Existe un mundo donde los dragones no escupen fuego

Greta, la joven protagonista, ante el oficio de generaciones de antepasados./
Greta, la joven protagonista, ante el oficio de generaciones de antepasados.

Ediciones La Cúpula presenta 'La sociedad de los dragones de té' |

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

Son pequeños y, aunque todos ellos dragones, de aspecto variable, tanto como las hojas de té que brotan de sus astas. Delicados, desconfiados la mayoría, sugieren ternura y fragilidad aunque, cuidado, porque saben morder tanto como empatizar con su cuidador. Viven en un mundo diferente, donde los trasgos moldean el metal con habilidad suprema, y las reglas sociales no entienden de discriminación.

Todo ello sucede en 'La sociedad de los dragones de té', la deliciosa historia que Katie O'Neill presentó originalmente en formato web y que ahora recoge Ediciones La Cúpula en papel. La obra, ganadora de dos premios Eisner en 2018, encumbra a una autora neozelandesa que ya había destacado en el campo de la ilustración y atesorado numerosos galardones en 2016 con su 'Princess Princess Ever After'.

En todo el mundo, grupos de cuidadores de dragones conforman sociedades que les ayudan a compartir conocimientos sobre las complejas criaturas que han decidido criar. Bajo una premisa tan simple, tan simple como la receta de un buen té, Katie O'Neill crea un universo paralelo, seguramente en el que desearía vivir. Allí, pocas viñetas son necesarias para ir esculpiendo personajes de una asombrosa profundidad. Lo consigue por medio de diálogos precisos; cada palabra está ajustada y se engarza a las demás avanzando, despacio, en la trama. No habrá explosiones, ni carreras de coches que derrapan por el asfalto de alguna ciudad; solo tranquilidad. El hilo conductor, Greta, una niña que aprende el oficio de forjar espadas, una tradición en un mundo donde esos aceros letales ya no se emplean. A través de ella y de una serie de acontecimientos basados en la casualidad, O'Neill irá presentando su imaginario, con un desenlace que en modo alguno será inesperado, aunque sorprender no sea una de las pretensiones de la autora.

Colores suaves

'La sociedad de los dragones de té' es, ante todo, una lectura para que los niños la disfruten como mandan los cánones, en la cama, antes de apagar la luz, o para que los adultos la degusten con una taza de té en las manos. A ello contribuyen, claro está, los dibujos de O'Neill.

No se puede ocultar la inclinación natural de la autora hacia la ilustración. Su estilo parece más propicio allí, acompañando a un cuento o relato, que como protagonista de un cómic. Composiciones limpias, ausencia total de encuadres complejos o angulaciones efectistas, figuras de trazo ausente de línea delimitadora, volúmenes encontrados jugando con el color. Los fondos, al fin, sugieren collages sencillos pero que van dotando de atmósfera a la historia, donde, otra vez, los nuevos lectores se encontrarán cómodos.

Es curioso que mucho de todo lo dicho recuerde a las 'Luces nocturnas' de Lorena Álvarez, autora colombiana ya bien conocida, premiada en el Salón Internacional de Cómic y Manga de Donostia, alejada medio planeta de O'Neill, pero bien cercana en estilo y concepción narrativa. Sin embargo, la autora de los dragones de té, tan próxima a la corriente moderna de ilustradores infantiles americanos, se muestra cauta en su mencionada paleta cromática, con tonos más apastelados que, parece, inducen a que su obra discurra lenta.

Frente a los descomunales dragones de la fantasía clásica, los pequeños y casi de peluche de Katie O'Neill no acaban su recorrido en la última viñeta. Empeñada en abrir la puerta de su reino a quien se asome a él, quien lea el cómic encontrará, tras el epílogo, información detallada acerca de la naturaleza de las sociedades de dragones, así como una clasificación de los mismos, en función del té que producen y de sus complejas personalidades. Una invitación a que cerrar el libro no equivalga a cerrar la magia.

'La sociedad de los dragones de té' no solamente se hizo merecedora de dos Eisner (los premios del cómic equivalentes a los Oscar en el cine), sino que acumulará unas cuantas distinciones más. Convertir una historia para niños en algo tan lleno de talento, es tarea reservada a los artistas, y Katie O'Neill ya navega en esas aguas. Que los niños duerman leyéndola.

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