«He tenido que dormir en la estación después de tres días en el centro»

Varios inmigrantes se acercaron ayer a la concentración en Irun./FLOREN PORTU
Varios inmigrantes se acercaron ayer a la concentración en Irun. / FLOREN PORTU

SOS Racismo denuncia que 25 migrantes han tenido que dormir en la calle pese a haber plazas libres en el albergue provisional habilitado en Irun

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJOIRUN.

Ibrahim Diollo es de Guinea Conakry, tiene 18 años y el sábado durmió en la estación de autobuses de Irun. Este espacio se ha ido estableciendo casi de forma natural como un 'plan B' para las personas migrantes que llegan a la localidad fronteriza y no tienen dónde pasar la noche al no poder acceder a los recursos preparados.

Cuando este joven explica que ha necesitado casi dos años para salir de Guinea, cruzar Senegal, Mauritania, Marruecos, comprar entre doce desconocidos una balsa hinchable para llegar a España ni se sabe en qué condiciones, deja entrever que para él dormir a la intemperie en Irun en pleno verano puede llegar a considerarse un mal menor en comparación con las penurias de las que ha sido testigo durante su periplo. No obstante, se aprecia el hartazgo, hastío y cansancio propio de quien se encuentra inmerso en una carrera de fondo cuya meta parece alejarse a medida que uno avanza. «He tenido que dormir en la calle», después de tres días en el centro de acogida. Pero no lo hizo solo. Compartió noche con su paisano, Mamadou Adama, de 16 años, y se calcula que otros 23 inmigrantes más.

El motivo no fue la falta de camas disponibles, sino que quienes las solicitaban ya habían superado el plazo máximo de tres noches establecido por la mesa de cooperación formada por el Gobierno Vasco, diputaciones y ayuntamientos de las tres capitales e Irun, además de Cruz Roja, pese a que estos anunciaran la semana pasada que ese plazo se ampliaría a cinco noches en caso de que hubiera plazas libres.

De hecho, la mesa interinstitucional reafirmó ayer a este periódico que el criterio de los cinco días «se están cumpliendo». Sin embargo, la realidad a la que cuesta darle una explicación es que el albergue provisional habilitado para este fin de semana amaneció ayer con la mitad de las camas vacías.

Un edificio con 60 plazas

Ante la advertencia de una nueva llegada a Irun de 52 personas el viernes, la mesa de cooperación decidió habilitar el edificio Martindozenea, donde habitualmente está ubicado el gazteleku municipal, con espacio para 60 plazas y, por tanto, capacidad para acoger a un mayor número de migrantes que en el recurso establecido en el antiguo hospital, donde se disponían 28.

La cifra

60 plazas
al día han estado disponibles en Irun en el edificio Martindozenea habilitado para este fin de semana y cuya disponibilidad termina hoy. Una capacidad superior al alojamiento anterior en el antiguo hospital donde solo se podía acoger a 28 personas.

No obstante, y según denunció ayer SOS Racismo, 25 personas tuvieron que dormir al raso mientras en dicho albergue quedaban 35 camas vacías. El colectivo criticó ayer esta situación con una concentración celebrada poco después del mediodía frente al Ayuntamiento de la localidad fronteriza.

A la convocatoria asistieron representantes de la red de apoyo a migrantes -Adiskidetuak, Amnistía Internacional, Helduak, Hotz, Lakaxita Gaztetxea, Ongi Etorri Errefuxiatuak, Stop Desahucios, SOS Arrazakeria, Zero Pobrezia o Erletxe-, además de vecinos que a título personal acudieron a mostrar su apoyo. En el encuentro, Cruz Roja repartió además bocadillos entre la veintena de personas inmigrantes que se acercaron.

