SOS por el pino

JUAN CARLOS BERRAONDO PRESIDENTE DE GIPUZKOAKO BASO ELKARTEA

Como presidente de GEBE que cuenta entre sus socios con un alto porcentaje de los propietarios de pinares afectados por las actuales enfermedades, me veo obligado a escribir estas líneas. En primer lugar, decir que los forestales gestionamos seres vivos y por tanto susceptibles de enfermar. El movimiento de las personas y mercancías pueden estar en el origen de estas pandemias sobre el arbolado.

El pino insignis fue introducido en Euskadi hace más de 100 años y representa un 33% de la superficie forestal del País Vasco y más del 85% de las cortas de madera que es el producto estrella de la llamada economía circular. El pino insignis es el principal responsable de un sector forestal pujante que genera 13.000 puestos de trabajo directos y 7.000 puestos indirectos con una facturación superior a los mil millones de euros al año y más de 300 millones de euros en beneficios ambientales como son la captura de CO2, evitación de erosión, regulación del régimen hidrológico de las aguas, etc. Esta especie tan importante está enferma como consecuencia de la acción de varios hongos que si bien existían y así fueron citados en una publicación de 1942 consecuencia, parece ser, de un cambio en su variabilidad genética han adquirido una virulencia inesperada.

Ante esta situación partidos, asociaciones, opinadores de todo pelo, optan por justificar la situación creada por la falta de una política forestal. Dan por amortizada esta especie forestal que sí reconocen ahora, además de ser económicamente viable, genera una importante biodiversidad.

Hemos podido leer, oír, la necesidad de aprender de los errores y yo me pregunto dónde está el error cuando en solo 100 años pasamos de una superficie cubierta de árboles del 15 al 60%, cuando tenemos un sector que genera empleo, economía y beneficios ambientales ocupando un 33% de la superficie forestal. A esta situación algunos lo denominan monocultivo. Hay quien está preocupado por la especie o especies que sustituirán al Pino insignis allí donde la enfermedad no deja otra opción. Cuando la especie elegida no les gusta, advierten de las enfermedades que les pueden afectar pero si son de su agrado, que por lo general coinciden con especies autóctonas poco productivas, obvian esas afecciones (oidio, tinta, grafiosis, chancro.....). Hay otros opinadores que abogan por la regeneración natural a sabiendas de que los espacios regenerados de forma natural mayoritariamente son espacios abandonados, no gestionados y que como dicen los expertos: los bosques no gestionados los gestiona el fuego. Los propietarios forestales de Gipuzkoa debemos abordar el problema desde un punto de vista positivista. Tenemos por delante dos retos: salvar la actividad forestal y buscar la pervivencia del pino insignis y de todas las especies arboladas.

Para lo primero, trabajamos de la mano de la Dirección de Montes de la Diputación. Los últimos decretos incluyen partidas específicas para compensar las pérdidas derivadas de la tala de masas afectadas por estas enfermedades con la condición de realizar una posterior repoblación. La superficie es amplia y las repercusiones socioeconómicas y medioambientales graves, por lo que queremos trasladar esta situación al conjunto de la Diputación. De cara a la salvaguarda del pino insignis, ante este tipo de enfermedades, hay ejemplos de éxito: Nueva Zelanda.

Es necesario buscar en las masas afectadas individuos que ante el ataque de estos hongos permanecen verdes. Tras su identificación, la idea es reproducirlos vegetativamente con técnicas pioneras de las que Neiker es un referente como es el caso de la embriogénesis somática. Otra línea de investigación es buscar endófitos que no son otra cosa que la búsqueda de organismos (hongos, bacterias.....) que inoculados en las plantas de pino insignis le confieren mejorar la resistencia.

Dado que los procesos anteriores no son cortos en el tiempo, debemos preservar en un estado favorable las masas verdes existentes o con un ataque moderado y eso se puede conseguir mediante la aplicación de sales de cobre que prevengan a estas masas de la infección de los hongos limítrofes. Este tipo de tratamientos son habituales en los cultivos agrícolas (tomate, patata, uva, ...) y en el futuro es de esperar que ocasionalmente sean necesarias para preservar las masas arboladas, pues las enfermedades sobre el arbolado se extienden a todas las especies en nuestros montes, cada vez más virulentas. Prueba de ello lo tenemos con las especies que durante siglos han poblado nuestros montes pero han sucumbido ante las patologías, como el castaño y el olmo. Desde Europa nos alertan de otra enfermedad letal sobre los fresnos que probablemente acabe llegando a Euskadi. Si bien hoy le ha tocado al pino, no hay especies libres de patologías y plagas. Debemos estar preparados para proteger a todas ellas. Tenemos que afrontar tiempos difíciles pero merece la pena mantener sana nuestra masa arbolada y la actividad forestal como base de la bioeconomía.