Cola para admirar a los guerreros

Los selfis abundaron ayer en la exposción 'Soldados de Terracota' en Casa Ciriza, con colas para verla. / LOBO ALTUNA
Los selfis abundaron ayer en la exposción 'Soldados de Terracota' en Casa Ciriza, con colas para verla. / LOBO ALTUNA

La exposición 'Soldados de Terracota' registra más de 3.000 visitas desde su inauguración el viernes en Casa Ciriza de Pasaia

Nerea Azurmendi
NEREA AZURMENDI

Tal como ha ocurrido en todos los lugares que ha recorrido antes de establecerse en Pasaia, la exposición 'Terracotta Warriors', que se inauguró el pasado viernes en la Casa Ciriza del distrito pasaitarra de Trintxerpe, ha recibido una excelente acogida por parte del público con 3.109 visitantes desde la apertura.

Aunque el ejército de Qin Shi Huang, el primer emperador de China, mantendrá el campamento hasta el 16 de junio, cientos de personas han aprovechado el puente para ver de cerca las piezas expuestas y sumergirse en una historia que, pese a haber empezado a escribirse hace más de 2.000 años, está lejos de cerrarse.

Fueron precisamente los enigmas que rodean a los soldados hallados en el subsuelo de la provincia china de Xian en 1974 los que animaron a Noelia «a liar a dos amigas y a venir a pasar la mañana dando un paseíto». Un paseíto un poco largo, puesto que se habían desplazado a pie desde San Sebastián, y una mañana que empezaba a alargarse algo más de lo previsto, ya que poco antes de mediodía la cola era considerable. «Al final, será una media hora», calculaba una las acompañantes. La mañana primaveral que desmentía las previsiones meteorológicas hacía más llevadera la espera, y el tiempo pasado en la cola les permitía constatar con agrado «el ambiente que hay en Pasaia».

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La cola, en la que predominaba el público maduro aunque se hacía notar la presencia de familias al completo, recibía con regularidad el aporte de personas que accedían a la Casa Ciriza desde el nuevo paseo que une el distrito donostiarra de Herrera con el pasaitarra de Trintxerpe. «Una maravilla, ¡qué comodidad!», a juicio de Olga, que se había desplazado en Topo desde Errenteria con su marido y el menor de sus hijos, el instigador de la expedición.

«Son impresionantes»

Quienes, tras completar la visita, salían del recinto apenas se fijaban en los que esperaban. Costaba acostumbrarse a la luz del sol después del tiempo transcurrido en la penumbra de la exposición y, sobre todo, costaba apartar la vista de las fotos realizadas a lo largo de una visita que muchos completaban teléfono en mano.

«Son impresionantes. Es que no hay dos iguales», afirmaba al salir Sergio, que había acudido en solitario a la primera cita con los guerreros para evitar «que me pase lo de siempre, que ya iré, ya iré, y al final para cuando nos organizamos se acaba». Esta vez se organizarán, y volverán, «porque aunque los críos son pequeños está montada de manera que les puedes ir explicando qué es lo que van viendo. La historia es compleja pero, aunque no profundices demasiado, la presentación y el ambiente que se crea ya merecen la visita», aseguraba. Y permite lecturas diversas, como la de la niña que llegó a una conclusión que, seguramente, los arqueólogos pasaron por alto: «Son soldados chinos con manos de 'playmobil'».