Las historias de vikingos ya no son solo cosa de hombres

Aydin, la protagonista, en medio de los paisajes casi invisibles de Alterici./
Aydin, la protagonista, en medio de los paisajes casi invisibles de Alterici.

Astiberri publica 'Heathen', la obra más personal de Natasha Alterici |

Óscar Goñi
ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

Dicen que muchas de las grandes historias comienzan con un viaje. A lo largo del mismo, el héroe vivirá momentos mágicos, habrá de enfrentarse a los desafíos más colosales e incluso tratará de sobreponerse a los caprichosos designios de los dioses. Los peligros apenas dejarán tiempo al guerrero para asomarse a una hoguera y contemplar quizás su futuro, al albur de algún misterioso canto. Las tierras del Norte son, después de todo, las más duras del mundo.

Pero en este caso, el héroe es heroína y el guerrero mujer, al igual que buena parte del elenco sobre el que se construye 'Heathen' (Pagana).

Obra de Natasha Alterici (Fayetteville, Arkansas, 1987), guionista y dibujante, vive en Tulsa (Oklahoma) desde hace diez años, trabajando como freelance. Sus obras más conocidas, siendo cierto que hasta el momento no es una autora demasiado popular fuera de su país, incluyen 'Dinosaur Proyect', 'Gotham Academy: Yearbook', 'Lovers and Other Strangers'... Es en 2015 cuando empieza su periplo con 'Heathen', serie que ComiXology reconocerá como la mejor autopublicación del año. Su éxito, al fin, se consolidará cuando la editorial Vault adquiere sus derechos, reedición incluida, con el objetivo de prolongar la franquicia. De hecho, parece que incluso dentro de dos años puede llegar a los cines, tras el acuerdo de dicha empresa con Constantin Film y Prime Universe, tal y como desveló hace un tiempo el portal Deadline.

Y es que 'Heathen' es muchas cosas, además de un cómic de aventuras. Ciertamente, no debería ser algo destacable, pero no se puede negar que aún hoy llaman la atención páginas no underground o llamadas alternativas, cuya temática es claramente feminista y protagonizada además por lesbianas. No obstante, hace ya tiempo que autoras arriesgaron mucho más que ahora con planteamientos considerados radicales; probablemente fue Roberta Gregory (Los Angeles, 1953), la primera en inspirar a muchas otras en un mercado donde el conservadurismo ha hecho estragos. Su serie 'Bitchy Butch', siempre narrada desde el humor, poco tiene que ver con propuestas actuales, arraigadas ya en la normalidad tal y como sucede, entre otras, con las firmadas por Tillie Walden ('Piruetas', 'En un rayo de sol', ambas publicadas por ediciones La Cúpula).

Un mundo mejor

Ahora bien, lo primero que cabe destacar es que, a diferencia de la multipremiada Walden, 'Heathen' no pretende navegar por los terrenos del supuesto cómic profundo, aquel que se centra en las emociones, en el mundo interior, en las depresiones, en el crecimiento personal... Esta es una historia de guerreras vikingas, y supone un enorme soplo de aire fresco comprobar que Natasha Alterici ejerce el feminismo y la condición lésbica de sus actrices principales desde la absoluta convicción de que ambos aspectos contribuyen a la riqueza del argumento; no es un canto a nada. Dichas reivindicaciones surgen como consecuencia de las viñetas, del desarrollo de las mismas.

En ellas, una joven llamada Aydis, hija de guerrero, adiestrada por él, se ve inmersa en una misión casi imposible. Son tiempos de sumisión para las mujeres, al punto de que su clan la ha expulsado tras ser sorprendida besando a otra chica. En su desempeño, además de su caballo Saga, no el más fuerte pero sí el más rápido, Bynhild la valkiria y Freja, la diosa del amor. Una compañía exigua, más considerando quién espera al final de la contienda. Pero, después de todo, ¿los relatos de las grandes gestas no sobreviven al olvido en función de la magnitud de la empresa a acometer?

Alterici es una narradora notable. Aborda la historia de sus guerreras con calma, combinando de forma muy efectiva los momentos de acción con otros mucho más reflexivos, ora necesarios para colocar al lector en situación, ora como una forma de ir moldeando a sus personajes. Los diálogos son sencillos, fluyen fácilmente, y siempre lo hacen con inteligencia, con, según el momento, los imprescindibles momentos de intriga; no en vano los dioses gustan de intrigas palaciegas.

No hay duda, sin embargo, de que Alterici se hace fuerte en cuanto apoya las palabras en sus poderosos dibujos. Esos trazos tan alterados, tan sucios en ocasiones, tan poco precisos y, al tiempo, tan detallados. El movimiento se percibe, y su composición de página lo acompaña sin estridencias. Vitalidad y ritmo, y una interesante, muy interesante elección de la paleta de color con que ambientará cada página. Verdes apagados, grises, marrones tras las poderosas tintas negras. Esos colores sin delimitar servirán para los fondos de las viñetas, concediendo todo el foco a los personajes.

Esta es la primera entrega de las aventuras de Aydin, a la caza de una meta casi imposible. O no. Después de todo, es una guerrera vikinga.