Melodioso colofón con Curtis Stigers en la plaza de la Trinidad

Chick Corea, premio del Jazzaldia en 1998, se reencontró ayer con Donostia después de su última actuación de hace cuatro años/José Mari López
Chick Corea, premio del Jazzaldia en 1998, se reencontró ayer con Donostia después de su última actuación de hace cuatro años / José Mari López

El cantante estadounidense cerró los conciertos de la plazade la Trinidad tras el jazz de Chick Corea con su Akoustic Band

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

En esta edición del Jazzaldia los contrastes han sido norma en la doble programación de la plaza de la Trinidad. Cada noche ha habido dos formas muy distintas de jazz en una parte y en otra. También ha habido tendencia a colocar el nombre más veterano como primer plato y el más prometedor después, aunque no ha sido norma fija. Sea casual o intencionado, este esquema se repitió ayer. El nombre más sonoro, el de Chick Corea con su Akoustic Band, acompañado por John Patitucci al contrabajo y Dave Weckl a la batería, abrió la última velada de la plaza de la Trinidad por esta 53 edición. Y al cantante estadounidense Curtis Stigers, acompañado por un cuarteto, le tocó poner el colofón con su voz melodiosa y su tránsito entre el jazz, el swing y el pop.

Chick Corea salió a escena con esa pinta de chaval que sigue manteniendo a sus 77 años, en lo físico y, desde luego, en lo musical. Empezó con aires latinos, una de sus facetas habituales que sin embargo practicó poco en el resto del concierto, con 'Morning Stripe'. A continuación dio dos excelsos ejemplos de como deconstruir una canción con sentido. Primero con un 'That Old Feeling' apenas reconocible si uno tenía en mente la deliciosa versión de Chet Baker. Pero Corea y Patitucci jugaron a pasarse uno a otro fragmentos de la melodía y construyeron otra cosa, algo también imponente, por intrincado e imaginativo. Luego con 'In a Sentimental Mood' de Duke Ellington, más melodiosa, hasta el punto de que Patitucci acabó aplicando el arco a su contrabajo en un bello final.

Curtis Stigers.
Curtis Stigers.

El trío empezó a colaborar en 1985 y aunque haya habido muchos otros proyectos por medio, la complicidad entre los tres era total y brindaba otros retos como 'Lifeline', en la que Corea y Patitucci recorrían simultáneamente la melodía. Desde el 'backstage', Michel Portal, que ayer recibió el premio honorífico del festival y poco después tenía su propio concierto en el teatro, gozaba tanto como un público entusiasta ante la brillantez del Akoustic Trio.

Las campanas de la iglesia y el trino de los pájaros se aliaron con Corea cuando hacía la introducción de una sonata de Scarlatti, e integró a unas y otros en la improvisación. Así de fresco, y de virtuoso, se mostró el pianista una vez más. En el bis anunció 'Spain' pero primero ofreció una buena porción del 'Concierto de Aranjuez' que le sirvió de inspiración para su popular composición. También invitó al público a responder sus melodías, y así se hizo total la comunicación con un público entusiasmado al final de un concierto que se alargó hasta la hora y media. Algunos espectadores se dieron por satisfechos con la generosa ración coreana y no se quedaron a la segunda parte.

De la rubia melena que lucía en el primer álbum de su juvenil etapa pop Curtis Stigers ha pasado a la interesante cana con tupé coronando su fina y elegante figura. Impecable como maestro de ceremonias, dominador de un amplio registro vocal, combinando de manera natural técnica y sentimiento, colgándose el saxo del cuello e interpretando con él poderosos solos, Stigers pasaba con toda facilidad del jazz-pop sofisticado de Randy Newman en 'I'll Be Home' a su propio cha-cha-cha 'You've Got the Fever', al descorazonador blues de 'You Don't Know What Loves Is' o el ambiente de St. Louis y 'San Diego Serenade' de Tom Waits. Y formando a menudo una brillante sección de viento con el trompetista John 'Scrapper' Schneider.

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