Ninguna de las huellas halladas era de Pablo Ibar

Pablo Ibar. /EFE
Pablo Ibar. / EFE

La Fiscalía trata de demostrar que la cadena de custodia con las puebas de ADN no se rompió

J. P. SAN SEBASTIÁN.

La última jornada del juicio que se sigue contra Pablo Ibar fue prácticamente de trámite. La Fiscalía llamó esta vez al estrado a un experto en huellas dactilares. Se trata de Mesick, el nuevo especialista en dactiloscopia.

En la vista quedó patente que, una vez aplicados los estándares de 2018 a las huellas recogidas en el lugar del crimen, ninguna de ellas coincide con las de Pablo Ibar. No obstante, la Fiscalía afirmó que, dada la calidad de las mismas, varias de ellas habían pasado de no ser «coincidentes» con las de Pablo a la categoría de «no ser concluyentes». Fue una cuestión de matices a la que la propia acusación tampoco dio demasiado importancia, consciente también de que se trata de un argumento no concluyente.

Posteriormente, el fiscal llamó al detective Shinaberry que fue la persona que tomó las muestras de sangre de las víctimas, que introdujo en un frasco y que luego fotografió. Fuentes de la defensa sostienen que la finalidad que se persigue con este testimonio esta vinculado con la cadena de custodia de las muestras de ADN que se extrajo a las víctimas.

La Fiscalía trata de poner de manifiesto que todas las pruebas obtenidas se mantienen intactas tal como se recogieron en la escena de los hechos. Sin embargo, la defensa sostiene que no es así y que el rastro genético de Pablo que ahora ha aparecido en una camiseta que se encontró en la vivienda en la que se perpetraron los asesinatos es producto de una contaminación que se pudo producir en los laboratorios.