Las 'prejubilaciones de oro' son cosas del pasado, ahora son 'de plata'

Dos trabajadores en una empresa./Gráfico
Dos trabajadores en una empresa.

El 43,4% de las jubilaciones en el Estado son anticipadas y la edad efectiva, de 63,4 años, de las más bajas de la UE

ADOLFO LLORENTE

Ese compañero del colegio que va todas las mañanas al monte o a jugar al pádel mientras usted va a trabajar contando los días a la desesperada para ser uno de ellos. Ese vecino de cincuenta y tantos (incluso cincuenta y pocos) que dedica su rutina a viajar, a cocinar o a cuidar de sus nietos. No falla. Seguro que en su entorno más cercano conoce a uno o a una, aunque en este tema, por cuestiones generacionales, aún prima lo masculino. Esto no va de mineros, sino de gente bien conservada, formada, retirada del mercado laboral mucho antes del límite legal y quizá bastante antes de lo que querían, protegidos por sustanciales indemnizaciones y, sobre todo, con mucho tiempo libre. La envidia era esto.

Dicen que el tiempo no se paga con dinero, pero aquí cuesta un pico y es abonado con los millonarios beneficios de las grandes compañías, sobre todo del sector financiero, que buscan savia nueva, más joven y, sobre todo, más barata. En España, el 43,4% de las 309.000 personas que se jubilaron en 2017 lo hicieron de forma anticipada: 134.000. De ellas, según se deduce de las estadísticas de la Seguridad Social, en torno a 48.000 lo hicieron tras alcanzar acuerdos colectivos amistosos o pactos individuales más o menos ventajosos. Sí, se deduce, porque aunque todo el mundo hable de prejubilados, este concepto no existe legalmente, como aclaran fuentes de la Seguridad Social para justificar la ausencia de estadísticas concretas. Sí existe, por contra, el término «jubilación anticipada», ya sea voluntaria (es menos ventajosa) o no voluntaria (salvo expeciones, son las retiradas de cierta enjundia).

Se trata de acuerdos lo suficientemente atractivos para decidir echar la persiana antes de tiempo, sin grandes traumas pese a asumir que su pensión será inferior a la que le tocaría en caso de apurar los plazos. Se trata de perder algo de dinero para ganar años de vida. Porque así como es seguro que conoce a uno de esos 'prejubilados de oro', también a alguien que falleció poco tiempo después de cumplir los 65.

El despido y el paro son dramas demasiado vigentes en España, la cuarta potencia del euro, un país estigmatizado dentro del club por sus altas tasas de desempleo. Si en Bruselas uno grita paro, el eco repite España. Si además se tiene más de 55 años, el drama es aún mayor. Según un reciente informe de UGT sobre esta franja de edad, «un 22% de las personas desempleadas en la UE son españolas». Pero hay despidos y despidos. Paros y paros. Y en ocasiones, el drama no es tal. Son los menos, situaciones excepcionales, pero siguen muy vigentes. Basta con teclearlo en Google para comprobar la popularidad del tema. «Prejubilados de oro»: 68.200 resultados. Y subiendo.

El sector bancario, en el foco

Ahí están, dominando los primeros puestos de la parrilla de salida, el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) aprobado en 2006 para 4.150 trabajadores de Radio Televisión Española (RTVE). Costó a las arcas públicas -de hecho, sigue costando-, 1.722 millones que terminarán de pagarse en 2022 para que empleados de 52 años se prejubilasen con el 92% del salario. Ante caramelos de este calibre, el 'no' nunca es una opción. Se trataba de entrar en el momento oportuno en la compañía adecuada. Esto, unido a factores como el 'boom' tecnológico o el estallido de la Gran Recesión en 2008, hicieron el resto.

Sin embargo, cuando se habla de prejubilaciones en las grandes corporaciones, cualquier tiempo pasado parece mejor. Un matiz. Esto no va del bien y del mal, sino de atrevesar la finísima línea que separa el muy bien de lo excepcional. Las prejubilaciones que antaño fueron de oro, ahora son de plata, pero cuando se habla de medalleros, estar en el segundo peldaño del cajón también casi siempre es un éxito.

Todos miran al Ibex 35, a sectores como las telecomunicaciones, el turismo y, sobre todo, el financiero. Es el caso, por ejemplo, del ERE de 1.100 trabajadores impulsado por el Santander para remodelar sus servicios centrales tras la compra del Popular (a partir de los 50, con el 80% del sueldo) o del ejecutado por Bankia tras su integración con Banco Mare Nostrum (BMN) para formalizar 2.000 salidas voluntarias (a partir de los 55 años con el 63% del salario bruto ). También del último plan de bajas incentivadas de CaixaBank para 610 empleados nacidos antes de 1962 con salarios del 70% hasta los 63. Y siempre, en todos los casos, con sus correspondientes indemnizaciones, complementos, planes especiales de financiación de la Seguridad Social...

