Pau Donés (Músico): «El cáncer no manda en mi vida ni de broma»

Pau Donés muestra la palabra 'amor' tatuada en su puño derecho./IGNACIO PÉREZ
Pau Donés muestra la palabra 'amor' tatuada en su puño derecho. / IGNACIO PÉREZ

«Empiezo una nueva aventura que no sé a dónde va a llevarme; eso es lo fascinante»

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Pau Donés (Montanuy, Huesca, 1966) ha regresado este jueves al Victoria Eugenia, donde el pasado año celebró medio siglo de vida con la gira '50 palos'. Si entonces vino en formato íntimo, hoy promete una fiesta eléctrica para conmemorar el vigésimo aniversario de Jarabe de Palo.

-El 22 de diciembre tiene su último concierto en Tarragona... ¿Imagina ya qué sentirá ese día al volver tras los bises al camerino?

-Imagino que sentiré un bajón potente, pero es algo que me ocurre cada vez que termina una gira. Al mismo tiempo, creo que acabaré con una sensación de bienestar por haber cumplido 20 años y porque creo que lo mejor está por llegar.

-Queda un mes para el 1 de enero de 2019, fecha oficial de su parón.

-Tic-tac, tic-tac...

-¿Sabe ya qué hará ese día?

-El 31 de diciembre me levantaré y como vivo en plena montaña, en el Val d'Aran, cogeré a mi perro san bernardo y nos iremos a caminar. Al bajar a casa compraré un par de paquetes de pipas y veré dos películas por la tarde. A las diez y media me quedaré frito, como siempre en Año Nuevo, y al día siguiente desayunaré unos huevos fritos con jamón en la estación de esquí antes de pasar todo el día en la nieve. Así empezará una nueva aventura que no sé a dónde va a llevarme: eso es lo fascinante, que no tengo ni idea.

-¿Y si una semana después le entra el mono de escenario?

-En una semana no me va a entrar porque estamos haciendo una gira muy tocha y nos quitaremos el ansia, pero igual a los cinco o seis meses sí, y tendremos que pasarlo con deportividad. Quiero hacer cantidad de cosas no relacionadas con la música, así que habrá que esperar un tiempo que aún no sé cuánto será: volveremos cuando el síndrome de abstinencia sea insostenible.

-Quiere desintoxicarse para luego recaer...

-Las cosas que dan placer provocan adicción y yo en el escenario siento placer, como cuando practico el surf de olas, hago el amor o me como una buena tortilla de bacalao. El problema es que la música implica llevar una vida desordenada y ahora necesito más orden que disparate.

-Ha dicho que se marcha al extranjero con su hija de 14 años. ¿A dónde?

-En realidad, no sé aún si me voy a ir o no, pero lo de vivir en el extranjero sería una forma de que resulte más complicado volver si me llaman para ir de gira o dar conciertos...

-Suena a poner tierra de por medio para huir de la tentación...

-(Risas) Sí, por decirlo de alguna manera, me tengo que proteger: me piro para no decir 'sí' cuando debería decir 'no'.

-¿Qué es lo más importante que le ha quitado la música?

-La infancia de mi hija. Hay también otras cosas a las que he renunciado y no me quejo, pero aquello no lo gestioné bien y ahora no quiero perderme su adolescencia: me voy a vivir con ella y a disfrutar, aunque ella me dice ahora: «Buf, estarás todo el día en casa». (Risas)

-¿Qué otras cosas desea recuperar?

-La vida cotidiana: levantarme por la mañana, pasear al perro, ir a por el pan, acompañar a mi hija al cole, tener fines de semana libres, vacaciones en verano, preparar una comida en casa con mis amigos, dar clases de baile, de guitarra y batería, hacer surf de olas... En definitiva, tener la vida un poco planificada y recuperar cierta estabilidad, no emocional, porque ya la tengo, sino vital.

-¿El parón en los escenarios implicará dejar de componer y sacar discos?

-No actuaré ni sacaré discos en plan comercial, pero seguiré componiendo a tope, sin objetivos, simplemente por el placer de componer. Haré canciones sin prisa y gozando del tiempo que pasas en el estudio probando cosas: el showbusiness se ha acabado de momento.

-Si volviera a los años de 'La Flaca' sabiendo lo que sabe ahora, ¿hay algo que haría de otro modo?

-Ni idea, soy poco de mirar al pasado y menos de mirar al futuro. Supongo que nos equivocamos en algunas cosas, pero mi memoria es selectiva y creo que actuamos bien. Durante 20 años hemos defendido lo nuestro, hemos hecho música con calidad y ganas, ahí están nuestro repertorio y nuestro directo. Lo hemos pasado muy bien y nuestras canciones forman parte de la banda sonora de mucha gente. Eso es lo que da sentido a estos años.

