El gran abrazo del día 'B' llega tras la meta de la Behobia - San Sebastián

Corredores y voluntarios de Atzegi ejemplifican la esencia de esta carrera popular: los dos son necesarios para que la jornada se desarrolle a la perfección

Voluntarios Behobia
Mikel Miquelena correrá la Behobia justo el día que cumple 27 años. / Lobo Altuna
Karel López
KAREL LÓPEZ

El día 'D' (o 'B' si nos referimos a la Behobia-San Sebastián) llegará el domingo. Y no solo para los corredores; también para toda la familia de voluntarios que, año tras año, aportan su enorme grano de arena para que todo salga bien. Son las dos caras –necesarias– de la carrera y este año las representa a la perfección Atzegi, ya que habrá tanto participantes como ayudantes de esta asociación guipuzcoana en favor de las personas con discapacidad intelectual.

Mikel Miquelena es irundarra, aunque desde hace siete años vive en Eibar. Los nervios harán que, el domingo, el día que cumple 27 años, se despierte muy pronto para participar en su cuarta Behobia. «¡Flipas las ganas que tengo!», exclama este joven corredor que tiene claro que, más allá de marcas, para él correr la carrera popular es un «reto».

«Si ya lo es para una persona sin discapacidad, para mí aún más», explica. Él trabaja en Gureak Eibar y después, cuando no ensaya para un teatro anual en el que participa, se ejercita a las órdenes de Inma Urkiola –entrenadora del CDEibar– en Unbe. «El grupo de entrenamiento me quiere tal y como soy. La discapacidad no es un problema».

Mikel Miquelena, en las instalaciones de este periódico, días antes de la carrera.
Mikel Miquelena, en las instalaciones de este periódico, días antes de la carrera. / Lobo Altuna

Recuerda con todo lujo de detalles ya no solo lo que produce en el taller –«focos para coches que mandamos a Polonia»–, sino sus experiencias en ediciones pasadas de la Behobia, así como el recorrido. «Un año, me encontré una braga para el cuello en la que ponía 'mi sueño es ser keniata'. Y me la puse. Es verdad. Me gustaría para correr más». Lleva prácticamente toda la vida dando zancadas y esto le ayuda a sentirse «libre. Me relaja, me quita todo el estrés que acumulo. Dicen que correr es de cobardes, pero es mentira. Me río yo de eso».

Y mientras Mikel madruga para poner rumbo a Behobia con la misión de completar los 20 kilómetros, otros lo harán para hacer uno de los trabajos más agradecidos de la carrera: entregar medallas a todos los que alcancen la meta.

Ahí llegará el turno para cerca de 40 voluntarios de Atzegi. Mikel Leonet, Iraitz Huegún, Leire Zabala, David Manzano, Ane Salazar y Aitor Sorondo estarán entre ellos. «Tardé un segundo en decir que sí cuando me lo propusieron», cuenta Mikel, tolosarra que también conoce este deporte de sobra ya que se entrena en Berazubi a las órdenes de IvánGallego. «En la Clásica 15K de SanSebastián estuve también ayudando como voluntario, aunque lo hice en un cruce, evitando que pasaran los coches. Seguro que entregar medallas es más agradecido», explica.

Cerca de 40 voluntarios de Atzegi entregarán el domingo las medallas.
Cerca de 40 voluntarios de Atzegi entregarán el domingo las medallas. / Lusa

Leire también vive el deporte de cerca desde hace unos meses. De la mano del programa 'Pauso Berriak', la donostiarra está en estos momentos de prácticas en la tienda deportiva Robers. «Me dicen que soy muy trabajadora». Ane, por su parte, es pasaitarra y lleva cinco años como secretaria en el Colegio Alemán. «Tengo compañeros de trabajo que van a participar». A ella le apuntó la madre de una amiga que, claro, también está citada a las 9.00 para preparlo todo.

«Con balón sí que corro»

Aitor es de los que piensa que no merece la pena correr por correr. Quizás por ello decidió jugar a rugby. Lo hace en Hernani. «Con balón sí que corro si hace falta, aunque ya me han solida placar», señala. Él también tiene compañeros de trabajo –está en el departamento de mantenimiento del Basque Culinary Center– que participarán el domingo, y muchos ya están al corriente de que estará esperándoles con los brazos abiertos y con un regalito para ellos. «Ya les he dicho que les pondré la medalla». A completar los 20 kilómetros, al menos de momento, no se anima.

«Nunca he estado viéndo a los atletas pasar a lo largo del recorrido», asegura David. El domingo, realmente, tampoco lo hará. Estará, como el resto de sus compañeros, pasada la meta. Verá a los participantes ya caminar tras el esfuerzo y les entregará la recompensa a su trabajo. «Me apuntó mi hermana Elena. Espero que ella también venga...», dice el donostiarra, quien ya ha colaborado en una carrera popular en Pamplona.

«¿Corriste el encierro? ¡Qué calladito te lo tenías!», bromea Iraitz. Para él, que vive a muy pocos metros de donde estará el domingo, tampoco le resultará novedoso lo de ayudar en un evento deportivo. Ha estado en otras carreras como la Lilatón –de hecho, este año sale en una foto de la revista oficial– y lo que le 'preocupa' es cómo llegarán los participantes. «Seguro que agotados. ¡Y todo sudados!».

La emoción de los participantes que alcanzan la meta puede hacer que alguno que otro esté deseoso incluso de un abrazo. ¿Y si se lo piden? «¡Yo se lo doy encantada!», apunta Leire. Seguro que, cuando Mikel Miquelena llegue al Boulevard y vea que están a punto de ponerle la medalla, lo recibe encantado. Ya saben, el gran abrazo del día 'B' llega tras la meta. Será el domingo. Ahí se unirán las dos caras de la Behobia - San Sebastián.

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