En recuerdo a Couperin

MARÍA JOSÉ CANOCRÍTICA

Fue un acierto que la Quincena centrara el último de los conciertos del ciclo de música antigua en el compositor François Couperin en su 350 aniversario. Músico de la corte de Luis XIV, es uno de los principales representantes del Barroco francés y un imaginativo creador. La cita de ayer, que volvió a agotar las entradas en el convento de Santa Teresa, permitió disfrutar de sus 'Conciertos Reales', escritos expresamente para el monarca, tal y como señaló el clavecinista y líder del conjunto Ímpetus, Yago Mahúgo. Su intención, según sus palabras, era trasladarnos a la corte del rey con esta música, interpretada para esta ocasión con violín, viola de gamba, flautas, clave y tiorba o guitarra.

Los cuatro 'Conciertos' que ofreció el quinteto tuvieron una estructura similar, con un 'Preludio' inicial y una sucesión de danzas de distinto tempo y carácter. Los intérpretes fueron cambiando de instrumentos -especialmente la flautista, que utilizó diversos tamaños y tesituras, pero también Manuel Minguillón en la cuerda pulsada- para dotar de un color diferente a cada una de ellas. La lectura que escuchamos de este agradable repertorio fue adecuada y contó con momentos especialmente destacables, como en la 'Musette' del 'Concierto en la', pero no resultó redonda por algunas pérdidas de afinación, muy evidentes, por ejemplo, en la 'Sarabande grave' de la misma obra.

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