Lo normal llega 40 años después

Kristina Rincón correrá la Behobia - San Sebastián junto a sus hijos Garazi y Beñat. Tratarán de cruzar la meta juntos. Durante su juventud no pudo correr solo por ser mujer e incluso llegaron a romperle la ficha

Behobia San Sebastián
Beñat y Garazi acompañan a Kristina, su madre, en la playa de La Concha, donde solía correr cuando era pequeña. / J.M. López
Karel López
KAREL LÓPEZ

Hubo tiempos en los que había quienes pensaban que las mujeres no debían practicar deporte, que ese mundo no estaba pensado para ellas. Épocas, por desgracia, no tan lejanas. Porque no hablamos de la Antigua Grecia, no. Nos referimos a una situación que Kristina Rincón vivió solo cuarenta años atrás. Pero ahora, cuatro décadas después de ver cómo rompían en pedacitos su ficha de atletismo, cumplirá un sueño.

Kristina se calzará las zapatillas, se colocará su dorsal número 26163 y, acompañada por sus hijos Garazi y Beñat, tomará mañana la salida en la Behobia-San Sebastián.

Pero antes de soñar despiertos junto a ella, de imaginar cómo será la carrera de mañana –en la que espera llegar al Boulevard junto a sus dos hijos–, recapitulemos. Kristina, que ahora tiene 58 años, vivía en Donostia, muy cerca de la playa de La Concha. Su hermano Tomás era un gran atleta, de los muy buenos en mediofondo. Ella también quería serlo, pero en ese camino se topó con 'creencias' o pensamientos que algunos tenían por aquel entonces.

Tomás Rincón, su hermano, tiene el récord guipuzcoano de 800

El hermano de Kristina, Tomás Rincón, cuenta con el récord de Gipuzkoa de 800 metros desde el año 1977. 1:47.2 fue el tiempo que el exatleta delAtléticoSanSebastián logró el 31 de julio de aquel año en Lisboa. La suya es una de las plusmarcas guipuzcoanas más viejas que quedan aún escritas. Al aire libre, de hecho, solo FernandoAguilar (5.000 metros en 13:54.4 en el año 1967) conserva un récord más antiguo que el de Tomás Rincón. Se ve, por tanto, que Kristina lleva el atletismo en la sangre. ¡Ay si hubiera sido atleta...!

«Correr no es cosa de mujeres, se te va a estropear el cuerpo, te van a salir bolas en las piernas, vas a tener problemas para tener hijos...», fueron algunas de las frases que tuvo que escuchar, también por parte de su familia. «Rompieron mi ficha», apunta la mujer que ahora vive en Oiartzun. «Como me quedaba al lado de casa, solía ir a correr a La Concha, pero sin formar parte de ningún club».

Teniendo en cuenta las circunstancias, Kristina no pudo participar en ninguna competición. «Solíamos ir a ver a mi hermano. A mí me hubiera encantado correr como él. Siempre me ha gustado el atletismo», destaca. «Ahora lo raro es escuchar que las mujeres no hacen deporte, pero por aquel entonces, resultaba extraño ver a mujeres correr, más incluso si lo hacíamos en solitario». Poco a poco, esas zancadas sobre la arena, esas huellas que Kristina dejaba en La Concha fueron desapareciendo. Ya saben, la vida. Su madre enfermó, ella comenzó a trabajar... En definitiva, su vida cambió y dejó de correr. ¡Hasta ahora!

«En una cena del grupo de Euskal Dantza del que formo parte, empezamos a hablar de los sueños que teníamos. Yo comenté que el mío era correr una Behobia - San Sebastián antes de los 60». Dicho y hecho. «En diciembre llegaron mis primeras carreritas de preparación. Llevaba desde los 18 o 19 años sin hacerlo».

Beñat, Kristina y Garazi, con sus dorsales de la carrera.
Beñat, Kristina y Garazi, con sus dorsales de la carrera. / J.M. López

«Le daba miedo apuntarse y casi le tuve que obligar a comprar el dorsal», cuenta su hijo Beñat Díaz de Guereñu, que trabaja como preparador físico. Junto a él y a su hija Garazi, estudiante en la Universidad de Deusto, Kristina espera cruzar la línea de meta del Boulevard con los brazos en alto. «Inicialmente, la condición que ponía para correr es que mi hijo me acompañara», recuerda. Garazi, que ya estaba inscrita, dejó 'plantadas' a sus amigas, con quienes tenía pensado participar, y, con toda la ilusión del mundo, decidió que ella también tenía que correr junto a su madre.

«Se respira otro ambiente»

Aunque lo tienen complicado para salir a correr juntos en el día a día, cuando se juntan para comer, ahora se habla de la Behobia. «Se respira otro ambiente en casa. Nos preguntamos qué tal va la preparación», narra Beñat. «No todos tenemos la oportunidad de cumplir nuestros sueños. Yo lo voy a hacer casi con 60 años. Estoy ilusionadísima. Depende cómo vaya, sé que no será la última», sigue Kristina.

Su historia, salvando las distancias, guarda ciertas similitudes con la de la invitada de lujo de esta edición: Kathrine Switzer, la primera mujer que completó un maratón con dorsal a pesar de los obstáculos que se encontró en el camino. Aquello fue en Boston en 1967, es decir, unos pocos años antes de que Kristina se diera cuenta en SanSebastián, a miles de kilómetros de distancia, cómo por el simple hecho de ser mujer no estaba bien visto que ella corriera.

Otra historia de la Behobia

«Está muy nerviosa. Si por lo que sea no lo consigue y no llega al Boulevard, estoy convencida de que seguirá entrenándose para la próxima edición. Nos sueles decir que cada día de entrenamiento ya ha merecido la pena, que está viviendo una experiencia maravillosa», explica Garazi, quien ahora, con 21 años, dice que se le queda el «gusanillo» de no haber practicado atletismo.

«Jugué a fútbol. Aunque participo en carreras populares y siempre he hecho deporte, me hubiera gustado saber cuál hubiese sido mi rendimiento en 100 metros, por ejemplo». Ella, al igual que su hermano, está muy orgullosa del paso –enorme paso, mejor dicho– que ha dado su madre. «Me dio pena que no se apuntara a atletismo», apunta Kristina. Está a tiempo...

«Trotaba un minuto»

«Empecé caminando y trotando durante un minuto. Pasé a diez minutitos y en este periodo he llegado a alcanzar las dos horas y trece minutos seguidas corriendo. Normalmente salgo por el bidegorri de Oiartzun dos días a la semana y los domingos me acerco a Donostia», destaca la protagonista de esta historia, una de las más de 30.000 que se vivirán en esta edición. Esos fueron los inicios en diciembre. Ahora ya está lista para afrontar los 20 kilómetros que separan Behobia del Boulevard donostiarra.

Como dice el lema de esta edición de la carrera, «Behobia eginez aldatu mundua (Cambia el mundo corriendo la Behobia)». Kristina Rincón ya ha cambiado el suyo; también su historia. Lo normal, en su caso, llega cuarenta años después. Mañana cumplirá un sueño. Y sus hijos estarán ahí, junto a ella, para disfrutar de la Behobia - San Sebastián.

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