La recuperación del último astillero de ribera de Gipuzkoa culminará en otoño

La segunda fase de la recuperación contempla el acondicionamiento del interior del viejo astillero./MÓNICA RIVERO
La segunda fase de la recuperación contempla el acondicionamiento del interior del viejo astillero. / MÓNICA RIVERO

Orio se propone rescatar del olvido su tradición naval con la reapertura de Mutiozabal | Las obras para la última fase de la restauración de la instalación se acometerán en las próximas semanas

Borja Olaizola
BORJA OLAIZOLAORIO.

Se llama Mutiozabal y es el último astillero de ribera que queda en pie en Gipuzkoa. Está a orillas del Oria, justo enfrente del casco urbano de la población que dio nombre al río. Es una edificación de piedra y madera que luce ahora coqueta a pesar de que algunas de las casas que tiene a su alrededor acusan el paso de los años. La restauración de su estructura el año pasado lo ha salvado de la certeza de la ruina. Mutiozabal encara ahora la última fase de su recuperación con el saneamiento de su fachada sur y el acondicionamiento de su estructura interior. Si las cosas van conforme a lo previsto, el astillero abrirá sus puertas el próximo otoño.

Mutiozabal es el último vestigio de la época en que Gipuzkoa fue uno de los principales centros de producción de barcos del planeta. Como recordaba Antxon Aguirre Sorondo en su libro 'Astilleros de Gipuzkoa', «la riqueza maderera a pie de costa, las abundantes ferrerías donde se producía hierro y productos derivados junto a su vasto contingente de carpinteros de ribera hicieron de Gipuzkoa un destacado centro productor de naos desde la Edad Media. En nuestros astilleros se fabricaron buques de guerra, pesqueros, navíos mercantes y expedicionarios. Dado que durante buena parte de los siglos XV al XVII la flota española era la más numerosa de la Tierra, asegurando la hegemonía imperial sobre mares y océanos, la época de mayor esplendor del sector coincidió con la expansión del imperio y la consecuente apertura de nuevas vías de comunicación hacia América y Asia».

La restauración

Primera fase
Consolidación de la estructura y sustitución de la cubierta. Ejecutada.
Segunda fase
Saneamiento de fachada sur y acondicionamiento del interior. Los trabajos se acometerán en el plazo de unas semanas.
Presupuesto
240.000 euros, incluida la adquisición del astillero.
Convenio
Alumnos de carpintería del centro de FP Izarraitz de Azkoitia realizarán prácticas en Mutiozabal a partir de septiembre.

El Oria fue uno de las principales 'factorías' del territorio. La historiadora Lourdes Odriozola recuerda que los astilleros situados en sus orillas se especializaron en la manufactura de grandes navíos para la Armada y Flotas Reales, y para la Carrera de las Indias. Entre los siglos XVI y XIX hubo al menos seis astilleros activos entre Orio y Usurbil. Muchos de ellos no tenían infraestructuras estables y las gradas sobre las que se iban levantando las embarcaciones desaparecían cuando la nave se acababa. Los pedidos para la Corona se mantuvieron con altibajos hasta bien entrado el siglo XVIII. A partir del XIX, sin embargo, las arcas públicas ya no daban más de sí y los astilleros del Oria trabajaron sobre todo por encargo de particulares. Fue en aquella época cuando se abrió la etapa de esplendor de Mutiozabal. Lourdes Odriozola, que recopiló en un libro la historia de la familia, recuerda que «cuando Miguel Antonio Mutiozabal se hizo con las riendas del astillero que había heredado de su abuelo es cuando comenzó su ascenso».

