Entre el tópico y las urgencias

Entre el tópico y las urgencias
PABLO SALAZARPeriodista Las Provincias

Con casi 5 millones de habitantes repartidos de manera muy desigual en una superficie de 23.255 kilómetros cuadrados, la Comunidad Valenciana es la cuarta de España en casi todos los indicadores macroeconómicos. En el resto de España sigue funcionando el tópico del 'Levante feliz', una imagen que se fundamenta en la combinación del gusto mediterráneo por la buena vida, el clima apacible, la hiperinflación de fiestas y la extraordinaria presencia de un turismo con ganas de pasárselo bien que convierten a esta tierra en el paraíso tanto de los jóvenes Erasmus como de los jubilados del Norte de Europa. Pero cuando se rasca un poco en la superficie aparecen unos graves problemas estructurales que deberían estar presentes en la agenda de campaña de los partidos. La autonomía no es ajena en sus comarcas del interior a la despoblación que afecta a la ya popular España vacía. La concentración demográfica en la costa explica a su vez la dependencia de un modelo económico basado cada vez más en la llegada de visitantes, con una industria en retroceso y una agricultura aquejada por una crisis que cabría calificar ya de sistémica. El incierto futuro del sector del automóvil también afecta a la joya de la corona de la industria valenciana, la Ford de Almussafes.

Si la economía presenta signos de agotamiento, las finanzas públicas están exhaustas, como resultado del despilfarro de la etapa de los grandes eventos pero también de una financiación estatal insuficiente. De hecho, la Valenciana es la única comunidad cuyo nivel de riqueza está por debajo de la media nacional y que aporta al Estado más de lo que recibe. Y en materia de infraestructuras, la conclusión del corredor mediterráneo de mercancías ferroviarias es una prioridad, al igual que la modernización del eje con Aragón y el Cantábrico.

Los nacionalismos rupturistas no encuentran un amplio respaldo sociológico entre los valencianos. El 'procés' ha excitado ánimos y pulsiones españolas y las reivindicaciones de lo propio, de las inversiones o de la financiación necesaria, nunca ponen en cuestión el sentido de pertenencia a un proyecto común. Urgencias, eso sí, que vienen a contradecir el tópico.