El terror no necesita ser largo para convertirse en eterno

Testos siempre cortos, precisos, imágenes perturbadoras. /
Testos siempre cortos, precisos, imágenes perturbadoras.

Páginas de Espuma publica la adaptación del clásico de Iwasaki

Óscar Goñi
ÓSCAR GOÑI

«Hay dos tipos de muertos. Los que se fueron para siempre dejándonos llenos de preguntas, y los que nunca se van del todo porque regresan en busca de respuestas». Una sola frase capaz de despertar el miedo. Ese miedo que aguarda agazapado dentro de todas las personas; a cada cual se le manifiesta de diferente manera, en momentos previsibles o no, ante estímulos prefabricados o no. Es la antesala del terror, aquella en la que, al fondo, suele haber una puerta entreabierta. Imaginar lo que hay tras ella suele ser peor de lo que verdaderamente esconde, porque la imaginación es el instrumento más poderoso del miedo.

Interludio: Un ajuar funerario, según las costumbres de determinadas culturas, es el conjunto de objetos que se colocan al lado del difunto para que le acompañen en su último viaje.

En cómic, es otra cosa, ¿o no?

Año 2004. Se publica un libro titulado 'Ajuar funerario', cien microrrelatos de terror y humor que la editorial Páginas de Espuma lanza sin llegar a imaginar que va a convertirse en una pieza clave en la literatura del género en castellano. Los lectores avalan a los críticos y, aunque los años pasan, su magia no desaparece. Su autor, el chileno Fernando Iwasaki (Lima, 1961), doctor en Historia de América y profesor universitario es, además, un prolífico escritor, tanto en su faceta narrativa con títulos como 'Milagro informal' (2003), 'Neguijón' (2005) o 'Helarte de amar' (2006) entre otros, como en la de estudioso de Historia. Parecía, por tanto, claro, que la novela iba a ser el hábitat donde el ajuar iba a permanecer por toda la eternidad. Sin embargo, era el turno del cómic.

Vaya por delante que una adaptación siempre resulta problemática, en tanto moldee algo ya celebrado. Las comparaciones, aunque no necesarias, resultan inevitables y, por regla general, dichas nuevas versiones suelen salir malparadas. Ahora bien, por contra, las excepciones son tan notables que el riesgo merece la pena. De la literatura al cine, con la 'Blade Runner' (1982) de Ridley Scott a partir de Philip K. Dick, o del cine al cómic, con 'Atmósfera cero' del extraordinario Jim Steranko o, cerrando el círculo, de la novela 'Matar a un ruiseñor' de Harper Lee al cómic del mismo nombre de Fred Fordham. Son solo tres ejemplos entre muchos al que, quizás, podría ahora unirse 'Ajuar funerario'.

El número de la bestia

De los cien relatos originales, una selección de dieciocho, agrupados en tres grandes capítulos: Difuntos, infantes y monstruos. Y seis cuentos en cada uno de ellos así que, 6-6-6, el número de la bestia, seleccionados por el guionista Imanol Ortiz López (Bilbao, 1973), también productor de cortometrajes como 'Expreso nocturno' (2003) o 'Peter Pan' (2013), o director de series como 'Si vienes, repites' o 'Moda', ambas en 2018, en tanto consiga llevar a buen puerto su primer largometraje.

Una selección en la que, según cuenta el propio Fernando Iwasaki, no ha intervenido en absoluto, dejándola en manos del vizcaíno y con la que dice sentirse más que satisfecho. Inevitable, ahora sí, que cualquier lector vaya a discutirla, de igual forma que, de entre los cien microrrelatos originales, cada cual tenga sus favoritos. Nada que objetar porque, entre otras cosas, no existe ni un solo texto malo en el libro.

A cargo de los dibujos, Beñat Olea Irureta, nacido en Legazpi, ilustrador, licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, amante no solo del arte de las viñetas sino de la animación japonesa y portadista. Su ópera prima. Y para no prolongar la espera, el diagnóstico antes del análisis: Un trabajo soberbio.

Al cómic 'Ajuar funerario' no se le puede poner un solo pero. Las palabras fluyen, el ritmo narrativo es excelente y los dos autores parecen compenetrarse a la perfección. Los dibujos de Olea, que en muchos momentos beben de las mejores animaciones de Tim Burton, no son simples sellos, sino fruto de una comprensión profunda del lenguaje del cómic, aprovechando muchas de sus posibilidades y adoptando ciertos riesgos que siempre salen bien. Y Ortiz que no busca el protagonismo, siempre respetuoso con la obra de Iwasaki, aunque, como suele ocurrir cuando la obra es honesta, ese protagonismo es inevitable y digno de elogio. Puede que algún lector dé un paso atrás, porque el pánico al miedo le impida adentrarse en semejante habitación. Error. Error porque aprender a saborearlo es el camino a disfrutar de un cómic magnífico. Leer ahora en cómic 'Ajuar funerario', es un placer tanto si se conoce el libro como si no. En cualquier caso, el terror desde otro punto de vista. Un terror que no debe faltar en ninguna mesilla, justo antes de apagar la luz. Tranquilidad. Los monstruos de verdad no están allí.