'El pollo está en el horno' o cómo llegó Bono al Kursaal en secreto

ALBERTO MOYANO

José Luis Rebordinos no tiene el menor inconveniente en relatar los pormenores del 'operativo' secreto que permitió convertir la entrega del Premio Donostia a Penélope Cruz en una gran sorpresa. Al contrario, se divierte contándolo: «Pensamos que se lo tenía que entregar alguien que le hiciera una ilusión increíble. Y Javier (Bardem) nos dijo: '¿Qué os parece Bono? Es del mundo de la música, pero bueno...' Y le dijimos que nos parecía no bien, sino alucinante. Entonces, le manda un whatsapp y a las horas me dice: 'No ha contestado, buena señal'. Y a los dos días, me llama: 'Oye, que ha dicho que sí, que viene'. Y lo convertimos en una sorpresa. Lo ha puesto muy fácil».

A partir de ahí, hubo que desplegar una serie de medidas para preservar el secreto. «El operativo era raro. Si lo alojábamos en Biarritz se iba a filtrar la noticia. Al final, llegó en un avión privado a Biarritz procedente de Dublín. Aterrizó sobre las 20.15 horas y luego tuvo que permanecer un buen rato dentro del avión hasta que se le pudo desembarcar de forma discreta. A continuación lo trajimos en un coche en el que estuvo dando vueltas por la ciudad hasta que se le comunicó desde el Kursaal que todo el mundo ya estaba dentro y que podían venir. Entonces, entró por la puerta trasera». Entre los miembros de la organización del Zinemaldia se puso en marcha una broma. «Estábamos en el backstage y, como en una película de espías, teníamos que recibir el mensaje 'El pollo está en el horno' para saber que Bono ya estaba dentro. Sólo lo sabían los equipos de dirección y selección del Festival, así como alguna gente de producción y seguridad». Ya por la tarde «hubo que informar a la Ertzaintza, a cuyos agentes agradezco su discreción, porque llegó la seguridad de Bono. La primera fila del pasillo era gente nuestra y miembros de seguridad para prever todas las contingencias. Y al final el pollo consiguió llegar al horno».