El contagio secesionista inquieta a Europa

El contagio secesionista inquieta a Europa

Bruselas mantiene sus puertas cerradas al separatismo catalán para evitar que cunda el ejemplo en otros territorios

CRISTIAN REINOBarcelona

Quien más quien menos tiene un problema territorial doméstico en la UE. Es el caso de Reino Unido con Escocia, España con Cataluña (y País Vasco), Francia con Córcega y Bretaña, Alemania con Baviera, Bélgica con Flandes o Italia con la Padania o Tirol del Sur.

La complejidad geográfica e histórica de Europa conforma un mapa en el que coexisten naciones sin Estado, algunas de las cuales están en proceso para alcanzar algún día la independencia. Los dos ejemplos más avanzados son Escocia y Cataluña, cuyos caminos van en paralelo en lo temporal aunque están a años luz en la metodología. Ambos procesos son mirados con recelo desde Bruselas por el riesgo al efecto contagio.

La posición de la UE la fijó clara y meridiana el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en una declaración desde Luxemburgo días después de que el Parlamento de Cataluña proclamara la república, en octubre de 2017: «Si dejamos que Cataluña se separe, otros harán lo mismo», avisó. Un precedente que abriría la veda y acabaría dinamitando el proyecto europeo desde dentro. «No me gustaría tener una Unión Europea que en 15 años se trasformara en una Unión Europea de 98 países. Ya es difícil con 28, pero con 98 imagino que sería imposible», advirtió. Esos mismos días, la canciller alemana, Angela Merkel, ratificó «su apoyo a la unidad de España». Bastantes problemas tiene Bruselas con el 'brexit' como para permitir que se le abran más melones.

Referéndum escocés

Escocia celebró un referéndum para independizarse de Reino Unido en septiembre de 2014. A diferencia de los que ha organizado la Generalitat de Cataluña, la consulta contó con el acuerdo de Londres. Votaron el 84% de los escoceses. El no se impuso con el 55% de los votos. Pero el SNP, el Partido Nacionalista Escocés, que gobierna desde 2007, ha reclamado recientemente un segundo referéndum al Gobierno británico, ya que los escoceses no quieren quedar fuera de la UE como consecuencia del 'brexit'.

El segundo referéndum sobre la independencia de Escocia del Reino Unido (el objetivo es que sea en 2021) difícilmente se celebrará (si es que Londres lo autoriza en esta ocasión) antes de que se formalice la salida de Reino Unido de la UE, por lo que no está claro que una Escocia independiente de Londres pudiera pasar a formar parte, de forma automática, de la UE. En su caso, tendría que pedir su reingreso y ponerse a la cola en la lista de Estados que están a la espera, como Turquía, Macedonia, Montenegro, Islandia o Serbia, que ya han llamado a la puerta de Bruselas.

El de Cataluña también es un quebradero de cabeza para las autoridades europeas. Los dirigentes secesionistas llevan años llamando a la puerta de las autoridades europeas, pero hasta la fecha no han recibido repuesta. Ni Quim Torra en el año que lleva en la Generalitat, ni Carles Puigdemont, en sus dos años al frente del Gobierno catalán consiguieron reunirse con dirigentes de peso de la Comisión Europea.

Puigdemont se ha instalado en Bruselas para hacer lobby a favor de la secesión, y en año y medio no ha cerrado ningún encuentro de alto nivel. Más allá de la presencia en medios de comunicación o conferencias en universidades, la internacionalización del 'procés' pincha cuando trata de entrar en las instituciones europeas o toca el timbre de algún estado miembro (Torra sí fue recibido al más alto nivel en su viaje a Eslovenia, donde apostó por la vía eslovena para alcanzar la secesión). La posición de la UE siempre ha sido la misma. «Si una parte de un Estado se convierte en un país independiente, los tratados ya no se aplicarían a este territorio y la nueva región independiente se convertiría en un tercer país respecto a la Unión Europea y podría solicitar convertirse en miembro de la UE», afirmó el presidente de la Comisión Europea en 2015.

El pasado febrero, la posición de la Comisión fue la más contundente que se recuerda y cercenó las peticiones de intermediación que realiza el secesionismo: «Ninguna acción procedente de la UE puede socavar o contribuir a socavar el sistema constitucional de un Estado miembro» afirmó el vicepresidente, Günther Oettinger. El secesionismo no tiene abiertas las puertas de la UE, y seguirán cerradas por mucho tiempo.