El primer vapor

Hombre inquieto que había tomado contacto en Francia con las últimas técnicas de construcción naval, Miguel Antonio Mutiozabal se dio cuenta de que el futuro de la empresa familiar pasaba por la modernización. «Dos años después de hacerse con la dirección del astillero construyó el que sería el primer barco de vapor que se hizo en el País Vasco», recuerda Odriozola. Fue también él quien decidió levantar el astillero en su actual ubicación. «Hasta entonces había trabajado sobre todo en astilleros que estaban aguas arriba de Orio, en Usurbil y Aginaga, pero aprovechó una modificación de la Ley de Costas y obtuvo gratuitamente los terrenos para levantar su propio astillero frente al núcleo urbano».

Mutiozabal combinó el negocio de la construcción naval con incursiones en campos como la fabricación de muebles o la industria conservera. «Era un visionario y también un perfeccionista, allá donde se metía tenía que hacer el mejor producto». Su protagonismo en la industria naval volvió a situar a Gipuzkoa en un mercado del que había quedado desplazada. «La introducción de los barcos de hierro había dejado al territorio sin pedidos porque en Gipuzkoa solo se construía en madera y todos los encargos se los llevaban los astilleros vizcaínos. Mutiozabal recupera a Gipuzkoa para la industria naval, es el principal constructor del territorio desde finales del XIX a principios del XX», aclara la historiadora Odriozola.

Arriba, Mutilozabal visto desde la otra orilla del Oria. Abajo izquierda, maquinaria del astillero que también será recuperada y abajo derecha, Beñat Ibaieta, en Mutilozabal. / Fotos: Rivero

La familia conservó el astillero hasta bien entrado el siglo XX y luego lo alquiló. La instalación se mantuvo activa con la construcción sobre todo de barcos de pesca de madera hasta que el empleo de la fibra cambió las reglas de juego. En la década de los ochenta el astillero Mutiozabal inició un declive que condujo la nave a la ruina. A la par que la instalación se deterioraba, empezaron a salir a la luz investigaciones que ponían en valor el papel que había desempeñado el astillero en el desarrollo de la comarca. El libro 'Mutiozabal' que publicó en 2014 Lourdes Odriozola hizo que muchos oriotarras empezasen a mirar el astillero con nuevos ojos. Lourdes Salsamendi, concejala de Cultura y Turismo de Orio, decidió tomar cartas en el asunto y apostó por la recuperación de la instalación. Con el asesoramiento técnico de Beñat Ibaieta, presidente de Euskal Bateleroak, una asociación especializada en la recuperación de embarcaciones tradicionales, la edil recabó apoyos, buscó financiación y consiguió al final adquirir el astillero.

Alumnos de carpintería

La restauración no ha sido fácil. El acusado deterioro de la nave obligó a cambiar todas las vigas y a realizar una nueva cubierta. La primera fase se acometió el año pasado y ahora solo queda sanear una de las fachadas y acondicionar el interior. Las obras de consolidación de la estructura se acometerán en las próximas semanas. «Se trata de consolidar la fachada sur, en la que hasta ahora no se había podido intervenir porque linda con otra propiedad. Ahora que se ha hecho la segregación hay luz verde para culminar la obra», explica la concejala Lourdes Salsamendi. Paralelamente se ha firmado un convenio con el centro de Formación Profesional Izarraitz de Azkoitia para que los alumnos de carpintería acondicionen la estructura interior de la nave. «Los chavales darán sus clases prácticas en Mutiozabal y comenzarán así a familiarizarse con la carpintería de ribera», indica la edil oriotarra.

La restauración va a suponer una inversión global de unos 240.000 euros, parte de los cuales han sido financiados por la Diputación. Cuando los trabajos concluyan Mutiozabal desempeñará una doble función: centro divulgativo del patrimonio naval de la cuenca del Oria y lugar para recuperación y construcción de embarcaciones tradicionales. «Queremos que los escolares de la comarca pasen por el astillero para que conozcan de primera mano los trabajos que se desempeñaban y también estamos trabajando con asociaciones como Euskal Bateleroak para que Mutizoabal recupere la función que tenía y se reanude la construcción de barcos tradicionales», señala la concejala Lourdes Salsamendi.

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