«Jugaba con chicos hasta los 16 años y no tenía ni vestuario»

«Jugaba con chicos hasta los 16 años y no tenía ni vestuario»

Amaia Erbina está enla concentración de Madrid antes de acudir a los Mundiales de Rugby. Su hermana pequeña, Lide, está con ella

ANA VOZMEDIANO

No podía ser de otra forma. Aunque fueran chicas. Iñaki Urbina, el padre de Amaia y Lide, se define como un friki del rugby, y tanto las dos hermanas como Beñat, el mayor, empezaron a darle al ovalado desde muy pequeños. Beñat sigue jugando en el Ordizia, su localidad natal, pero Amaia enseguida despuntó y, además, entre chicos.

Porque no había ninguna otra niña de cinco años que se atreviera a hacer placajes en el equipo de la Escuela de Rugby. Amaia entrenaba con ellos, jugaba con ellos y siempre los tuvo como amigos y de su lado hasta los 16 años que empezó a jugar con mujeres. Eso sí, nunca tenía un vestuario para ella, así que sus compañeros de equipo le dejaban entrar a ella primero y cuando acababa de vestirse o ducharse entraban ellos. Aquella época terminó y fue al equipo femenino que le tocaba más cerca, el Hernani, pero allí el nivel no era el mismo que al que estaba acostumbrada. En el Baiona, en su liga sub-18 destacó y una vez acabada la selectividad, se fue a Barcelona a estudiar lenguas aplicadas y jugar al rugby.

«Nunca me lo hubiera imaginado, pero empecé a entrar en el equipo que iba de forma habitual a las series mundiales. Ni me lo creía, apenas estaba en Barcelona porque me pasaba todo el día en Madrid concentrada. Y llegaron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde conseguimos diploma olímpico en el top 7».

Amaia, que ahora estudia Filología Inglesa, sigue concentrada, esta vez para el Mundial. Su hermana Lide, de 17 años, está con ella, porque también se dedica al rugby y acaba de terminar la selectividad con éxito. Lide era más tímida y no se animó a jugar con los chicos desde pequeña, pero siguió los partidos de rugby como toda la familia, jugó siempre con el balón.

Como Amaia, Lide hizo también gimnasia rítmica, pero en cuanto se enteró de que se iba a montar un equipo femenino se apuntó. «Y eso que la profesora de rítmica siempre nos decía que teníamos que dejar el rugby porque nos quitaba flexibilidad», ríe Amaia.

Cree que el rugby español está anticuado porque hay gente que cree que las mujeres no están capacitadas para un deporte de contacto como este o para hacer placajes. «Además, está claro que les hacen más caso a ellos. Resaltan más que se clasifiquen para una serie a que nosotras la ganemos, cualquier cosa que hagan tiene más repercusión en los medios de comunicación. Las primas son para ellos, aunque en el caso de la Federación las reparte entre todos».

El año que viene, las dos hermanas jugarán en el Cisneros, en División de Honor. Son ambiciosas. Esperan ser campeonas. Como todos los deportistas.

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