«Me superó la situación y la tiré al contenedor»

Contenedores de la Parte Vieja donde fue encontrada la niña. /Lusa
Contenedores de la Parte Vieja donde fue encontrada la niña. / Lusa

La madre que se deshizo de su hija recién nacida en 2016 en Donostia reconoce los hechos ante la Audiencia

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

Su declaración ha sido breve, apenas ha durado cuatro minutos. «En el momento que di a luz, la situación me superó y decidí tirarla al contenedor, sabiendo que si no la encontraban moriría», ha manifestado esta mañana ante la Audiencia de Gipuzkoa la madre que hace dos años arrojó a su hija recién nacida a la basura en San Sebastián. La progenitora ha reconocido íntegramente los hechos contemplados en el escrito de calificación de la Fiscalía que imputa un delito de asesinato en grado de tentativa y por el que inicialmente demanda una pena de 19 años y 11 meses de prisión.

El juicio por estos hechos ha comenzado esta mañana en la Sección Primera, donde la encausada, que está asistida por la letrada Mari Paz Sa, ha manifestado que dio a luz «sola» en la vivienda de la Parte Vieja donde trabajaba al cuidado de una persona mayor.

La progenitora admite que era consciente de que la niña «moriría si antes no la encontraba alguien»

Ha recordado que durante el periodo de gestación en ningún momento acudió al médico y ha reiterado que tras el parto la «situación me superó y tomé la decisión de tirar a la niña». A preguntas del fiscal Javier Larraya, la madre ha admitido que era consciente de que la pequeña podía haber muerto «si antes no la encontraba alguien».

La progenitora ha explicado que envolvió a la bebé con una tela y que antes de deshacerse de ella estuvo deambulando por distintas zonas de la ciudad «porque me angustié».

Los hechos que son objeto de este proceso tuvieron lugar a las tres de la madrugada del 22 de noviembre de 2016. Dos jóvenes camareros de una cervecería donostiarra que se dirigían al Paseo Nuevo a recoger su coche al término de la jornada laboral escucharon un llanto procedente de uno de los cuatro contenedores de basura existentes en la calle San Juan, junto a la plaza Zuloaga. Uno de los chicos asomó la cabeza por encima del container y echó un vistazo al interior. El recipiente no tenía tapa. Hurgó entre los desechos, apartó unas cuantas bolsas y fue cuando vio el brazo de la pequeña, que estaba envuelta en una tela de color negro.

Los dos amigos pidieron ayuda e interceptaron la marcha de un vehículo en cuyo interior viajaban dos agentes de la Ertzaintza de paisano. Acompañados por los camareros, los policías se dirigieron al contenedor y confirmaron la veracidad de los hechos. Uno de los ertzainas recuperó a la niña y la introdujo en el vehículo policial antes de evacuarla al Hospital Materno Infantil. La pequeña, a la que pusieron el nombre de Ane, pesaba dos kilos y seiscientos gramos.

«Vi su mano»

Los dos camareros, Eneko Moro y Williams Sciacca, han revivido hoy aquellos momentos. Han explicado que escucharon unos «ruidos extraños» procedentes del contenedor y que al asomarse y revolver entre «las bolsas vi la mano de la niña. Llamamos al 112 y Williams detuvo la marcha de un coche que pasaba por el lugar. Eran policías y les explicamos lo que había sucedido», indicó Eneko Moro.

También ha testificado el ertzaina que instruyó la investigación que permitió identificar y detener a la madre. Los agentes al frente del caso trabajaron dos líneas de investigación: una, a través del análisis de los teléfonos móviles que la noche de autos se encontraban en las proximidades del punto donde se halló a la niña; y otra, mediante las imágenes obtenidas de las cámaras de vigilancia de la zona y establecimientos comerciales de la Parte Vieja.

En las semanas posteriores, los agentes tuvieron en sus manos los resultados de las cámaras de prácticamente toda la zona centro de San Sebastián. El círculo se cerró aún más cuando las cámaras de algunos comercios de la Parte Vieja permitieron ver a la investigada la misma noche del suceso en diferentes puntos de la Parte Vieja llevando un «bulto» entre sus manos.

Con la sospechosa identificada, a la Policía ya solo le quedaba certificar que era la madre. Para ello, los agentes identificaron a la madre y al ver que tenía una orden de detención por una causa ajena a los hechos fue conducida a dependencias Policiales. Allí tomaron muestras de un vaso del que había bebido agua. Los restos fueron remitidos a los laboratorios policiales que confirmaron las sospechas.

En la vista también ha declarado el personal médico que atendió a la pequeña en el Hospital Donostia. El juicio continuará este martes.J