Ruanda conmemora el genocidio de 1994

Calaveras y crucifijos de algunas víctimas del genocidio de Ruanda. / Efe

La recuperación del país está simbolizada sobre todo por el desarrollo económico

COLPISA / AFP

Ruanda conmemora este domingo el 25º. aniversario del genocidio de 1994 y sus 800.000 muertos, una tragedia de la que pudo sobreponerse pero que sigue proyectando su sombra en el país. Acompañado de dignatarios invitados, especialmente africanos, el jefe de Estado ruandés Paul Kagame encenderá por la mañana una llama de recuerdo en el memorial de Gisozi en Kigali. Luego por la tarde, pronunciará un discurso en una ceremonia en el estadio Amahoro (Paz).

Esta jornada abrirá una semana de actividades relacionadas con el genocidio, con debates y reflexiones sobre diversas temáticas, y programas de sensibilización en todo el país, así como un duelo oficial de cien días, que se acabará el 4 de julio.

Para los sobrevivientes, la conmemoración del genocidio sigue siendo un acontecimiento difícil que hace resurgir las imágenes de las matanzas que costaron la vida entre abril y julio de 1994 a al menos 800.000 personas, según la ONU, especialmente entre la minoría tutsi.

Las masacres, perpetradas por las Fuerzas Armadas Ruandesas (FAR) y los milicianos hutu Interahamwe, así como por muchos civiles hutu exaltados por la propaganda antitutsi, comenzaron el 7 de abril de 1994, luego del asesinato del presidente Juvenal Habyarimana, un hutu.

La matanza terminó el 4 de julio con la entrada a Kigali de la rebelión tutsi del Frente Patriótico Ruandés (FPR), dirigido por Kagame. Líder de Ruanda desde entonces, encabezó la recuperación de su país, que salía de la nada.

La recuperación del país está simbolizada sobre todo por el desarrollo económico de Ruanda, del que Kigali se volvió la vitrina moderna. Este progreso se vio favorecido en gran parte por la ayuda recibida de la comunidad internacional, que se sentía en deuda por su falta de acción durante el genocidio.

Al prohibir toda referencia al origen étnico en la vida pública y priorizar la justicia para las figuras clave del genocidio con ayuda de los tribunales populares (gacaca), las autoridades lograron hacer coexistir pacíficamente a verdugos y víctimas.

«En 25 años, lo que logramos cumplir, en lo que se refiere a tratar de aproximarse de nuevo, es verdaderamente extraordinario», indica Bruce Muringira, de 24 años, quien como la mayoría de los ruandeses (7 millones de 12) no había nacido en la época del genocidio. Este estudiante de Kigali muestra una visión lúcida sobre los desafíos que aun le esperan al país. «Vemos aún hoy que no es perfecto, pero hacemos esfuerzos par encontrar medios para vivir de manera armónica», agregó.

Todas las heridas de la tragedia no han cicatrizado. La reconciliación tan celebrada es aún imperfecta. Para las familias de las víctimas, el perdón sigue siendo difícil de otorgar cuando los cuerpos de sus familiares no han sido recuperados o que los asesinos escaparon a la justicia.

Para muchos críticos del régimen, el aparente consenso social solo es el resultado del autoritarismo de Kagame. Respetado en África, el presidente ruandés es acusado en Occidente de no respetar la libertad de expresión y callar a la oposición.

La Ruanda posgenocidio, que no ha conocido a otro líder, le debe mucho por la cohesión. Percibido como un agudo mentor, nunca ha dejado emerger un relevo que pueda reemplazarlo.

Este 25º aniversario ocurre en un clima diplomático más tranquilo que hace cinco años. En 2014, Kagame, quien desde siempre reprocha a Francia de haber sido cómplice del régimen del genocidio, provocó la furia del gobierno francés al acusar a su ejército de haber participado en las masacres.

Francia no estará representada en las ceremonias. Este año, Ruanda invitó a Emmanuel Macron a ir a Kigali. El jefe de Estado francés declinó la propuesta invocando problemas de agenda, pero el rechazo no molestó a Kagame, con quien mantiene relaciones cordiales. En su lugar, acudirá el diputado Hervé Berville, un huérfano tutsi ruandés adoptado por una familia francesa en 1994.

Le presidente francés no será el único ausente importante. Distinto a su antecesor Ban Ki-moon, quien consideró en 2014 que la ONU debió haber «hecho mucho más» para impedir el genocidio, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, no irá tampoco a Ruanda.

El presidente Macron, quien recibió el viernes en el Elíseo a la asociación Ibuka Francia dedicada al «apoyo de los sobrevivientes» y a la «memoria» del genocidio, anunció oficialmente la apertura de una comisión de historiadores de «todos los archivos franceses» sobre la periodo 1990-1994, una promesa hecha en mayo de 2018 tras un encuentro con el presidente Kagame.

Desclasificaciones parciales de los archivos sobre Ruanda ya tuvieron lugar, pero asociaciones e historiadores siguen reclamando el acceso a la totalidad de esos archivos sensibles, algunos de los cuales ya fueron destruidos.