Sos Racismo se concentra hoy en el Ayuntamiento donostiarra

Sos Racismo se concentra hoy en el Ayuntamiento donostiarra

Sos Racismo visibilazará la situación que viven «las personas desplazadas» con una concentración que se llevará a cabo hoy a partir de las 11.30 horas ante el Ayuntamiento de San Sebastián. Desde la asociación remarcaron que su objetivo es «denunciar la falta de respuesta de nuestras instituciones». El pasado lunes también realizaron una concentración frente al consistorio de la capital guipuzcoana en la que reclamaron más tiempo de acogida para que estas personas no acaben en la calle. Pidieron que se alargara de tres a cinco días la acogida en los dos centros de migrantes de Donostia e Irun.

«Tres días no es tiempo suficiente. La mayoría de ellos se queda en la calle. Si Donostia es su ciudad de destino, debe dar asesoramiento; si es lugar de tránsito, debe dar la opción de reponerse con dignidad», reclamó en la concentración de la semana pasada en nombre del colectivo ciudadano Izaskun Fernández.

Mientras, el drama sigue en el Mediterráneo. 70 inmigrantes de origen subsahariano, entre ellos 17 mujeres y dos niños de corta edad, que fueron rescatados ayer de dos pateras en el mar de Alborán llegaron en buenas condiciones de salud al puerto de Motril (Granada). Los inmigrantes, rescatados en las cercanías de la isla de Alborán, fueron atendidos por la tarde por Cruz Roja a su llegada a la dársena portuaria, con una primera atención sanitaria y alimenticia, y fueron puestos a disposición de la Policía Nacional.

Pese a que tienen «en cuenta» el esfuerzo de las instituciones, no dudaron en calificarlo de «claramente insuficiente». Ruth López, del colectivo Erletxe, denunció la «perversa situación» que genera el criterio del plazo máximo de tres días que establece que «una vez utilizado el recurso estas personas no pueden volver al mismo». Una situación que, según manifestó, obliga a la red de apoyo a cubrir de manera «precaria» unas necesidades «que las instituciones no asumen».

Dichos colectivos exigieron nuevamente una «acogida digna e integral a personas que afrontan situaciones muy peligrosas generadas en gran medida por políticas institucionales que no les permiten viajar de manera segura y regular», expresó López.

«Exigimos que la acogida sea digna e integral y se amplíe el plazo máximo de estancia de tres días» ASOCIACIÓN ERLETXE

«El criterio de ampliar a cinco días el alojamiento en caso de haber plazas libres se está cumpliendo» MESA DE COORDINACIÓN

El gesto que más se repite es el de encogerse de hombros. Lo hacen las asociaciones, pero también las instituciones, cuando se les pregunta por cuántas personas inmigrantes están actualmente en Irun e incluso cuántas comidas se han ofrecido. Se desconoce cuántos llegan, cuántos deciden hacer un alto en el camino, cuántos de ellos optan por continuar hacia Francia, y cuántos son devueltos de nuevo al otro lado de la frontera. «Llevar un censo es prácticamente imposible», confiesan desde SOS Racismo, que intuyen se supera con holgura el medio centenar pero desconocen si «hay 70 ó 200».

El goteo es permanente pero a su vez fluctúa casi a diario, lo que hace que los recursos vayan habilitándose prácticamente sobre la marcha. Tanto es así que la disponibilidad de Martindozenea concluye hoy y se desconoce a dónde podrán dirigirse en adelante.

A las llegadas 'oficiales' se les suman otras en la mitad de la noche en las que de pronto se apean de un autobús otra docena de ciudadanos subsaharianos. Unos se instalan en los recursos dispuestos por la mesa de coordinación, otros duermen en la estación, pero también los hay que han encontrado un lugar que no desean desvelar y que les sirve de cobijo mientras dure su estancia en la localidad fronteriza.

Las dificultades a las que se enfrentan estas personas a la hora de cruzar a Francia tampoco han pasado por alto para los colectivos que ayer se concentraron en Irun. «Muchos de ellos son devueltos a las pocas horas de pisar tierra gala. La policía francesa tiene desplegado un trabajo de control expulsando a quienes intentan avanzar, y eso hace que tengan que permanecer aquí más tiempo del deseado», expusieron. La alternativa, señalaron de SOS Racismo, sería llevarles en coche, pero «en ese caso podrían acusarnos de tráfico de personas», alegan.

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