Resumen 2018

Fulgor internacional y atonía doméstica

Sergio Ramos y Marcelo celebran con sus compañeros el Mundialito. /Suhaib Salem (Reuters)
Sergio Ramos y Marcelo celebran con sus compañeros el Mundialito. / Suhaib Salem (Reuters)

La 'decimotercera' salva un año aciago del Real Madrid en terreno patrio pero que termina con la alegría de otro Mundialito

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

La Liga de Campeones volvió a ser la tabla de salvación del Real Madrid en este 2018 que ahora agoniza. El tercer cetro continental consecutivo, y el cuarto en cinco años, permitió al rey de Europa presumir de una hegemonía que sólo tiene parangón en los cinco entorchados que encadenó sin freno a la vera de Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano, ennobleciendo con el fulgor de la 'orejona' otro año aciago en el ámbito doméstico que termina sin embargo con la alegría de un nuevo Mundialito.

Una nueva Copa dilapidada, penurias ligueras por doquier y convulsiones institucionales configuraron el saldo negativo de un viaje que perfiló ya cuesta arriba la debacle en el clásico que acogió el Santiago Bernabéu ocho días antes de que feneciese 2017 y que discurrió por una continua montaña rusa emocional que alcanzó su punto álgido el 26 de mayo en Kiev pero que registró también notables sacudidas. Como el 'pepinazo' del 24 de enero que Zinedine Zidane, cuatro meses después, señalaría como su «peor momento en el banquillo» o la humillante goleada que le infligió a finales de octubre el Barça al ya desde semanas atrás moribundo proyecto de Julen Lopetegui para finiquitar definitivamente una era que nació cuando Florentino Pérez reclutó al vasco convulsionando la concentración de la selección española en Krasnodar y expiró de modo prematuro como consecuencia de la mala planificación deportiva en el periodo estival.

El Madrid se marchó de vacaciones las Navidades pasadas dominado por la melancolía del histórico doblete, inalcanzable ya su reedición. El glorioso primer semestre de 2017 que se vio coronado por la Liga amarrada en La Rosaleda y la Champions abrochada en Cardiff quedaba enterrado en el baúl de la memoria. La hazaña de Zidane al mantener comprometida a toda la plantilla para remar en las dos competiciones estrella fue flor de un curso.

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Con el cambio de campaña los blancos volvieron a sus viejas costumbres. Los tropiezos se sucedieron y para cuando llegaron los turrones, la Liga estaba perdida. Las salidas de Morata, James, Pepe o Danilo diezmaron la otrora lustrosa 'unidad B' del marsellés, que no pudo encontrar respuesta a los activos vendidos. Depauperación del poderoso fondo de armario que se agudizaría un año después con las fugas de Kovacic y Cristiano Ronaldo.

Desconcierto

Defenestrado en el torneo de la regularidad, que sólo le ha visto campeón dos veces en sus diez últimas ediciones, el Real Madrid se encomendó a su latifundio europeo para seguir engrandeciendo su hacendoso palmarés. Como bien había apuntado en sus tiempos de articulista Santiago Solari, hoy vigía de su destino desde el banquillo, los blancos son el único equipo «capaz de ganar la Champions tartamudeando». Y así lo hicieron de nuevo. Apáticos frente a rivales de menor abolengo, abúlicos los fines de semana, los pupilos de Zidane aniquilaron sucesivamente a París Saint-Germain, Juventus y Bayern de Múnich antes de hacer enmudecer a la gallarda afición del Liverpool en el Olímpico de Kiev una calurosa noche que culminó con sentimientos encontrados el madridismo.

Bale marcó de chilena en Kiev uno de los mejores goles de la historia de la Champions.
Bale marcó de chilena en Kiev uno de los mejores goles de la historia de la Champions. / Kai Pfaffenbach (Reuters)

La fiesta se tornó efímera. La merecida celebración que facultaron los goles de Benzema y Bale en la capital ucraniana quedó empañada por las explosivas declaraciones de Cristiano Ronaldo que preludiaron un verano para olvidar en Chamartín. Cinco días después, Zidane dimitió y sumió al club en el desconcierto. La posterior confirmación en julio del adiós del crack de Madeira fue la definitiva constatación de que se venían meses tempestuosos.

Incapaz de reinventar el Madrid tras la espantada de quien fue su santo y seña durante las nueve campañas anteriores, con una plantilla plagada de jóvenes llenos de talento pero sin suficientes horas de vuelo, Lopetegui fue destituido mediante un sañudo comunicado y relevado por Solari a falta de otros candidatos que hermanasen a plantilla y directiva.

Fiel cumplidor desde los tiempos en que integraba el 'Madrid de los galácticos', el argentino trata de enderezar el desviado rumbo de una nave a la que le faltan mimbres y regularidad pero que mantiene su poderío en citas destacadas como el Mundialito, primer título del rosarino como técnico. Diferido por la conquista de la 'decimotercera' el cambio de guardia que barruntaban en los despachos incluso desde el verano de 2017, ya ni otra 'orejona' debería abortar una remodelación ineludible para recuperar el espíritu competitivo que la hinchada demanda sea extensible también de sábado a domingo.

 

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