Sólo el 22% de los condenados sigue la terapia contra la violencia de género

Combo de rostros de mujeres, maquillada como si hubiesen sufrido una paliza, que participaron en una protesta contra la violencia de género. /Reuters
Combo de rostros de mujeres, maquillada como si hubiesen sufrido una paliza, que participaron en una protesta contra la violencia de género. / Reuters

El 15% de los penados españoles cometieron agresiones machistas, según el Gobierno, y la mayoría se niega a seguir el tratamiento en la cárcel

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Cuando un agresor, condenado por violencia de género, llega a la cárcel se le plantea la posibilidad de realizar un programa para controlar este tipo de conductas. Es una medida que favorece su reinserción y le ayuda a lograr prerrogativas penales. Sin embargo, del total de penados en cárceles españolas, sólo el 22% cursa estos tratamientos, según una respuesta parlamentaria del Gobierno, que abarca las prisiones de la Administración General del Estado y, por tanto, no incluye las catalanas. Actualmente, en 77 prisiones bajo esta jurisdicción hay 1.521 internos que realizan el programa. Lo usual es que menos de la cuarta parte de la población condenada por este tipo de crimen acepte la terapia. En algunos centros de mayor tamaño, los que se someten a terapia no superan el 15%.

Estos tratamientos, llamados 'Programa de intervención para agresores de violencia de género en medidas alternativas', tienen carácter grupal, están dirigidos por psicólogos y se realizan en sesiones semanales. Con una duración media de un año, tienen como misión «erradicar las conductas violentas, reducir el nivel de reincidencia de los participantes, modificar factores de riesgo, mejorar el funcionamiento psicológico de los participantes, facilitar la receptividad de los penados mediante un enfoque positivo», explica Instituciones Penitenciarias. «En los últimos cinco años, este programa se ha desarrollado en una media anual de 51 centros, afectando durante ese periodo a la mayoría de los establecimientos», asegura el Gobierno en su contestación al diputado Jon Iñarritu de Bildu.

En las cárceles hay 6.775 hombres que cumplen penas por violencia de género, lo que representa un 15,5% del total de penados en España (43.466 personas). Mientras que también hay 585 presos, por medidas preventivas, que no pueden optar aún a asistir a estos programas. Representan casi un 8% de esta clase de reclusos.

Programa prioritario

Ante la pregunta sobre la «variación anual de la cantidad de internos por violencia machista en los últimos 20 años», el Gobierno responde que en 1998 los hombres en prisión por delitos contra la libertad sexual y por agresión, abuso y acoso sexuales -como se tipificaba en los 90- era de 1.570, y 20 años después son 3.290. Más del doble, con un incremento anual del 10%, especifica.

Sin embargo, como los delitos de violencia de género se incorporaron al Código Penal en 2004, el Gobierno explica -en el documento fechado el 26 de julio- que no puede hacer un cálculo histórico para las agresiones machistas. «Al hilo de los cambios legales y de unas actuaciones judiciales más contundentes, ha aumentado considerablemente (desde 2005) el número de personas condenadas en las cárceles por violencia de género», asegura el estudio más citado en el ámbito de los programas de violencia de género en las cárceles, realizado por Enrique Echeburú y Javier Fernández-Montalvo, publicado en 'International Journal of Clinical and Health Psychology'. Implementado en 2001, con una revisión profunda en 2015, «el programa se considera prioritario para la administración penitenciaria», que se ampliará gracias a la «incorporación de nuevos psicólogos, consecuencia de la amplia oferta de empleo público», estipula el Gobierno.

El tratamiento consta de tres fases: 'motivación', donde se trata de eliminar las resistencias de los presos, el gran escollo en la aplicación de la terapia dentro de las cárceles; la de 'intervención', en la que se aborda el autocontrol, la autoestima, la empatía, los esquemas sexistas; y la de 'seguimiento', donde se evalúan los cambios. «Se experimentan diversos cambios significativos tras el tratamiento», sotienen Echeburú y Montalvo. «Hay una modificación de las cogniciones previas en relación con las actitudes negativas sobre la mujer y sobre el uso de la violencia». Como seguir la terapia es una decisión personal y voluntaria del convicto, el punto crucial sigue siendo la motivación. Y estar dispuesto a quebrar sus convicciones y esquemas.