Las mujeres también llevan el volante del autobús

Ane Iglesias, al volante de un autobús público de Dbus. / ARIZMENDI
Ane Iglesias, al volante de un autobús público de Dbus. / ARIZMENDI

Ane Iglesias es conductora, sabe que puede encontrarse con actitudes machistas, pero confía en un saludo educado como mejor herramienta

A. V. SAN SEBASTIÁN.

Ane Iglesias conducía el autobús turístico de San Sebastián cuando subió al vehículo una familia venezolana de padre, madre, hijo e hija, ambos veinteañeros. Los varones se quedaron junto a ella durante un rato, las mujeres fueron a sentarse para buscar una buena atalaya desde la que disfrutar el paisaje. «El padre empezó a decir al hijo, 'mira, una mujer conductora, qué guapa y qué bien maquillada va'». Ane sonrió, no respondió a nada y escuchó la siguiente frase. «A ti te han contratado por guapa o por ser buena conductora...», decía el padre de familia con esa cara pícara que algunos identifican con cumplido y que nadie les ha pedido. «No hay que entrar en el juego, o en rifirrafes, ni contestar, porque eso solo te puede proporcionar problemas y desde luego ningún beneficio. Piensas en que tienes que tener paciencia, en que este tipo de 'gracias' no tiene que afectar a tu trabajo ni a la conduccción y en que lo mejor es el respeto».

No entrar en el juego

Ane está ahora en la bolsa de la Compañía del Tranvía, estos días conduciendo en las líneas del autobús urbano de San Sebastián. «Tampoco aquí hay que entrar en el juego porque no vas a conseguir nada. Además soy consciente de que en cualquier tipo de trabajo en directo con el público puedes encontrarte con este tipo de situaciones, con esos 'oye rubia', 'oye bonita' dicho con cierto menosprecio. Lo mejor es hacer tu trabajo lo mejor posible».

Ane respira hondo ante esas situaciones desagradables. Sonríe, da los buenos días a cada viajero que sube al autobús urbano y sonríe. Arranca, ha oído algún murmullo que le acusa de ir con retraso y desde la carretera, en el carril de al lado, un motorista le grita: «Pero ¿dónde te has sacado el carnet?».

Sigue concentrada, nadie le va a quitar la sonrisa. Ni siquiera el que tres paradas más adelante de la línea de Egia escuche desde la ventanilla bajada eso de «mujer tendrías que ser».

Solo hay cuatro mujeres taxistas entre las 311 licencias que funcionan en San Sebastián

«¿Sabes? Este trabajo tiene también cosas buenas. No llevo mucho tiempo en Dbus, pero me he encontrado, por ejemplo, con una mujer mayor que me recuerda a mi amona y en la que siempre me fijo para acercar más el autobús a la acera para que pueda bajar con más facilidad. Me hace ilusión que me reconozca cuando me ve al volante. Son historias que pasan todos los días y que son bonitas para esta profesión. Yo estudié administrativo en ISSA, pero siempre me ha gustado conducir y mi entorno me animó». Ninguna de las cuatro taxistas que circulan en San Sebastián quiere responder para este reportaje. Son pocas, una minoría escuálida entre las 311 licencias que funcionan en la capital guipuzcoana y todas agrupadas en la misma compañía, Easo. También hubo taxistas femeninas en la otra entidad, en Vallina, pero se jubilaron y no ha habido más peticiones para ganarse la vida al volante del servicio público.

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