Putin abre los brazos a Kim y empieza ya a castigar a Zelenski

Kim Jong-un en Rusia. /Reuters
Kim Jong-un en Rusia. / Reuters

El jefe del Kremlin cruza el país para reunirse este jueves con el líder norcoreano tras anunciar que agiliza la concesión de la nacionalidad rusa a los sublevados de Ucrania

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú (Rusia)

 El máximo dirigente norcoreano, Kim Jong-un, llegó este miércoles a Vladivostok, en el extremo oriente ruso, en donde este jueves será recibido por el jefe del Kremlin, Vladímir Putin, en el primer encuentro entre ambos jefes de Estado. Kim fue objeto de todo tipo agasajos por parte de las autoridades locales mientras Putin recorría el inmenso país haciendo escalas y celebrando reuniones para intentar dejar claro que no cruza Rusia y gasta horas y horas de vuelo sólo para entrevistarse con Kim.

El líder norcoreano llegó por la mañana a bordo de su tren blindado a Jasán, tras atravesar la frontera entre Rusia y Corea del Norte, y fue recibido con flores por el gobernador de la región de Primorie, Oleg Kozhemiako. Kim concedió una entrevista al canal de televisión público Rossiya-1, algo extraordinario ya que no suele hacer declaraciones a la prensa. «Espero que esta visita sea exitosa y útil y que durante las conversaciones con el presidente Vladímir Putin pueda abordar los temas vinculados a la solución de los problemas en la península coreana y el desarrollo de nuestras relaciones», señaló.

El tren siguió después trayecto hacia Vladivostok. Tras un laborioso ajuste de los maquinistas rusos para conseguir que la puerta del vagón principal coincidiera con la alfombra roja y la colocación de una pequeña rampa, Kim hizo acto de presencia y salió al exterior de la estación rodeado de un enjambre de miembros de su séquito. En la calle le esperaba una unidad de la Guardia de Honor del Kremlin que le rindió homenaje y desfiló ante él después de que la banda de música tocase los himnos de los dos países.

Avanzar sin sanciones

El líder norcoreano montó después en su limusina, trasladada especialmente a Rusia para la visita, y se dirigió a su hotel con una docena de guardaespaldas acompañando el vehículo a la carrera por ambos lados. Los residentes de Vladivostok aparentaron poco interés por el invitado. También quizá el enorme secretismo que está rodeando la cita hizo que muchos habitantes de la ciudad ni siquiera estuvieran al corriente.

La cumbre de Vladivostok, según el asesor de Exteriores del Kremlin, Yuri Ushakov, se va a centrar en tres cuestiones fundamentales: la desnuclearización de la península coreana, las formas de conseguir el levantamiento de las sanciones a Corea del Norte y el relanzamiento de las relaciones bilaterales entre Moscú y Pyongyang. Según Ushakov, se observa «cierta estabilización» de la situación en la península gracias a las reuniones entre las dos Coreas y a las cumbres entre Kim y el presidente de EE UU, Donald Trump, esfuerzos que Rusia considera muy positivos. Pero el asesor presidencial estima que hay que seguir avanzando con «medios políticos y diplomáticos», no sanciones ni el uso de la fuerza.

Putin recibe con los brazos abiertos a su homólogo norcoreano mientras al recién elegido presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, le propina ya el primer golpe duro después de no felicitarle por su victoria. Antes de partir hacia Vladivostok desde San Petersburgo, el jefe del Kremlin firmó un decreto para simplificar la concesión de la nacionalidad rusa a los habitantes de las regiones sublevadas del este de Ucrania.

Desde la antigua ciudad imperial rusa, Putin dijo que la medida tiene «carácter humanitario». Kiev puso el grito en el cielo y solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU mientras Zelenski emitía un comunicado afirmando que, con tal actitud, «Rusia ha reconocido su responsabilidad como Estado ocupante».