Investigadores de la UPV ayudan a determinar el origen del oro del tesoro del Carambolo

Investigadores de la UPV ayudan a determinar el origen del oro del tesoro del Carambolo

Procede de un yacimiento sevillano a solo 2 kilómetros de distancia del lugar donde se hallaron las piezas en 1958, según el examen elaborado ahora en Leioa

LUIS ALFONSO GÁMEZSAN SEBASTIÁN.

Seis décadas después de su hallazgo accidental por un joven albañil, una de las joyas de la arqueología española ha confesado parte de sus secretos tras ser sometida a la tecnología más moderna. El oro del tesoro del Carambolo, un extraordinario conjunto de veintiún piezas del primer milenio antes de nuestra era, no llegó al sur de la Península de tierras lejanas. Los resultados de análisis químicos e isotópicos apuntan que el preciado metal no viajó, como se creía hasta ahora, miles de kilómetros desde un enclave atlántico o del Mediterráneo oriental, sino que fue arrancado de la tierra a solo 2 kilómetros de donde se encontraron las joyas, aseguran en el último número del 'Journal of Archaeological Science' cuatro investigadores de las universidades de Huelva y el País Vasco, y el Museo Arqueológico de Sevilla.

Las veintiún piezas de oro del extraordinario tesoro del Carambolo y una recreación del mítico rey Argantonio / Jesús Spinola

El tesoro del Carambolo fue descubierto el 30 de septiembre de 1958 por el albañil Alonso Hinojo del Pino durante las obras de ampliación de las instalaciones de la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla, ubicadas en el pueblo de Camas. Aquel día, cuando excavaba en un pequeño cerro -lo que los locales llaman 'carambolo'-, su azada golpeó un objeto metálico que resultó ser un brazalete dorado. Los operarios siguieron ahondando y dieron con un recipiente de barro lleno de piezas del mismo estilo que tomaron por réplicas sin valor de joyas antiguas. Sin embargo, a instancias de la directiva del club de tiro, el arqueólogo e historiador Juan de Mata Carriazo examinó los restos y concluyó que aquello era un tesoro «formado por veintiún piezas de oro de 24 quilates, con un peso total de 2.950 gramos». Lo dató entre los siglos VIII y III antes de Cristo (aC).

La joyas de Argantonio

El tesoro lo encontró accidentalmente un albañil que trabajaba en unas obras en el pueblo sevillano de Camas

El historiador Francisco Nocete y sus colaboradores recuerdan en el 'Journal of Archaeological Science' cómo el conjunto se atribuyó al principio a la cultura tartessica y se creyó que podía ser parte del ajuar de Argantonio, el mítico y longevo rey de Tartessos. «Un tesoro digno de Argantonio», había sentenciado en su informe De Mata Carriazo. A comienzos del siglo XXI, sin embargo, nuevos hallazgos arqueológicos llevaron a los historiadores a fechar el tesoro hacia finales del siglo VII y principios del VI aC, y a plantearse que las joyas fueran parte del atuendo de un sacerdote durante la ceremonia de sacrificio de un toro y una vaca a los dioses fenicios Baal y Astarte. Y hasta se ha especulado con que pudieran ser joyas para animales como los citados. Los estudios tipológicos y estilísticos, por su parte, señalaban que el tesoro podía ser fruto de la convergencia de una orfebrería de tradición atlántica y otra vinculada a Egipto y Mesopotamia que habría llegado a la Península con los fenicios.

Ahora, los investigadores andaluces y vascos proponen un escenario alternativo, acorde con los resultados de análisis hechos recientemente por el Servicio de Geocronología y Geoquímica Isotópica de la UPV. El nuevo estudio ha sido posible porque el laboratorio vasco dispone de una tecnología de ablación láser gracias a la cual la toma de muestras afecta mínimamente a las piezas, algo imprescindible en un conjunto de incalculable valor.

El equipo de Leioa lo componen los geólogos Sonia García, José Ignacio Gil y José Francisco Santos, y el técnico Javier Rodríguez
El equipo de Leioa lo componen los geólogos Sonia García, José Ignacio Gil y José Francisco Santos, y el técnico Javier Rodríguez / Laura López / UPV

Los científicos vascos pueden determinar las relaciones isotópicas en objetos arqueológicos, así como en los materiales relacionados con la manufactura de esos objetos y en los minerales utilizados en su elaboración, y establecer a partir de esa información la procedencia de las materias primas. «Estamos estableciendo una base de datos de los distintos yacimientos mineros antiguos con la que establecer la relación que hay entre el resto arqueológico y la posible mina de la que procede», explicaba Sonia García, una de las responsables de los análisis. Además, se hacen exámenes químicos convencionales porque de una mina de oro o plata esos metales nunca salen puros, sino que contienen trazas de otros que luego sirven para vincular objetos arqueológicos con yacimientos concretos. El estudio de las joyas sevillanas revela que el oro contiene restos de plomo que lo localiza en las inmediaciones de donde se desenterró en 1958.

«En lo que respecta al tesoro del Carambolo, no nos encontraríamos al principio, sino al final de una tradición procesadora de oro que comenzó en la cuenca del Bajo Guadalquivir durante el tercer milenio antes de Cristo y a la cual se añadieron técnicas ornamentales como la filigrana y la soldadura en la transición del primer milenio antes de Cristo», concluyen los científicos en el 'Journal of Archaeological Science'.

 

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