Diario Vasco

El Obispado de Donostia reconoce el primer caso de abusos en la Iglesia vasca

Juan Cruz Mendizabal, delante de la parroquia de San Ignacio en Gros.
Juan Cruz Mendizabal, delante de la parroquia de San Ignacio en Gros. / MIKEL FRAILE
  • Relevó en abril de 2016 al vicario general, 'Kakux' Mendizabal, por tocamientos a dos menores

  • La Diócesis de San Sebastián, que juzgó al sacerdote, pide «perdón a todos» y los afectados creen que puede haber un tercer caso

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El Obispado de San Sebastián apartó en abril de 2016 al entonces vicario general, Juan Cruz Mendizabal, 'Kakux', tras declararle culpable de «los tocamientos deshonestos realizados a dos menores en 2001 y en 2005». Según reveló ayer la Diócesis de San Sebastián, el sacerdote, muy conocido en Donostia sobre todo por su labor pastoral con los jóvenes, fue juzgado por un tribunal canónico que consideró «probada la veracidad de las acusaciones» vertidas contra él por los dos afectados, que el pasado mes de marzo decidieron dar el paso de acudir al obispo, José Ignacio Munilla, para contarle lo que les había ocurrido.

Estas dos personas denunciaron que los tocamientos deshonestos se realizaron cuando 'Kakux' Mendizabal ejercía de sacerdote en la parroquia de San Vicente de la Parte Vieja donostiarra y como responsable del grupo de tiempo libre Xirimiri Gazte taldea. El sacerdote también ha sido párroco de la parroquia de San Ignacio de Gros, donde se hizo muy popular por sus singulares maneras de oficiar misa. Tras ser relevado de su cargo como vicario y en Gros, el Obispado dijo que 'Kakux' había alegado motivos personales para tomarse al menos un año sabático.

Ahora se sabe que tras aquel relevo se ocultaba la sentencia del primer caso de abusos sexuales en la Iglesia vasca que se ha considerado demostrado. En un comunicado difundido ayer, la Diócesis señala que, tras recibir la denuncia de los dos feligreses, «en estrecha colaboración con la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe y siguiendo ritualmente el protocolo canónico establecido para tratar estos casos, se crearon todas las condiciones jurídicas materiales y procesales para que, con imparcialidad y equidad, se pudiera comprobar la veracidad de los hechos denunciados, se tutelaran debidamente los derechos de las víctimas y del sacerdote acusado y se salvaguardara la integridad y la buena fama de todas las partes implicadas». Además, añade la Diócesis guipuzcoana, «se informó a los dos denunciantes de su legítimo derecho de entablar en todo momento las oportunas acciones civiles, no obstante la prescripción en este foro de tales hechos, y se acogió su voluntad expresa de preservar su anonimato».

Arrepentimiento

En el proceso al que fue sometido, el sacerdote fue considerado culpable y se le impusieron «diversas penas expiatorias y otras medidas administrativas y disciplinares». En la actualidad, y «después de haber manifestado su profundo arrepentimiento por los hechos cometidos y habiendo acogido con espíritu sacerdotal la mencionada decisión», el exvicario «sigue en estos momentos un proceso terapéutico psicológico y espiritual, colaborando en la reparación de lo ocurrido».

El comunicado de la Diócesis es más que el reconocimiento de unos hechos que hasta ahora se han mantenido en la más absoluta discreción. Supone también una petición de perdón por parte de la comunidad diocesana de Gipuzkoa. «Desde el dolor y la vergüenza por unos hechos que han lesionado la santidad del sacerdocio y han herido profundamente la comunión», la Diócesis de San Sebastián pide «a todos perdón» y expresa su «compromiso para que en la medida de lo posible estos actos no se repitan».

La declaración de la Diócesis de San Sebastián se produjo horas después de que los dos afectados por los abusos hicieran pública una nota en la que cuentan su experiencia. Estas dos personas, que piden «comprensión para que se respete nuestra intimidad, ya que nos parece que no sería justo que lo acontecido condicionase nuestra vida más de lo que ya ha hecho», habían optado por «mantener la discreción durante un largo tiempo». Pero han decidido dar a conocer «unos abusos acontecidos en los años 2001 y 2005 que marcaron nuestras vidas», después de que se hayan extendido entre los feligreses «los rumores sobre otro posible caso de abusos» cometidos al parecer por el mismo sacerdote. «Estos rumores abren un nuevo escenario en el que cambian las circunstancias anteriores». Por ese motivo, afirman, «ha llegado el momento de hacer público lo ocurrido».

Bien acogidos

El relato que realizan no difiere del contenido del comunicado emitido ayer por la Diócesis. Los autores del escrito señalan que acudieron ante José Ignacio Munilla en marzo de 2016 y se muestran satisfechos por su reacción. «Queremos dejar claro que nos sentimos correctamente acogidos y atendidos por el obispo y por la Iglesia, y que nos recomendaron desde el principio acudir a la vía civil, haciendo ver que también existía la posibilidad de la denuncia en el marco eclesial», aseguran.

«Pensando que el nuestro era un caso aislado y por llevar las cosas con el mayor sigilo posible, por voluntad propia decidimos ir por vía eclesial», explican los afectados, que han decidido hablar «para que no se digan medias verdades». Y sobre todo, «para animar a las posibles víctimas que pudieran permanecer ocultas a que salgan a la luz». «A nosotros nos ha ayudado mucho haber dado este paso», dicen.

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