«Pensé que iba a matarme y echar luego el cuerpo en una esquina»

«Pensé que iba a matarme y echar luego el cuerpo en una esquina»

Una mujer relata en la Audiencia que fue víctima de una violación en Lezo, por la que la Fiscalía pide 8 años para el investigado

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

La Fiscalía de Gipuzkoa solicitó ayer ocho años de prisión para un varón de origen magrebí acusado de violar a una mujer en el alto de Gaintxurizketa. El ministerio público reclamó, además de la pena privativa de libertad, el pago de una indemnización de 10.000 euros. En el proceso está también personada la víctima, cuya representación legal demandó una condena de 9 años y 30.000 euros por el daño moral causado. La defensa del encausado pidió la absolución, al considerar que fue una relación consentida por ambas partes.

Los hechos se iniciaron la noche del 4 de septiembre de 2016 en un bar de Errenteria. Según la víctima, aquel día, tras despedirse de dos amigas, accedió al establecimiento hostelero, donde el acusado y ella entablaron una conversación. «No le conocía de antes», dijo. La mujer explicó que en un momento determinado se dirigió al servicio y que cuando salía del mismo el investigado «intentó meterse conmigo al váter de las mujeres. Le dije: '¿Qué haces?', y al salir recibí un golpe en el hombro. Al final, me pidió perdón. Creí en él y no tuve muy en cuenta que intentara entrar en el servicio. Luego estuvimos hablando, y no pasó nada más».

En el transcurso de la noche, según la versión acusatoria, la mujer preguntó por «un amigo y me dijeron que estaba Irun y él se ofreció a llevarme hasta allí. Al final, accedí y salimos del bar juntos».

El acusado niega los hechos y afirma que la relación con la mujer fue consentida por ambos

La víctima explicó que ya dentro del turismo, el investigado le dio «una tarjeta y una bolsa de cocaína». En su relato, detalló que, de camino a Irun , el acusado se desvió a la zona de estacionamiento existente en Gaintxurizketa, ante el bar La Seta, donde detuvo el coche y señaló que una vez allí la actitud del acusado cambió de «forma radical».

Manifestó que se asustó «cuando vi que estaba aparcando. Mi reacción fue echar mano a la puerta y salir, pero no me dejó». La mujer explicó al tribunal que a partir de aquel instante el acusado le dirigió comentarios de índole sexista a la vez que se tocaba sus partes y «cogía mi mano para que le hiciera lo mismo».

La denunciante señaló que, seguidamente, el acusado abatió el asiento de copiloto, se puso encima suyo y comenzó a darle besos en el cuello. Dijo que posteriormente le despojó de la ropa interior, le subió el vestido y mantuvo una relación sexual plena en contra de su voluntad. «Yo le repetía: 'No por favor, no por favor'. Pero él seguía. No hacía caso».

«Terminar cuanto antes»

La mujer manifestó que en aquellos momentos pasé miedo. «Lo que intenté fue mantener la calma, no alterarle y que terminase cuanto antes. Me quedé quieta y solo le decía que por favor no lo hiciera. No tenía fuerza para moverle y quitármelo de encima», manifestó la víctima que a preguntas de la fiscal reconoció que durante el episodio no hacía otra cosa que llorar.

Tras consumar la presunta agresión sexual, el acusado puso rumbo hacia Irun. «Aquello me puso todavía más nerviosa. Me percaté de que iba a Francia. Pensé que me iba a matar y dejarme en una esquina».

La mujer dijo que en aquella situación cogió el móvil y de manera disimulada llamó al 112. Manifestó que dejó el aparato «en abierto» y comenzó a lanzar mensajes. «No sabía qué decir ni cómo actuar para que él no se diera cuenta. Dije que por qué me había forzado si yo no quería. Me decía que no había sucedido nada. Recuerdo que luego hablé con la chica de emergencias. Me comentó que simulara que era una amiga. Pero empezó a sospechar. Cogió el, teléfono y habló con la operadora. Al ver que era de SOS-Deiak, lanzó el aparato. Se puso nervioso y volvimos a Errenteria».

La víctima sostuvo que al llegar a una rotonda se dispuso a abandonar el coche. «Me bajé en plena marcha», dijo antes de añadir que fue asistida por unos policías que para entonces habían sido alertados por el centro de coordinación.

La mujer manifestó que tras lo sucedido ingresó en el psiquiátrico, donde permaneció unos días. Explicó que abandonó el centro a petición propia dada la presencia de varias personas de origen magrebí que le recordaban al acusado.

Niega los hechos

A preguntas de la defensa, la mujer reconoció haber interpuesto en años anteriores otras dos denuncias por delitos contra la libertad sexual que fueron archivados.

El acusado, por su parte, negó los hechos. Dijo que en el bar de Errenteria permanecieron juntos unas dos horas y que tras salir se dirigieron primero a un bar próximo a unas piscinas y más tarde, de camino a Irun, a la zona de La Seta. Explicó que en este último lugar mantuvieron una relación sexual consentida. Rechazó que hubiese forzado a la mujer. Asimismo, manifestó que durante toda noche las manifestaciones de cariño entre ambos fueron constantes. En este sentido, un policía dijo haberles visto cogidos de la mano tras salir del bar.