Una bendición de opilas a lo grande

Un mar de opilas. Desde la iglesia hasta la avenida de Navarra, la plazoleta del Juncal se llenó de gente que acudió a bendecir sus opilas. /  FOTOS: F. DE LA HERA
Un mar de opilas. Desde la iglesia hasta la avenida de Navarra, la plazoleta del Juncal se llenó de gente que acudió a bendecir sus opilas. / FOTOS: F. DE LA HERA

Cientos de personas llenaron la plazoleta del Juncal para disfrutar de la entrañable tradición de San Marcos | La madrina gigante de Ondare Kultur Elkartea fue la invitada sorpresa del acto de ayer

JOANA OCHOTECO IRUN.

¿Qué se le puede pedir a un día de San Marcos para que sea redondo? Esta festividad bidasotarra ya tiene por sí misma muchos de los ingredientes para obtener un resultado perfecto: los ricos bizcochos de almendra, el cariño con el que las madrinas los regalan a sus ahijados y el aroma de una de las tradiciones más entrañables a este lado del Bidasoa. Si a eso le sumamos que la jornada caiga en plenas vacaciones escolares y le restamos la lluvia, el resultado es un día de opilas a lo grande.

Pero la bendición celebrada ayer junto a la iglesia del Juncal tuvo un matiz aún mayor. Gigante, de hecho. Los cientos de personas que iban llegando a media mañana a la plazoleta se encontraron con la figura de la madrina de Ondare Kultur Elkartea: junto con otros cinco nuevos gigantes de la asociación, «presentamos a la madrina en noviembre», recordaba Iñigo Mangas, de Ondare. Y, ayer, «la opila había que bendecirla, así que la hemos traído». Todas esas nuevas figuras, relacionadas con la historia y tradiciones de Irun, son especiales, pero la de la madrina «es la que tiene más goxotasuna, cariño y ternura». Tanto la madrina como el resto de sus compañeros gigantes de Ondare estarán muy presentes en distintos actos próximamente: «a partir de mayo, ya no paramos», adelantó Iñigo Mangas.

Un día para compartir

El párroco del Juncal, Fernando Jiménez, también hizo alusión a la figura de la madrina durante el acto de bendición de las opilas: «¿Cuántos huevos tiene la suya? ¿Dos?», preguntaba, intentando atisbar el bizcocho que porta la gigante en una de sus manos. «¡Cinco!», respondió el gentío. El párroco aprovechó para recordar que «esto no es un concurso: quizá algunos os hayáis fijado en si vuestra opila es más o menos grande que otras... Pero cuando os hacen un regalo, lo primero que tenéis que decir es 'eskerrik asko'. Vuestras madrinas os han regalado las opilas con mucho cariño». Fernando Jiménez animó también a «compartir» esas opilas: «no es para comerla solo, no es como andar con el móvil o la tablet. Esto otra cosa, se trata de compartir».

La bendición de ayer pudo llevarse a cabo «sin problemas climatológicos, como los hubo el año pasado», recordaba Fernando Jiménez. De hecho, en 2018 fue necesario celebrar dos bendiciones en el Juncal: una en el interior de la iglesia, a cubierto de la lluvia, y otra en el exterior, bajo paraguas. Si bien la climatología favorable de ayer contribuyó a hacer del día de San Marcos una jornada más lucida, esta festividad es siempre, llueva o no, «breve pero bonita, intensa y profundamente arraigada en nuestro pueblo», como recordó Fernando Jiménez.

Eso sí, la ausencia de lluvia propició que pudiera cumplirse otra de las tradiciones de cada 25 de abril: comer la opila en el monte. Pero «a ver cómo queda la naturaleza después», advirtió el párroco. «La naturaleza tenemos que cuidarla, y también la amistad».

Las campas del entorno de Ibarla o de San Marcial fueron la opción elegida por muchos para disfrutar de un almuerzo o merienda a base de bizcocho de almendras. En la ermita de San Marcial se celebró también una bendición de opilas, que condujo el párroco Iñaki Larrea. Otras parroquias de Irun conmemoraron también esta festividad.