La madre que arrojó a su recién nacida a la basura en Donostia, al banquillo

Los contenedores donde apareció la niña, junto a la Sociedad Fotográfica/Lusa
Los contenedores donde apareció la niña, junto a la Sociedad Fotográfica / Lusa

La Fiscalía solicita casi veinte años de prisión por tentativa de asesinato | La vista tendrá lugar este lunes en la Sección Primera de la Audiencia de Gipuzkoa

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

Fue un caso que conmocionó a la sociedad guipuzcoana. La madre que arrojó a su bebé recién nacido a un contenedor de basura en San Sebastián se sentará este lunes en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Gipuzkoa. Sobre ella recae una imputación de asesinato en grado de tentativa, un delito por el que la Fiscalía solicita una condena de 19 años y 11 meses de prisión. La progenitora se halla recluida en el centro penitenciario de Martutene.

La vista se celebrará en la Sección Primera. La cita está señalada para las 9.30 horas y aunque inicialmente se han reservado tres días, todo parece indicar que el proceso podría quedar visto para sentencia el mismo día.

Los hechos que son objeto de este proceso tuvieron lugar a las tres de la madrugada del 22 de noviembre de 2016. Dos jóvenes camareros de una cervecería donostiarra que se dirigían al Paseo Nuevo a recoger su coche al término de la jornada laboral escucharon un llanto procedente de uno de los cuatro contenedores de basura existentes en la calle San Juan, junto a la plaza Zuloaga. Uno de los chicos asomó la cabeza por encima del container y echó un vistazo al interior. El recipiente no tenía tapa. Hurgó entre los desechos, apartó unas cuantas bolsas y fue cuando vio el brazo de la pequeña, que estaba envuelta en una tela de color negro.

La señal del teléfono móvil y las cámaras de seguridad permitieron dar con la progenitora

Los dos amigos pidieron ayuda e interceptaron la marcha de un vehículo en cuyo interior viajaban dos agentes de la Ertzaintza de paisano. Acompañados por los camareros, los policías se dirigieron al contenedor y confirmaron la veracidad de los hechos. Uno de los ertzainas recuperó a la niña y la introdujo en el vehículo policial antes de evacuarla al Hospital Materno Infantil. La pequeña, a la que pusieron el nombre de Ane, pesaba dos kilos y seiscientos gramos.

Un mes tras ella

Tras los hechos, la Ertzaintza se enfrentaba al reto de identificar y detener a la persona o personas implicadas en el delito. No fue fácil. La única ventaja con la que partieron era que sabían positivamente que, al menos, uno de los progenitores era de ascendencia latina. El rostro de la pequeña hablaba por ella. Después de más de un mes de ardua labor, agentes del Servicio de Investigación Criminal Territorial de la Ertzaintza arrestaron a la madre.

Los agentes trabajaron dos líneas de investigación: una, a través del análisis de los teléfonos móviles que la noche de autos se encontraban en las proximidades del punto donde se halló a la niña; y otra, mediante las imágenes obtenidas de las cámaras de vigilancia de la zona y establecimientos comerciales de la Parte Vieja.

La Ertzaintza disponía también desde el primer momento de unos vídeos que habían sido grabados por las cámaras de seguridad del Museo San Telmo. El visionado, no obstante, no aportaba demasiada luz sobre la identidad de la chica, pero situaba la hora del abandono. La oscuridad de la noche y las prendas que vestía impedían que la madre pudiera ser reconocida.

En las semanas posteriores, los agentes tuvieron en sus manos los primeros resultados de la investigación sobre los móviles que aquella noche permanecieron activados en el entorno del lugar en el que se encontraban los contenedores. Los registros fueron comprobados uno a uno, lo que permitió centrar el caso en un reducido número de sospechosos.

El círculo se cerró aún más cuando las cámaras de algunos comercios de la Parte Vieja permitieron ver a la investigada la misma noche del suceso en diferentes puntos de la Parte Vieja llevando un «bulto» entre sus manos. Con la sospechosa identificada, a la Policía ya solo le quedaba certificar que era la madre. Para ello, los agentes tomaron muestras de un vaso del que había bebido agua. Los restos fueron remitidos a los laboratorios policiales que confirmaron las sospechas.

La investigación concluyó que la joven dio a luz la misma noche de los hechos en el domicilio en donde trabajaba. La persona a la que atendía, de 94 años de edad, no se percató del alumbramiento, posiblemente, a causa de la minusvalía auditiva que padece o porque a esas horas pudiera estar ya acostada. Tras el nacimiento, la chica limpió los vestigios biológicos que quedaron del parto, cogió a la pequeña y salió a la calle.

Con la niña en brazos

La Policía constató que la madre deambuló durante más de dos horas por la Parte Vieja con la niña en brazos. Incluso, pudo saber que intentó deshacerse del bebé en una primera ocasión dejándolo en el mismo contenedor de la calle San Juan, del que más tarde fue rescatado. Sin embargo, no pudo hacerlo ya que en aquel instante percibió la llegada de alguna persona, por lo que se marchó del lugar.

La chica buscó asimismo calles y pasajes poco frecuentados para dejar a la criatura, como la estrecha calle Santa Corda, junto al Museo de San Telmo. Finalmente, sobre la una de la madrugada, la investigada regresó a la calle San Juan donde depositó a la niña en el contenedor de la basura. La pequeña, por lo tanto, permaneció cerca de dos horas hasta que fue rescatada.