos contagiemos de verdad de la pasión por el vino de una familia de bodegueros que saben cómo transmitir esa entrega y entusiasmo por la vinicultura.

Por todo el hotel Eguren Ugarte está presente el vino: vides, sarmientos, barricas y uvas se cruzan a cada paso en forma de fotografías, dibujos, oloresNo es de extrañar, ya que el proceso de elaboración completo de sus vinos se realiza aquí mismo, procedente de las 130 hectáreas de viñedo que la Familia Eguren tiene. De ellas, 33 hectáreas están frente al edificio principal. Una construcción que no solamente alberga el hotel, sino que está integrada también la sala de barricas, visible desde los pasillos gracias a una pared de cristal. Esta peculiaridad acentúa la sensación de formar parte del proceso de producción de los caldos mientras dura nuestra vivencia, convirtiéndola en una auténtica estancia enoturística.

Pese a que estas bodegas llevan en Laguardia desde 1990, no fue hasta el 2010 cuando las puertas del hotel abrieron al público. Y es a partir de ese momento cuando comienza una renovación constante de servicios y actividades. Por ello es imposible cansarse de visitarlas, porque siempre encontraremos algo nuevo por hacer, por descubrir y por aprender del mundo del vino.

El hotel cuenta con 15 habitaciones dobles, cuatro deluxe y dos suites con amplia terraza y situadas en el último piso, con unas vistas privilegiadas de los viñedos. Cada elemento incluido en el proyecto, obra del arquitecto Koldo Eguren, hijo del fundador de la bodega, sorprende por ese aporte tan familiar en cada rincón que hará que nos sintamos más que un simple huésped. La calidez de la madera y los tonos empleados en la decoración aumentan esa sensación de confort. Y como además de elaborar excelentes caldos Eguren Ugarte también produce dos variedades de aceite, las amenities son al aceite de oliva. Un ejemplo más del mimo hacia el detalle.

Nuestra visita no estaría completa sin una experiencia gastronómica. Dentro del hotel encontramos dos restaurantes: el primero, de autor, con una cocina de producto y recetas riojanas adaptadas y con un toque de innovación. De esta forma, nos sorprende por ejemplo que las patatas a la riojana puedan texturizarse y convertirse en espuma, al igual que acompañar un sabroso solomillo con también espuma de queso Idiazábal. El broche perfecto, como no podía ser de otra forma, lo pone un sorbete de vino tinto.

Un restaurante más tradicional y magnífico para comer tras un paseo por los viñedos, el Martín Cendoya, ofrece un menú fijo con lo más representativo de la cocina de la comarca de la Rioja Alavesa. Un completo abanico de platos en el que los vinos Eguren Ugarte armonizan a la perfección con todos los productos utilizados. Morcillas y champiñones de temporada son el anticipo perfecto a las patatas a la riojana y pochas servidas en marmitas de barro que vienen a continuación. Pero no acaba aquí nuestra degustación, ya que el plato estrella de este menú es el que inunda con su aroma el comedor: chuletillas de cordero a las brasas. Hechas al sarmiento, por supuesto, que aportan ese sabor tan característico y sirven para que no olvidemos ni por un segundo que estamos en unos viñedos.

Fuente: Guía Repsol

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