Mamadou Dia: «Subí a aquel cayuco para vivir lo que decían que era la civilización»

Mamadou Dia en la playa de Gandiol, junto a uno de los cayucos que se encuentran en la costa senegalesa y que un día le permitieron huir a La Gomera./O. C.
Mamadou Dia en la playa de Gandiol, junto a uno de los cayucos que se encuentran en la costa senegalesa y que un día le permitieron huir a La Gomera. / O. C.

Huyó de Senegal en 2006 y volvió años después convencido de que un futuro diferente en su país es posible

ESTRELLA VALLEJO Enviada especial DAKAR.

Mamadou Dia (Gandiol, 1983) es el claro ejemplo de liderazgo, de aquel que no solo ansía un cambio, sino que sabe los pasos que debe dar para conseguirlo. En 2006, cuando apenas superaba los veinte años, hizo lo que millones de sus compatriotas en las últimas décadas: dejar su vida a merced del mar y subirse en un cayuco lleno de sueños que se despedazaron al pisar tierra firme. Pero lejos de resignarse regresó a su tierra en 2013 dispuesto a hacer ver a la juventud senegalesa de que un futuro en su país es posible. Hoy lo reafirma. No lo hace desde una perspectiva idealista, sino con una mirada fija, crítica .

- La pregunta puede parecer obvia pero, ¿qué perseguía cuándo se subió en aquel cayuco en 2006?

- Quería vivir occidente, vivir lo que llamaban desarrollo, quería ver lo que decían que era la civilización... Todas esas palabras que oímos en los medios y que no sabemos exactamente lo que significan, pero yo quería vivirlo. Mi intención era ir a Francia a terminar mis estudios, pero después de que en 2002 me denegaran el visado hasta en dos ocasiones decidí subirme a un cayuco cuatro años después.

«El viaje en cayuco es muy duro, pero estar 10 años justificando que no eres peligroso no lo es menos»

«A veces mi mente borra ese episodio, como si no hubiera pasado y yo hubiera nacido en Europa»

- Su periplo partió de Dakar y llegó hasta la isla canaria de la Gomera. ¿Cómo lo recuerda?

- Salí desde la capital de Senegal un jueves 11 de mayo y llegué a Canarias ocho días después. Fue un viaje muy duro y muy largo, sin comida ni agua. Pero a su vez, se ha convertido en un momento muy importante en mi vida porque me reforzó y me dio seguridad y confianza en mí mismo. Toda mi vida había pensado que era un chico flojo, que no era capaz de nada, y cruzar el Atlántico en un cayuco me hizo aprender a confiar en mis capacidades.

- ¿Cuántas personas iban a bordo?

- Salimos 84 y llegamos 83. Un chico murió por el camino.

- El coste por subirse en las lanchas es elevado, ¿cuánto tuvo que pagar por emprender ese viaje?

- Yo, por ejemplo, no tuve que pagar nada, porque toda mi familia se dedica a la pesca desde hace generaciones. Conviene centrar esta cuestión. Senegal es un país dedicado a la pesca, pero la llegada de pesqueros, muchos vascos y gallegos, que pescaron sin control en nuestras costas provocaron que cada vez tuviéramos que alejarnos más para buscar los peces. Así es como nació el viaje hacia el norte. Es decir, que son los dueños de cayucos, los pescadores, los que viajaban en ellos y promovían las salidas.

- Pero en la costa libia la situación es otra.

- Claro, ahí sí que existen las mafias que trafican con las personas. Aunque no es menos cierto que al final somos todos cómplices. Las políticas migratorias crean barreras, y como consecuencia de esas barreras surgen las mafias. Siempre habrá gente que se lucre de esa situación. Por eso deberíamos responder promoviendo un desarrollo local e implicando a nuestros jóvenes. Que viajen, salgan del país, pero que lo hagan de forma segura, se formen y vuelvan a enseñar aquello que han aprendido.

- Fue en busca de la Europa prometida. ¿Qué se encontró a su llegada?

- Nuevamente aprendí mucho. Me permitió desmitificar Europa y a su vez implicarme y trabajar en muchos proyectos que se estaban desarrollando en España. Aquello me llevó a escribir mi primer libro '3052' y después decidí regresar a Senegal, primero en 2012 de forma temporal, y en 2013, de manera definitiva para crear el proyecto Ha Ha Tay, que significa carcajada en wolof.

- Si buscaba vivir en occidente, en la civilización, ¿por qué volvió si sabía que la situación en su país no había cambiado desde su marcha?

- Todas mis frustraciones, pensamientos y la sensación de impotencia que tuve me hizo ver la necesidad de crear un proyecto que propiciara la creación de ese mundo que a mí me gustaría llegar a ver. He vivido situaciones muy duras. Se habla solo del peligro del viaje yendo a España, pero el viaje de sobrevivir en un país europeo siendo inmigrante para mí también es muy duro. Tienes que sobrevivir sin papeles, no puedes conseguir un trabajo digno, pueden meterte en el calabozo como me sucedió, y que es de lo que hablo en mi segundo libro. El cayuco pueden durar diez días, pero sobrevivir en territorio europeo pueden ser 10 años en la ilegalidad, siempre justificando que no eres peligroso, que no vas a atentar contra la vida de los demás... Todas esas reflexiones me empujaron a regresar y poner en marcha Ha Ha Tay.

- ¿En qué consiste exactamente?

- En implicar a los jóvenes de Gandiol en el desarrollo comunitario de esta región. Tenemos a unos jóvenes que están súper motivados y que tienen muchísimas ganas de cambiar las cosas. De lo contrario no estarían dispuestos a arriesgar su vida por lograr un cambio. Pero si toda esa energía la gastan en viajar de forma clandestina a países europeos que aprueban políticas para que no estemos allí, arriesgando sus vidas, creo que estamos participando en el empobrecimiento de nuestros países. Por eso es importante la labor que se hace en la asociación de centrar a la juventud y dibujarles caminos que fomenten su implicación.

-¿ Qué les diría a quienes aprueban esas políticas migratorias?

- Que mientras ellos cierran fronteras, nosotros creamos un espacio de encuentro en Gandiol e invitamos a sus hijos a que vengan a conocerlo y compartan su tiempo con nuestros jóvenes. La respuesta no tiene que venir del norte, pero tampoco exclusivamente del sur. Debemos estar todos implicados.

- Han pasado muchos años desde su partida pero, ¿qué le viene a la cabeza cuando ve las pateras cruzando el Mediterráneo?

- Mi mente a veces intenta borrar aquel episodio de mi vida, como si yo nunca hubiera cogido un cayuco y nunca hubiese hecho ese viaje. Me siento muy integrado en España, tengo muchos amigos, y a veces pienso que siempre he vivido en Europa y que aquello nunca sucedió. Es difícil de explicar.

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