Cinco años de 'guerra fría' por la anexión de Crimea

Los 'Lobos de la noche' de Putin celebran el aniversario./REUTERS
Los 'Lobos de la noche' de Putin celebran el aniversario. / REUTERS

La incorporación a Rusia de la península ucraniana en 2014 ya ha provocado más de 10.000 muertos

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal. Moscú

Este domingo se cumplen cinco años del día que Rusia oficializó la anexión de Crimea mediante la firma de la correspondiente acta por parte del presidente, Vladímir Putin, y los líderes prorrusos de la península que promovieron la rebelión contra Kiev. Aquella decisión del 18 de marzo de 2014 alteró el curso de la política internacional y abrió un frente de confrontación entre Moscú y Occidente que se parece cada vez más a la Guerra Fría que tuvo a la Unión Soviética y a la OTAN como adversarios.

Los sucesos ocurridos en Crimea en febrero-marzo de 2014 dieron paso en abril a otro levantamiento armado separatista en las regiones del este de Ucrania auspiciado por el Kremlin, a una guerra que ha causado ya más de 10.000 muertos, al derribo por un misil ruso, según los investigadores holandeses, del Boeing 777 de la compañía Malaysia Airlines, el 17 de julio de 2014, en el que murieron las 298 personas que viajaban a bordo, a un aluvión de sanciones contra Rusia y a las adoptadas por Moscú como respuesta. Ahora, el planeta contempla el desmoronamiento de los tratados de desarme que posibilitaron la distensión en los años 80 del siglo pasado.

LAS CLAVES

Adiós a la distensión.
El mundo contempla cómo se derrumban los tratados de desarme suscritos en los años 80 del siglo XX
Aplastante mayoría prorrusa.
Bruselas, Washington y Kiev niegan que el referéndum tuviera garantías democráticas

Las autoridades rusas han reiterado en múltiples ocasiones que Crimea es ya territorio ruso y nunca más volverá a formar parte de Ucrania. «El asunto está cerrado», les gusta repetir a Putin y a su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, cuando alguien plantea una posible solución de compromiso con Kiev que pueda conducir a una normalización de relaciones y al levantamiento de sanciones. Tampoco se ve en el horizonte que vaya a desaparecer el conflicto en las regiones ucranianas sublevadas de Donetsk y Lugansk.

Pero son cuestiones que pesan sobre al orden internacional y la paz. Putin está respondiendo a los reproches y sanciones de Occidente con un rearme sin precedentes y una virulencia inusitada en sus métodos de injerencia en procesos electorales e intentos de desestabilización de la situación en Estados Unidos y los países de la Unión Europea.

Los precios del gas

El actual jefe del Kremlin nunca antes de marzo de 2014 había formulado pretensión territorial alguna con respecto a Crimea, pese a las desavenencias con Kiev en la delimitación de la frontera marítima en el estrecho de Kerch. Por otro lado, aunque Putin soportó a duras penas la Revolución Naranja, que tuvo también la céntrica plaza de la Independencia de Kiev (Maidán) como escenario en 2004, no intervino más allá de declaraciones y de mover algún peón.

En la segunda vuelta de la elecciones presidenciales ucranianas de 2010, el 7 de febrero, Víctor Yanukóvich arrebató la victoria por escaso margen a la 'dama naranja', Julia Timoshenko. Él obtuvo el 48,95% de los votos mientras ella se quedó en el 45,47%. La elección fraudulenta de Yanukóvich en 2004, que fue el detonante de la Revolución Naranja, llevó a una repetición de los comicios y a que la presidencia cayera finalmente en manos de Víctor Yúshenko.

De manera que el triunfo de Yanukóvich en 2010, después de que Putin le apoyara sin éxito en 2004, debería haber actuado como un bálsamo para el Kremlin. Por fin tenían a su hombre en Kiev. Pero no. El nuevo presidente ucraniano no logró que Rusia le bajara unos precios del gas que llegaron a ser superiores a los que pagaba Alemania.

En Moscú exigían una mayor integración de Ucrania en las estructuras económicas, aduaneras y de defensa creadas entre sus socios más leales dentro del espacio exsoviético, algo que Yanukóvich no podía satisfacer de la noche a la mañana debido al celo de la mayoría de la Rada Suprema (Parlamento ucraniano) en preservar la independencia del país.

La inflexibilidad y presiones del Kremlin empujaron a Yanukóvich a coquetear con la Unión Europea, con la que negoció un Acuerdo de Asociación, la antesala de lo que podría haber sido en el futuro la integración en el club comunitario Pero Putin, viendo que Ucranía se alejaba irremisiblemente de su órbita, cambió de táctica y ofreció a Kiev unas nuevas condiciones, créditos y una bajada en los precios de los carburantes.

Con Bruselas o con Moscú

Yanukóvich cambio de idea en el último momento y dejó plantada a la UE, negándose a firmar en Vilna (Lituania), durante la cumbre del 28 y 29 de noviembre de 2013, el acuerdo que había sido difícilmente consensuado durante meses y decantándose definitivamente del lado de Moscú. Su decisión hizo que miles de personas salieran a la calle en Kiev. Querían alinearse con Europa, no con Rusia. Comenzó así una nueva revuelta, el llamado Euromaidán, que terminó con una matanza de manifestantes, los días 18 y el 19 de febrero de 2014, aún no esclarecida por completo, con la huida de Yanukóvich dos días después, y la designación por la Rada, órgano legítimo que fue elegido en comicios democráticos, de un nuevo presidente interino y de un Gobierno favorable a la adhesión de Ucrania a la UE y la OTAN.

Tras aquellos sucesos, Rusia desplegó tropas en Crimea con soldados vestidos con uniformes desprovistos de insignias identificativas y a bordo de camiones y blindados sin placas de matrícula. Puso a los suyos al frente del Parlamento local y organizó un referéndum para la integración de la península en la Federación Rusa, celebrado el 16 de marzo de 2014. Según Bruselas, Washington y Kiev, la consulta careció de garantías democráticas, pero Moscú y las autoridades prorrusas de Crimea proclamaron que su resultado fue aplastantemente mayoritario a favor de que el enclave volviera a pertenecer a Rusia.