Cultivar nuevas costumbres

Las parcelas de Tolosa están situadas en el jardín de la residencia Iurreamendi./
Las parcelas de Tolosa están situadas en el jardín de la residencia Iurreamendi.

La red de huertas de Gipuzkoa ofrece parcelas y servicios de asesoramiento técnico

AMALIA IBARGUTXI

Todo tipo de pimientos, incluidos guindillas, calabacín, lechuga, cardo, calabaza... La primavera es temporada de prosperidad en las decenas de huertas que forman parte de la red Baratze Parkea de Gipuzkoa, que cuenta ya con más de 900 parcelas cultivadas. Las hay, entre otros, en municipios como Elgeta, Zegama, Azkoitia, Azpeitia, Tolosa, Urnieta, Irun, Anoeta, Usurbil o Lezo. Y las que pertenecen a Ekogunea, entidad coordinadora de la red, están en Hernani. «No nos damos cuenta de lo afortunados que somos -se lamenta Amalia Virto, responsable del área de desarrollo rural sostenible de Ekogunea-, la tierra de aquí es muy agradecida. Hay género que casi sale solo».

personas se dan de baja

en las huertas de Hernani que gestiona Ekogunea. Los datos recabados pertenecen al período entre 2014 y 2016. La cifra de participantes está en continuo cambio.

años:

Es el tiempo medio que cada usuario cultiva una parcela, según el mismo periodo de tiempo.

Localidades adheridas

Alegia, Anoeta, Azkoitia, Azpeitia-Otzaka, Azpeitia-Izarraitzpe, Berrobi, Ekogunea, Elgeta, Errenteria, Hernani-Antziola, Hernani-Sagastialde, Irun, Lezo, Tolosa, Urnieta, Usurbil, Villabona y Zegama. Pronto en Ikaztegieta.

Servicios prestados

Furgobaratza, herramientas de trabajo, compost, limpieza, seguros y consejos técnicos para las parcelas de cada localidad.

Las primeras huertas de la red se pusieron en marcha en 2013. La de Ikaztegieta es la próxima apertura. El procedimiento es sencillo. Cuando un ayuntamiento, por iniciativa propia o de los habitantes de la localidad, está interesado contacta con Ekogunea para habilitar nuevas parcelas. «Para que no tengan que empezar de cero, les aportamos a los interesados un modelo de reglamento, que pueden modificar en base a las necesidades del municipio. Ellos nos ofrecen las tierras disponibles y decidimos cuál es la mejor ubicación, basándonos en factores como la cercanía y calidad de la tierra. A partir de ahí, creamos un anteproyecto y empezamos a trabajar».

El tamaño de las parcelas varía. Las hay de 30 metros cuadrados y de 60. «Ni las Baratze Parkeak ni las parcelas de las mismas tienen el mismo tamaño. En los pueblos pequeños suelen ser menos y más pequeñas. En Ekogunea hay 160. Las parcelas de 30 metros cuadrados suelen estar mejor llevadas, en la grande a la gente le cuesta más. En un principio les parece que 60 metros cuadrados son pocos, pero ya con la parcela pequeña una familia puede cubrir la mayoría del consumo de verduras anual».

Reparto equitativo

Virto matiza que el perfil de los usuarios es «diverso», pero con un denominador común: «Hemos visto que una gran proporción de personas que se han apuntado al proyecto, aquí en Hernani, no tenían experiencia previa con la horticultura. Desde un principio teníamos claro que no queríamos que fueran huertas para mayores o para jóvenes, sino para cualquiera que tenga interés. El reparto de parcelas se hace de forma equitativa por edad y sexo».

Los requisitos de personas adjudicatarias dependen del municipio, por lo que «no tenemos datos de todas las huertas». Pero Virto cree, de todas formas, que «en todas se ve una convivencia entre grupos. Hay desde jubilados que buscan tener una actividad, hasta familias jóvenes con niños pequeños, cuyo interés viene de querer inculcarles la cercanía hacia la tierra».

Las tierras sobre las que trabajan en toda la red son de producción ecológica, aunque confiesa que es difícil saber «si alguien utiliza un pesticida transparente, a no ser que lo veas al instante». Por eso, desde Ekogunea consideran que su papel es «poner el marco». «Ofrecer una normativa ecológica, hacer un seguimiento mensual para que se cumpla y, sobre todo, educar para que los usuarios aprendan que hay otra forma de producir, sin pesticidas. Más que hacer trabajo de policías, que también lo hacemos, nuestra labor es dar herramientas para dar el salto de la horticultura tradicional a la ecológica», explica.

Al otro lado de la producción y del consumo está el material sobrante. Gipuzkoa produce compost con un grado de calidad A, que es el máximo en este tipo de abonos, a partir de la recogida selectiva de materia orgánica. Desde el pasado marzo, las huertas ecológicas para autoconsumo de la red Baratze Parke Sarea disponen del compost que produce el territorio, gracias a un convenio de colaboración que firmaron la Diputación y Kutxa Ekogunea. Los convenios de años anteriores revelaron, tras los análisis hechos en 2014 y en 2016, que los suelos de las parcelas que han usado el compost han mejorado su nivel de fertilidad y no han sufrido contaminaciones.

«Nos parecía una buena manera de cerrar el círculo. En los hogares de Gipuzkoa se producen restos orgánicos que, de esta manera, pueden volver a la tierra y sacar producto hortícola», argumenta Virto.

'Furgobaratza'

Dentro de la labor pedagógica que han asumido se incluyen servicios como la 'Furgobaratza', furgoneta itinerante que pasa cada día a una hora concreta por las huertas del territorio para resolver las dudas de los horticultores. «Es un asesoramiento directo y gratuito. Las dudas suelen ser las mismas. También ofrecemos un cursillo básico cuando alguien entra a formar parte de la red para explicar cómo organizar una parcela para que dé el máximo producto posible, dónde encontrar información sobre el cultivo ecológico, o el funcionamiento de la zona de compostaje de cada huerta para que lo utilicen como abono, porque no tendría sentido llevar el sobrante orgánico de las huertas a vertederos, por lo que producimos y consumimos el compost en cada municipio», explica. «En horticultura ecológica una de las premisas consiste en la autosuficiencia, y eso es lo que buscamos, además de fomentar la comunidad».

Consumo local

La voluntad final de la red de huertas es el cambio de hábitos de consumo, pero en un principio, la creación de las primeras huertas fue recibido con cierto recelo por parte de los agricultores que, según Virto, «temían por su empleo y por la bajada en sus ventas».

«Nuestra hipótesis es que si la gente consume su propio producto esto provocará la búsqueda de comercio local, de temporada y ecológico también en los supermercados». Confían poder probar ese efecto, «que ya hemos visto en países europeos», para finales de año, tras reunir datos de toda la red.

Hay más huertas públicas en Gipuzkoa, pero ninguna red que juegue bajo normas similares a las de Ekogunea. «Nosotros tenemos un proyecto cuyo fin no son las huertas en sí, que también, sino la comunidad. Como las huertas están una junto a la otra, la persona que más sabe aconseja y ayuda a la que no. Surge la comunicación, el traspaso de ideas», señala Virto.

Estos proyectos «son parques públicos. El caso de la de Tolosa, por ejemplo, es especial. Se hicieron en el jardín de la residencia de ancianos Iurreamendi. Todo el pueblo puede compartir tiempo y espacio. Es uno de los beneficios que no buscas, pero llegan».