NUEVO CURSO EUROPEO 2018-2019: ESPAÑA DEBE SER PROTAGONISTA EN ESTA ETAPA CRUCIAL DE LA UNIÓN EUROPEA

De aquí al domingo 26 de mayo del próximo año, fecha de la celebración de las elecciones europeas, la UE se juega en gran medida su ser o no ser, o dicho de otra forma, seguir siendo el mayor espacio de derechos y libertades del mundo

Bandera de la Unión Europea. /Reuters
Bandera de la Unión Europea. / Reuters
ANTONIO GUTIÉRREZ LIMONES portavoz en la Comisión mixta Congreso – Senado de la UE

La vuelta a la actividad política tras el descanso estival nos sitúa ante uno de los periodos más críticos de la historia de la construcción europea desde que se dieran sus primeros pasos con la firma del Tratado de Roma en 1957. De aquí al domingo 26 de mayo del próximo año, fecha de la celebración de las elecciones europeas, la UE se juega en gran medida su ser o no ser, o dicho de otra forma, seguir siendo el mayor espacio de derechos y libertades del mundo.

Nos enfrentamos a un periodo de decisiones trascendentales que en los últimos años han venido postergándose por la falta del necesario impulso político de los Estados miembros y sus líderes. Salvada la crisis de las elecciones francesas y el riesgo de ver instalada en el Elíseo a la líder ultraderechista Marine Le Pen, pareciera que hayamos entrado en una suerte de peligrosa relajación, aprovechada por los colegas populistas y xenófobos de la política gala. La ola ultra avanza posiciones en Europa, lo ha hecho en Hungría, Polonia, Eslovaquia, Austria, Alemania y, recientemente, en uno de los países fundadores de la Unión y Estado nuclear de la misma, Italia.

Este avance extremista que basa su discurso en el antieuropeísmo, debe encontrar de inmediato un relato eficaz por parte de los que defendemos la UE como la mejor experiencia de la historia de nuestro continente. Nunca Europa ha gozado de mayores cotas de progreso y bienestar que bajo su bandera azul de la unidad. Y en ese afán por poner límites y fronteras a los que pretenden devolvernos a tiempos pasados de enfrentamientos nacionalistas, la izquierda europea debe convertirse en la principal protagonista de la recuperación del espacio político de la convivencia. Es desde las ideas y el discurso socialdemócrata donde podemos encontrar mayores fortalezas para apartar a los electores europeos del recurso fácil del voto a opciones extremas.

La agenda europea inaplazable

El número y la dimensión de las tareas pendientes si queremos llegar a los comicios europeos con un saldo favorable para que los ciudadanos sigan apostando por la Unión, resulta abrumador. En primer lugar, acabar con la crisis de los refugiados e inmigrantes que tratan de buscar una vida digna dentro de nuestras fronteras. Esa misión de dignidad humana, es a la vez una necesidad ante el perfil envejecido demográfico de nuestros Estados. Ellos y nosotros nos necesitamos dentro de un proceso ordenado de integración, junto a una política de cooperación en los países de origen de África. La solución o es de conjunto europea o no será. En este sentido, el reciente encuentro de la canciller Merkel y el presidente Sánchez en Doñana, marca un hito y una senda en el camino más adecuado para acometer este auténtico reto europeo.

Además, antes de final de año, debemos haber alcanzado un acuerdo sobre el Brexit que evite situarnos a europeos y británicos ante el abismo de una ruptura no negociada de su salida de la Unión. Resulta esperanzador el ámbito de discusión informada que abren las normas técnicas publicadas por el Gobierno de Reino Unido, documentos que muestran el conjunto de desventajas con las que todos veríamos comprometida nuestra prosperidad. Es lamentable que sea ahora, en la llegada al punto de decisión, cuando sepamos que incluso tener una mascota es un hecho afectado por la salida de la UE. Las consecuencias de ese escenario serían nefastas para los ciudadanos y para las empresas que comparte intereses en los dos territorios. La unidad de los líderes en referencia a las líneas rojas negociadoras de la UE, ha sido y sigue siendo fundamental para salvaguardar nuestros intereses, pero no debemos olvidar la máxima de que un mal acuerdo siempre es mejor que un desacuerdo. Suceda lo que suceda la experiencia debería servir para que la opinión pública exigiera que las notas técnicas se redactaran antes de votar. Así la ciudadanía podría votar si quiere o no tener frontera, en qué condiciones quiere viajar o vivir fuera del Reino Unido, etc. Es mejor votar cosas reales, con consecuencias identificadas. Una mala noticia para los fabricantes de mitos y una buena ocasión para fortalecer a nuestras sociedades frente a este tipo de «soluciones mágicas».

A todo ello, se une la guerra comercial lanzada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump contra las exportaciones europeas. La vuelta al proteccionismo impulsada por el país que más ha hecho en su historia por el libre comercio, es un contrasentido que debemos hacer frente con más competitividad en nuestra industria, más innovación, más fortalecimiento de las herramientas de nuestro Mercado Interior y la conclusión de la Unión Bancaria y Monetaria, con la creación de una Reserva Europea y la apuesta por un presupuesto único en la zona euro.

España, que debe ser protagonista, ha empezado a serlo

En este contexto, España está recuperando su posición de protagonismo que ha tenido en momentos cruciales de la Unión. La pérdida de peso político en la toma de decisiones de la UE durante la última legislatura y el inicio de esta, bajo los gobiernos de Mariano Rajoy, ha debilitado nuestra capacidad de influencia en las políticas europeas. Es urgente ponernos a la cabeza del europeísmo y, en ese sentido, la configuración del primer gobierno de Pedro Sánchez no deja lugar a dudas.

España está liderando la visión más progresista de la Unión. Solo desde la defensa a ultranza del Estado de Bienestar podemos acercar a los ciudadanos a la necesaria defensa de nuestras instituciones europeas. Debemos recordar siempre que es la desprotección, el sentimiento de ruptura del contrato social que nos constituye como sociedad, lo que abrió las puertas a viejos fantasmas. Tenemos que ser útiles y eficaces, en el día a día de las personas, que sientan y noten que la política europea les produce más beneficios que perjuicios. . Más allá del cálculo, o la constancia de lo difícil afianzarse en el mundo sin estar unidos como europeos, están nuestros valores: somos el sistema, imperfecto, que todo el mundo quiere: democracia, derechos sociales, libertad de empresa, división de poderes…

Esta tarea que se inicia en septiembre no se circunscribe al trabajo político de la Eurocámara en Bruselas, debe impregnar la acción de nuestro Ejecutivo y del Congreso y el Senado. Si no somos conscientes de que en estos momentos el futuro de España se juega en Bruselas, el futuro de nuestra civilización y nuestros valores compartidos dependerá de lo que hagamos en los próximos meses, nos arriesgamos a perder una vez más el sueño de una Europa Unida y estaremos más cerca de la pesadilla de una Europa sobre la que otros tratan de influir o, lo que sería peor, en la que países hermanos viven enfrentados. Ya hemos visto otras veces cuál es el destino de cada una de estos proyectos: paz y prosperidad, frente a invasiones y guerras.

La Unión Europea ha dado a España la oportunidad histórica de la mayor modernización de nuestro país en menos tiempo. Ahora toca hacernos adultos y asumir la responsabilidad que como uno de los más importantes Estados miembros nos corresponde. No podemos fallar.

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