A diferencia de los hombres, la edad efectiva de jubilación de las mujeres es de las más altas

«Cada pacto es un mundo. Es imposible generalizar. Pero sí es verdad que eso que llaman 'prejubilaciones de oro' son cosas del pasado», matiza Carlos Bravo, secretario de Políticas Públicas y Protección Social de Comisiones Obreras. Un ERE tipo se enmarca «en torno a un mínimo de 55 años y un sueldo que oscila en una horquilla del 65 y el 80%», según coinciden en señalar distintos asesores legales consultados.

«Me acuerdo de ver prejubilaciones en bancos de hasta 48 años. Pero eso era en el pasado. Ahora, se da un decalaje lógico. Si antes hablábamos de 52 años y una primera edad de jubilación de 60, ahora lo hacemos de 55 y 63», explica Luis Sáez de Jáuregui, profesor universitario, director de Distribución y Ventas de AXA, y uno de los mayores expertos en la materia. «Lo que está claro -explica- es que cuanto más 'jóvenes' se prejubile a los trabajadores, el coste será mayor para las compañías», recuerda. Y es que desde 2011, a raíz de la llamada enmienda Telefónica, son las empresas las que sufragan el coste total de estos retiros dorados, tanto lo referido al paro como a la Seguridad Social.

Sistema contradictorio

Las estadísticas europeas son el mejor espejo para todo. Te dicen dónde estás, de qué adoleces, cuáles son tus grandes virtudes... En este caso, el último informe 'ad hoc' de la Comisión Europea (Ageing Report 2018) sitúa a España como uno delos Estados miembros donde la edad de jubilación efectiva es de las tempranas. Se sitúa en 63,4 años y sólo es superado por ocho de los 27 países restantes. Lidera la tabla Eslovenia con 60,9, le sigue Bélgica, con 61,8, y Eslovaquia (61,9).

Las grandes compañías ofrecen ahora entre el 65% y el 80% del sueldo a partir de los 55 años

Por contra, cuando se habla de mujeres, la situación es radicalmente contraria. Las españolas, con una edad efectiva de 64,5, son las que más tarde se jubilan de Europa, sólo superadas por Suecia (64,7%) y Estonia (65). El informe comunitario también hace una proyección a 2030 y ésta revela que sólo las italianas, con 66,8 años, superarán a las españolas (66,5). En lo referido a los hombres, la tendencia cambiará por completo. De ser un país con edades efectivas más tempranas, a ser uno con edades más tardías. Será de 66 años y sólo estarán peor Italia (66,1), Portugal (66,3), Dinamarca (66,9) y Holanda, con 67,1 años.

«El sistema español es tremendamente contradictorio. No paramos de escuchar eso de que hay que alargar la edad de jubilación, pero en la práctica, no paramos de sacar a gente del mercado laboral a partir de los 50 y 55 años, franjas de edad en las que es complicadísimo volver a encontrar un trabajo, una situación muy diferente a la que existe en Europa», lamenta Carlos Bravo, de CC OO.

Así lo constata el informe 'ad hoc' publicado por la otra gran central sindical, UGT. En él, se constata cómo la tasa de empleo entre las personas de 55 y 64 años es del 55,4% en la UE, mientras que en España del 49,1%. Respecto a la tasa de paro, es del 6,5% en los Veintiocho y en España, casi el triple, del 17%. Datos que siguen chocando y cuyo impacto es mayor en semanas como ésta, cuando se conoce que España en 2040, superará a Japón como el país del mundo con una mayor espetanza de vida al alcanzar los 85,8 años. Algo no encaja.

Telefónica: la multinacional da nombre a la enmienda que lo cambio casi todo

Ocurrió en 2011. Fue entonces cuando todo, o casi todo, cambió para que las arcas públicas saliesen indemnes de las prejubilaciones de oro. El porqué se llama 'enmienda Teléfonica', la decisión del Gobierno de Rodríguez Zapatero de cambiar la legislación para que las compañías con beneficios asumiesen todo el coste de prejubilar a empleados con poco más de 50 años, tanto en lo referido al INEM como a los planes especiales de cotización a la Seguridad Social (hasta que llegan a la edad legal de retirada).

El escándalo provocado entonces estuvo motivado por la decisión de la multinacional de prejubilar a 6.500 personas horas después de anunciar unos beneficios de 10.000 millones. Esto fue en 2011 y en 2013, el Gobierno de Mariano Rajoy endureció aún más la normativa. Desde entonces, diferentes estimaciones cifran en torno a 400 millones el dinero que el Tesoro Público ha ingresado por estos conceptos.

Otro de los cambios normativos aprobados en los últimos años es acabar con la vía libre que suponían las indeminizaciones por despido. Ahora, están exentos 180.000 euros. La cantidad restante, en caso de superarla, debe tributar. Además de los procedimientos colectivos, están las prejubilaciones individuales impulsadas por las compañías alegando causas objetivas para formalizar un despido, puro y duro. Despidos, eso sí, pactados, garantizando un alto porcentaje del sueldo hasta los 63 años, generalmente, y la financiación del convenio especial de la Seguridad Social. Entre medias, he aquí la clave, el trabajador se va dos años al paro, de donde percibe tanto la prestación del desempleo como su cotización social durante este periodo.

De todos modos, estos son casos puntuales y se trata de compañías de cierta solvencia. «La realidad es muy diferente para el común de la gente», matiza Carlos Bravo, de CC OO.

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