Nicolás Petersen (Gundel Black Tatami): «El jiu-jitsu es un desafío constante entre lo físico y lo mental»

Nicolás ha dejado la red y el balón de voley por el kimono y el tatami para dedicarse por completo al jiu-jitsu.
/FOTOS: F. DE LA HERA
Nicolás ha dejado la red y el balón de voley por el kimono y el tatami para dedicarse por completo al jiu-jitsu. / FOTOS: F. DE LA HERA

Nuestro protagonista lleva más de un año al frente de Black Tatami, un pequeño gimnasio en el que sobre un tatami negro enseña jiu-jitsu

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Jiu-jitsu quiere decir 'arte suave' en japonés. Cuenta con miles de técnicas con las que 'suavemente' inmovilizar al adversario. Y así, suavemente, es como llegó el jiu-jitsu a la vida de Nicolás. En el camino del argentino se cruzaron el voley, el surf e incluso el levantamiento de piedras de Perurena, pero ha sido el jiu-jitsu el que lo ha inmovilizado. Con una llave suave, ha conquistado a nuestro protagonista que lleva diez años dedicado a este arte marcial. Desde hace más de un año, en Black Tatami, su gimnasio, enseña este 'arte suave' del que pocos pueden escapar.

-Cuenta la 'wikipedia' que el jiu-jitsu en Argentina lo introdujo Yoshío Ogata, quien lo enseñó a los oficiales de la Armada en 1906...

-Curioso. Sí, yo es un deporte del que siempre he sabido, pero no ha sido hasta hace diez años, más o menos, cuando me he dedicado en serio a él.

-Ogata utilizó el jiu-jitsu para dar clases de defensa personal, ¿sirve para defenderse?

-Bueno, el jiu-jitsu te enseña unas técnicas con las que no importa que una persona te saque 40 kilos de músculo, si no sabe jiu-jitsu... ¡va a perder! (Risas) Puede ser una forma de defensa, depende del ámbito.

-¿Tú buscabas defenderte?

-No, no. Es un deporte que siempre me había llamado la atención, pero no lo había probado. El primer deporte que me 'atrapó' fue el voley.

-Disculpa el tópico, pero siendo argentino...

-¡Pensaste que me gustaría el fútbol! Pues no, me he dedicado muchos años al voley. Incluso jugué en la selección argentina y participé en el proyecto para crear el equipo de voley del Bera-Bera.

-Espera, por partes. ¿De qué parte de Argentina eres?

-Yo soy de Necochea. Es una ciudad llena de emigrantes vascos.

-¿De ahí el 'toque' euskaldun?

-Bueno, recuerdo que de niño iba mucho a la Euskal Etxea a comer. Vi cantidad de veces a Perurena levantar piedras.

-¿Podías haber sido el primer argentino 'harrijasotzaile'?

-(Risas) Nunca probé, pero sí, lo recuerdo a la perfección. Del entrenamiento de voley iba mucho allí a comer. Luego también influye que mi abuelo era de Oñati.

-¿De Oñati?

-Sí, sí. Nació en Oñati, pero gran parte de mi familia son alemanes. Los más viejos del lugar aún lo recuerdan. Mi bisabuelo fundó una industria allí en Oñati y había muchos alemanes alrededor.

-Vaya cocktail: Perurena, voley, Oñati, alemanes...

-(Risas) Pues con esa combinación me vine de vacaciones siete días y me quedé once años viviendo en Donostia.

-¿Por qué viniste de vacaciones a Donostia y no a Oñati?

-No, vine de vacaciones a Irun.

-¡Mirá vos! Qué casualidad...

-Un amigo de mi abuelo, que es odontólogo, vive en Hondarribia. Vine a visitarlo a él, así que también vine a Irun. Me gustó tanto la zona que estuve viviendo once años en Donostia.

-¿Y el voley?

-Seguí jugando aquí, hasta que me ofrecieron entrenar a un equipo de Hernani.

-¿Cómo fue eso?

-En verano yo iba mucho a la playa a practicar y gané algún torneo que otro. Ahí conocí a mucha gente del mundo del voley que después, durante el invierno, jugaban indoor. Un entrenador de Hernani me ofreció entonces entrenar a uno de sus equipos. Luego, surgió el proyecto que presentamos al Bera-Bera para crear el equipo de voley.

-¿También fuiste entrenador del Bera-Bera?

-Sí, sí. Participé en su fundación y luego fui entrenador un tiempo.

-¿Cómo fue ponerte tan lejos de la red y el balón?

-Recordé a mis entrenadores. Sentí todos los dolores de cabeza que les dimos. (Risas)

-¿Por qué abandonaste el voley entonces?

-Las lesiones eran muy fuertes y continuas. Además, he descubierto que no soy de deportes en equipo. A mí me gustan los deportes individuales, por eso empecé con el jiu-jitsu, un deporte individual que siempre tuve en mente.

-¿Cuándo te pusiste en serio con el jiu-jitsu?

-En el 2010, ahí empecé a entrenar a tope varias veces al día. En ese momento también descubrí que sufría una enfermedad, lo que hizo que me dedicara aún con más ganas.

-¿Por qué? ¿Qué te pasó?

-Me di cuenta de que no podía respirar bien luchando en el tatami. Creía que era porque utilizaba mucha fuerza, pero me hice varias pruebas y descubrí que tengo una enfermedad autoinmune.

-¿Puedes seguir sobre el tatami?

-Sí. En el jiu-jitsu, si eres muy técnico, no necesitas tirar tanto de físico. Mi 'handicap' me ha hecho desarrollar mejores técnicas para ser más efectivo. El jiu-jitsu es un desafío constante entre lo físico y lo mental. Ese desafío me mantuvo con ganas de aprender más y más.

-Más y más hasta llegar a montar tu propio gimnasio, ¿verdad?

-La idea de Black Tatami surgió a raíz de querer dar clases a mi manera, a mi forma. Yo no quiero fomentar el ego, yo fomento todo lo contrario. Además, soy más partidario del jiu-jitsu tradicional. Mi maestro es de mi misma filosofía, él es un brasileño que este año ha ganado 17 medallas de oro. Al contar con su apoyo me animé a poner el gimnasio.

-¿Qué haces para controlar el ego de tus alumnos?

-Los amedrento, los educo. Por ejemplo, yo en un combate nunca festejo hasta que el arbitro me levanta el brazo. Mi maestro es así y así me lo ha enseñado. El jiu-jitsu te da poder, pero no hay que administrarlo mal. Mis alumnos más jóvenes saben que si utilizan mal lo que aprende, van a perder el derecho a venir a clase. Me dicen que soy el único profesor que mola, así que son obedientes para continuar en clase.

-¿El jiu-jitsu es para todos los públicos?

-Sí, sin duda. En mi gimnasio está prohibido decir «no puedo». Si no puedes, tienes que hacerte a un lado, descansar y volver a intentarlo. Es un deporte duro en cuanto a asumir que pueden inmovilizarte o someterte, pero el trabajo físico, el entrenamiento, es para todos igual. Hombres y mujeres, todos pueden.

-Estamos acabando y me resisto a creer que no te guste el fútbol...

-(Risas) Te confesaré que cuando juega la selección argentina me pongo nervioso. Nada más. Ni comiendo todos los días en el Mariño han conseguido que cambie de idea.

-¿Y has conseguido que Javier Mariño pruebe el jiu-jitsu?

-(Risas) Todavía no, pero lo intento cada día. Mientras comemos, ellos me hablan de fútbol todo el rato y yo a ellos, para contradecirles, de jiu-jitsu.

 

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