El noble arte del cine y del iaido

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Hay una película en nuestra cartelera que no se parece a ninguna otra. En nada. Porque es la única que inauguró el pasado festival de Cannes. Porque es la única en la que Tilda Swinton, esa criatura que parece llegada de los espacios exteriores a este mundo, esta galaxia y este universo, practica un arte marcial nobilísimo y tan extraño como ella misma, el iaido, o la manera magistral de desenvainar y envainar el sable (la katana) de forma que quien lo blanda nunca deje de estar en guardia, alerta y preparado para el ataque y la defensa.

Sí, hay en nuestra cartelera una película ni puede ni quiere ni debe parecerse a ninguna de las demás. Porque en su reparto descubrimos a Tom Waits e Iggy Pop. Porque es lacónica, lúgubre, tumefacta y a la vez divertidísima. Todo lo divertido que puede ser un trozo de celuloide recubierto de humor seco y fustigante.

Única. Porque aunque es una de zombies (o acaso probable y definitivamente porque lo sea) es un pedazo de cine ásperamente político y rabiosamente medioambiental. Porque está repleta de referencias gozosas al cine que nos gusta. A Psicosis, por ejemplo. A Nosferatu también. A lo mejorcito de Sam Raimi. La única película que para hacerle un guiño a La noche de los muertos vivientes va y utiliza un coche. Pero no un coche cualquiera, claro. Un Pontiac. De los 60 del siglo pasado.

La única película donde los zombies andan necesitados de café y wifi mientras Bill Murray y Adan Driver patrullan haciendo bromas meta cinematográficas y muy privadas sobre la saga entera de Star Wars y sobre el propio director, que no es otro que el Jarmusch de Solo los amantes sobreviven y Paterson; la única que tiene una fotografía impecable pero inquietante que nos arroja a un anochecer más que misterioso, una fotografía rubricada por uno de los grandes, Frederick Elmes quien también firmó la de dos clásicos sin parangón posible, Terciopelo azul y Cabeza borradora.

Una película única, gozosa y tal vez hasta lacerante. Con la presencia(s) del tremendo rapero (y más) RZA, alias Bobby Digital; de Selena Gomez, Carol Kane y Danny Glover. Un filme sin rival en varias salas a la redonda. Una película tan quedona y burlona como sofisticada. Ligera, descreída y estilosa.

Se titula 'Los muertos no mueren' y es un festín de cine que atrapa al espectador en y con sus tiempos muertos, en y con sus silencios. Y no, no lo suelta hasta que aparece un objeto volador no identificado. El ovni redentor.

Inauguró Cannes y está en los Príncipe, no muy lejos del Cementerio de los ingleses, de los sarcófagos de San Telmo… curioso.