Miren Ortubay: «Hay que preguntarse por qué las mujeres retiran las denuncias»

Miren Ortubay, en Tolosa. /Royo
Miren Ortubay, en Tolosa. / Royo

«Las mujeres deben sentir que no se cuestiona lo que están contando, que creemos lo que dicen para reducir el sufrimiento»

Elisa Belauntzaran
ELISA BELAUNTZARANTolosa

Miren Ortubay es doctora en Derecho Penal y profesora en la Universidad del País Vasco, criminóloga y especialista en violencia sexista. La exasesora jurídica del Ararteko (Defensoría del Pueblo del País Vasco) defiende que aquellas mujeres que denuncian una agresión «deben sentir que no se cuestiona lo que están contando» para así «reducir el sufrimiento».

– La entrada en vigor de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género entró en vigor hace 15 años, ¿cuáles han sido sus éxitos?

– Su principal éxito es existir, ha dado resultados y ha ayudado a muchas mujeres. Durante mucho tiempo, cuando se empezó a tomar conciencia del problema estructural de la violencia sexista, esta quedaba oculta, diluida en el seno de la violencia familiar o doméstica. El que se defina y se delimite la violencia de género como violencia contra las mujeres es un éxito. La definición que hace la ley de ese fenómeno es bastante limitada y deja fuera bastantes manifestaciones de violencia sexista, pero es un avance. También lo es que se reconozcan que son derechos de las mujeres. Es decir, que es una responsabilidad de los poderes públicos garantizar la vida, la dignidad y la libertad de la mitad de la población.

– ¿Qué necesitan las mujeres que denuncian además de una ley?

– No hay que quedarse solo en el castigo al agresor y en la respuesta que el sistema penal da a las mujeres, una indemnización y poco más. Cuando consigues una condena del agresor tienes acceso a determinados derechos y prestaciones, pero el problema es que ese apoyo, sobre todo, el psicológico, pero también una buena atención jurídica e información de qué va a suponerle entrar en el sistema penal, habría que dárselo a las mujeres antes de la denuncia para apoyarlas en ese proceso y para que no se echen atrás porque no era eso lo que ellas buscaban o necesitaban.

– ¿Cuál es el camino?

– El único camino efectivo para que desaparezca o disminuya la violencia contra las mujeres es avanzar en igualdad. Y para ello hay que tener una educación igualitaria, que no es lo mismo que la educación mixta. Solo con mezclar niños y niñas en clase no se hace una educación igualitaria. Además, no sirven de nada las campañas si después de las noticias viene un anuncio sexista o si gente con autoridad hace declaraciones machistas y despectivas hacia las mujeres. Avanzar en la igualdad es convencernos de que el machismo nos hace daño a todos, sobre todo a las mujeres, pero también a los hombres, a los que encasilla en esos papeles absolutamente desfasados y frustrantes. Solo si nos convencemos de que con igualdad avanza toda la sociedad, avanzaremos.

– ¿Qué políticas públicas tiene que haber respecto a las mujeres que han sido víctimas de la violencia doméstica?

– Las políticas públicas tienen que ir por donde están yendo. Los cambios que ha habido, los avances, son innegables. Con la ley integral se ha mejorado muchísimo en la atención a las mujeres que sufren violencia, hay muchas mujeres que están saliendo de situaciones de violencia gracias a ella, y en ese sentido hay que seguir profundizando, mejorando la coordinación, mejorando en la atención a las mujeres, pero uno de los errores ha sido darle demasiada importancia a la vía judicial, a la vía penal y esa vía tiene muchos límites para las mujeres. Entonces lo que hay que hacer es replanteárnoslo y reforzar pues todo lo que ocurre antes y después de la denuncia fuera del juzgado.

– ¿Endurecer las penas ante agresiones como la de 'La Manada' es suficiente?