-¿Se imagina cuánto puede durar el parón y cómo sería el retorno?

-No, insisto en que no tengo planes para el futuro y eso me entusiasma. El retorno será parecido a aquello que dijo Fray Luis de León cuando tras pasar cinco años en la cárcel se dirigió a sus alumnos con la famosa frase: «Decíamos ayer...» Paramos cuando aún tenemos vigencia y popularidad y creo que en cualquier momento podemos volver y la gente seguirá ahí.

-¿Entonces no tiene miedo de que los 'alumnos' de Jarabe de Palo pierdan el interés?

-No, no. No les olvidaremos a ellos ni ellos nos olvidarán a nosotros: durante 20 años hemos compartido un legado que nos une de modo poderoso.

-Ha negado usted que el retiro tenga que ver con el cáncer. ¿Cómo va la enfermedad?

-Sigo con la quimio pero esta semana [por la pasada] tenemos cinco conciertos: la enfermedad a mí me condiciona muy poco: la tengo, convivo con ella, pero el cáncer no manda en mi vida ni de coña.

«Empiezo una nueva aventura que no sé a dónde va a llevarme; eso es lo fascinante»

«Regresaremos a los escenarios cuando el síndrome de abstinencia sea insostenible»

«Paramos cuando aún tenemos vigencia; podemos volver y la gente seguirá ahí»

-¿Y cómo hace para mantener el tipo en los conciertos en los momentos de mayor bajón?

-El día que estoy más cansado salto menos en el escenario y cuando estoy mejor, salto más o subo a lo alto de una montaña.

-En 'Humo' canta: «A nada le tengo fe / ni miedo, ni fe». ¿A qué se ha aferrado para tener fuerzas?

-A la vida, totalmente. Al margen de la enfermedad, podemos vivir la vida de dos formas. Una consistiría en vivirla con libertad y pensando que la vida es un regalo, disfrutando el momento e intentando ser feliz por el mero hecho de estar vivo. Otra forma es vivir con miedo, tener una vida castrada, sufriendo y temiéndole a todo, sobre todo a vivir... Eso es muy jodido y yo prefiero la primera opción, es decir, vivir la vida pensando que es cojonuda, tener ganas de vivir... Eso es lo que hago.

-Usted habla sin tapujos de la enfermedad, sube a las redes sociales fotos de sus sesiones de quimioterapia... ¿Lo hace para que deje de ser tabú y animar a gente en su misma situación?

-Sí, pero no quiero ser ejemplo ni portavoz de nada, y menos en esta historia tan chunga que es el cáncer, una enfermedad jodida y peligrosa. Cuando pasé de ser espectador a protagonista, me di cuenta del tremendo miedo y sufrimiento que el cáncer genera en las personas que lo padecen y en su entorno. Por ello, decidí que iba a exponer mi película para ayudar a eliminar el estigma que pesa sobre le enfermedad, pero yo no soy un valiente ni un guerrero. Entendí rápidamente lo que pasaba y sé que el cáncer es algo con lo que tendré que vivir.

-¿Y es cierto eso del poder sanador de la música?

-Bueno, la música es mi vida, el instrumento que empleo para comunicarme y expresarme. Sin música yo sería un ser bastante desgraciado, supongo. Tengo la suerte de ser quien soy gracias a la música, que me ha dado seguridad, me ha hecho feliz, me ha dado muchas cosas...

-Terminemos con un asunto más trivial... ¿Qué tal lleva las bromas que a veces se hacen sobre la supuesta similitud de canciones como 'Depende' y 'Bonito'?

-No me afectan mucho... Todo empezó como una broma de Jordi Évole cuando hacía el papel de Follonero en el programa de Andreu Buenafuente en la televisión catalana. Lo llevo bien... Cuando eres conocido, siempre tienes que estar preparado a que la gente te dé leña: al que no le guste que no lo escuche y al que sí, que lo goce. Me jode más que lo diga un crítico porque se supone que él sí sabe de música y basta con escuchar las canciones para comprobar que son distintas. Pero hoy, con la trascendencia que han cobrado las redes sociales, los críticos han perdido la importancia de antaño. Ahora me la suda que 'El País' me haga una reseña o no, pero durante años hubo críticos importantes y corruptos que podían ponerte a caldo si, por ejemplo, no les invitabas a tu estreno y si la discográfica no les encargaba la hoja promocional, por la que cobraban una pasta, o si no les untaba bien a base de cubatas y otras movidas... Eso sí que me tocaba más los huevos...

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