El tesoro oculto de José Saramago sale a la luz

Pilar del Río, viuda del escritor./
Pilar del Río, viuda del escritor.

'El cuaderno del año del Nobel' reúne textos inéditos del escritor portugués en el vigésimo aniversario de la concesión del premio

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Para José Saramago, descubrir el ordenador fue casi una revelación divina. «Él siempre decía: 'Escribes una frase, ves el campo de batalla, la relees y entonces retiras a los muertos y a los heridos'», sonríe Pilar del Río, la viuda del escritor, cuando recuerda aquellas frases de su marido, llenas de «humor seco». Pues ese ordenador divino de Saramago escondía un tesoro que fue revelado el pasado mes de febrero. «Era de madrugada y entré a revisar un archivo que había visto millones de veces, 'El archivo de Lanzarote'. Pero aquella vez encontré un cuaderno más, el seis. Me sentí desconcertada. Eran notas para su 'Cuaderno 6', que nunca llegó a publicar. En aquel momento se me quedó cara de tonta y ahora aún se me pone la piel de gallina», recordó ayer Del Río.

Aquellas notas han sido la semilla de 'El cuaderno del año del Nobel' (Alfaguara), el libro que recoge los apuntes que Saramago escribió en ese 1998 en que recibió el premio más importante de las letras mundiales y que aparece ahora, dos décadas después de recibir la llamada más anhelada por todo escritor, que él cogió cuando estaba subiendo a un avión en el aeropuerto de Fráncfort. «El Nobel no le cambió. Le dio más visibilidad, pero no cambió lo que era, lo que consideraba suyo, su forma de estar en la vida. No se sintió diferente ni transformó su ideología», recuerda la viuda del autor.

'El cuaderno del año del Nobel' recoge en 200 páginas apuntes sueltos, reflexiones, artículos políticos y literarios, la correspondencia con los lectores de Saramago y también las felicitaciones que recibió tras ganar el Nobel, entre las que se cuentan la de Gabriel García Márquez, la de Fidel Castro o la de los zapatistas. Los textos comienzan el 1 de enero y concluyen con dos apuntes de 1999, el último de ellos el 14 de enero, el de un Saramago que está comprando calcetines en un centro comercial.

«Se le echa de menos, y hay motivo, porque este es un libro entrañable, inteligente y lúcido que muestra a un nuevo Saramago», cuenta Pilar del Río, que desgranó algún secreto literario del Nobel. «No empezaba a escribir una novela si no tenía el título, el principio y el final, luego eran sus cualidades narrativas las que le iban llevando por un camino u otro. Y escribía en cuadernos de tapa negra hasta que descubrió los ordenadores», subraya Del Río.

Fue el Nobel de Saramago uno de los más celebrados. Lo consideraron suyo, obviamente, los portugueses, porque sigue siendo el único escritor en esa lengua que lo ha logrado. Pero también lo sintieron como propio en Brasil, en el conjunto de América Latina y, por supuesto, en España, el país donde había elegido vivir Saramago después de que el entonces primer ministro de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, dijera a principios de los 90 que 'El Evangelio según Jesucristo' era una obra «blasfema». «Eso sí, Saramago siempre dijo que no era un exiliado. Nunca dejó de decir que Portugal era su país y el portugués, su lengua», rememora Del Río.

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