– La indignación no solo frente a la violencia machista sino también a las respuestas judiciales que se ha dado a esa violencia ha sido uno de los motores de todas las protestas y manifestaciones del año pasado. Es una energía un poco peligrosa, porque el miedo y la rabia son muy manipulables y parece que lo que se está pidiendo son más penas y eso, son determinadas manipulaciones de las reivindicaciones feministas, porque lo que estamos pidiendo las feministas primero es que se crea a las mujeres, se escuche su experiencia, su sufrimiento y los daños que han tenido y que se responda a eso y se reconozca. No creo que la petición de las mujeres sean mayores penas, eso se está reivindicando desde otras instancias que están empeñados en gobernar a través del castigo en vez de atender a las causas de los problemas.

– ¿Qué se está pidiendo entonces?

– Se está pidiendo que se escuche a las mujeres, que se les crea, que cuando dicen lo qué les ha pasado y sobre todo las consecuencias que tienen para ellas, se tenga en cuenta. Hasta ahora, por cómo está pensado el sistema penal, que está pensado para juzgar delitos cometidos por desconocidos, por extraños que no tienen que ver nada contigo, por tanto no se cuestiona la verosimilitud, la verdad de la víctima, en cambio cuando son las mujeres las que denuncian cualquier tipo de violencia hay cierta sospecha y no se les cree. No se tiene en cuenta que uno de los mayores efectos de sufrir violencia cuando es muy grave o sistemática, que perdura en el tiempo, es que las mujeres pierden autoestima y no son capaces de exponer todo lo que han sufrido. Entender ese proceso hasta que una mujer es capaz de contar todo lo que ha pasado. Hay que entender ese proceso y creerle. Eso es lo que las mujeres exigimos de la justicia, que no nos trate como nos trata la sociedad patriarcal, porque siempre sospecha que las mujeres exageramos, mentimos o nos contradecimos. Así nos tratan los jueces.

– ¿Qué opinión tiene en torno a los posibles casos de denuncias falsas?

– No hay denuncias falsas. Hay muchas denuncias falsas en las denominadas estafas de seguros, pero no se dice que los que tienen coches denuncian en falso. Habrá alguna, una o dos, una proporción mínima.El problema, y si que hay muchas mujeres, que por falta de información, por falta de saber lo qué es el proceso penal, entran y luego se dan cuenta que eso no les está viniendo bien, no les está apoyando y entonces retiran la denuncia, se niegan a declarar y no colaboran con la justicia. Entonces hay que preguntarse por qué pasa eso y poner soluciones para que no pase eso. Los archivos, cuando una mujer ha declarado y después no quiere seguir con eso, hay que preguntarse porqué pasa eso.En esos casos no son denuncias falsas, eso ha pasado, otra cosa es que la mujer se sienta nuevamente victimizada en el proceso judicial que les tiene que atender.

– ¿Qué hay detrás de la violencia de género?

– La violencia de género es un fenómeno mucho más complejo que la bofetada de un día, el empujón de otro o la amenaza concreta.Hay muchos tipos de violencia y extendidas en la sociedad. No se puede obviar todo el clima de terror que muchas mujeres viven durante años en su casa. Eso es imposible trasladarlo al lenguaje y a las formas penales, es muy complejo. Las muertes son la punta del iceberg de esas violencias silenciosas.

– ¿En qué momento está el movimiento feminista?

– Ha crecido en todos los sentidos. Ha crecido en poder, en intensidad, en capacidad de incidencia, y lejos de ser algo marginal, y se está reconociendo que reivindicaciones de las mujeres están siendo recogidas por el Estado social y articulando. Es un movimiento importante que es considerado un factor de cambio social muy potente. Estamos en un momento alto de la ola y en ese sentido se nos escucha, pero es un riesgo que un factor importante de las reivindicaciones del año pasado fuese la rabia y el miedo frente a la violencia, porque es difícil convertir ese miedo y esa rabia, esa indignación social, en reivindicaciones concretas que se puedan hacer al poder político. Es un sentimiento más de explosión que es difícil reconducir para conseguir logros concretos.