Diario Vasco

Pumori en el corazón

El grupo de amigos, entre los que se encuentran los padres de Beñat Arrue, Arantxa y Pello, en el reciente viaje realizado a Nepal.
El grupo de amigos, entre los que se encuentran los padres de Beñat Arrue, Arantxa y Pello, en el reciente viaje realizado a Nepal.
  • homenaje en la montaña

  • Se acaban de cumplir 15 años desde que cinco jóvenes vascos perecieran en el conocido 'sietemil' nepalí

Un trágico accidente en el Pumori segó la vida de cinco alpinistas vascos el 17 de octubre de 2001. Cinco jóvenes de la expedición 'Sakana-Pumori' desaparecieron por una brutal avalancha en una de las mayores tragedias del alpinismo vasco de la que ahora se cumplen 15 años. Se encontraban en plena ascensión de la ruta normal de este 'sietemil' nepalí. Los navarros Aritz Artieda (Etxarri Aranaz, 23 años), Javi Arkauz (Lakunza, 22 años), César Nieto (Pamplona, 23 años), y los guipuzcoanos Beñat Arrue (Aizarna. 22 años) e Iñaki Aiertza (Aizarnazabal. 27 años) se quedaron para siempre entre las montañas que veneraban.

A Arantxa Gurrutxaga, madre de Beñat Arrue, la noticia de la desaparición de su hijo le pilló mientras estaba trabajando. «Trabajaba en la empresa azpeitiarra Danona. Estábamos realizando un curso por lo que me encontraba en Arrasate. Tras comer y comenzar con la tarea me llamaron por el altavoz. Acudí y vi a mi marido y a mi hermano. Fueron ellos los que me comunicaron la noticia de la desaparición de Beñat. No me lo podía creer. Les repetía que seguramente habrían tomado otra vía».

Estuvieron en todo momento en contacto con Benantxio Irureta, muy amigo de la familia y que formaba también parte de la expedición (varios años más tarde, el propio montañero de Aizarna fallecería tras una caída en el Aneto, en mayo de 2013).

Fueron momentos de angustia, recuerda Arantxa. «Varias familias querían que los cuerpos fueran rescatados». Sin embargo, Irureta, desde Nepal, aconsejaba lo contrario, ya que se encontraban en una zona de «difícil acceso». «Benan me decía que estaban en un lugar maravilloso. Confiaba tanto en él que no tuve duda. Además, Beñat había comentado alguna vez que si moría en la montaña, quería quedarse allí. Respetaba a las familias que no pensaban como yo, pero nunca he tenido la pena de no poder haberlo traído».

Tras el accidente, hubo varios homenajes en las diferentes localidades. «Acudí a todos ellos», dice Arantxa. La desgracia unió a las familias. «Todos los años, el domingo más cercano al 17 de octubre nos reunimos en Aralar. Plantamos allí un árbol en recuerdo de los cinco y uno más por cada uno de nuestros hijos. Es un día que tenemos señalado en nuestro calendario y acudimos a estar todos juntos en una comida. Este año no hemos podido ir porque casualmente estábamos en Nepal».

Y es que Arantxa y su marido, Pello Arrue, junto a varios amigos de Aizarna y alrededores, acaban de regresar de Nepal. Han realizado un trekking en el Pumori. Comenzaron a realizar el viaje al año de la tragedia y han visitado el lugar «cada tres años».

Al año del trágico suceso en el Himalaya, Benantxio Irureta comunicó a la familia de Beñat Arrue que se iba a Nepal. «Voy contigo», le dijo Arantxa, sin dudarlo.

Se fueron por primera vez en 2002 con la intención de ascender al Pumori (7.161 m), pero no lo consiguieron. «En la última etapa, ya cuando íbamos a salir del refugio, por la mañana temprano, no sé qué me pasó que les dije a mis compañeros que no subía, que no podía continuar adelante. No sé porqué, me entró miedo. Miedo a lo que me podía encontrar, supongo». Posteriormente ha ido en más ocasiones. «Siempre que voy, digo que será la última vez y, sin embargo, vuelvo».

En esta ocasión, «también me he despedido -dice-, pero quizás en unos días se me pase de nuevo», ríe.

Suka

Hay circunstancias y lugares que no se van de la vida de uno. El 17 de octubre será para siempre una fecha señalada para Arantxa Gurrutxaga al igual que las montañas de Nepal y el Pumori, especialmente.

Al poco tiempo del accidente recuperaron un plumífero de Beñat y una cámara fotográfica. En ella había una fotografía de su hijo con una niña de unos tres o cuatro años, «aparecía con una niña pequeña, preciosa. La novia de Iñaki Aiertza nos trajo la foto revelada. Todos en la familia guardamos esa fotografía».

En el primer viaje a Nepal, en 2002, Benantxio Irureta, se acercó al lugar donde creía que los chicos habían realizado la instantánea. «Pensaban que era una de las aldeas que Beñat e Iñaki habían visitado en uno de los días de aclimatación a la montaña». Se acercaron y enseñaron la fotografía a los niños del lugar, cuando los chavales comenzaron a gritar: «¡Suka, Suka!». Se trataba de la misma niña que habían fotografiado poco antes del alud.

Así fue como conocieron a Suka. A lo largo de todos estos años, Arantxa y su entorno han enviado y ayudado en todo lo que han podido a la pequeña Suka, que hoy en día tiene 19 años. En este último viaje desconocían en qué situación estaba la joven. «A esa edad, no se sabe, pensábamos que podríamos encontrarnos con una mujercita ya con hijos», dice. Sin embargo, la sorpresa ha sido mayor, cuenta Arantxa. «En una de las etapas de descanso, para la aclimatación, tras un paseo de un par de horas al pueblo donde vive Suka con su familia, preguntamos por ella y su padre nos hizo entrar a la casa, una chabola muy pobre». Y allí estaba Suka, «tumbada en un colchón, completamente tapada, se le veía únicamente la cabeza y sin moverse». Junto a ella, en la pared, tenía todas las fotos que le hemos enviado a lo largo de estos años», recuerda con dulzura Arantxa.

No podían abandonarla a su suerte. «Se estaba muriendo. Nos dijeron que padecía del riñón desde hace un año. La gente de la aldea ayudaba lo que podía pero no había médicos». Había que trasladarla a Katmandú, al hospital más cercano, pero no tenían medios para ello, «hay que llevarla en caballo o con porteadores», les dijeron.

Arantxa y sus amigos no dudaron en ningún momento, «no podíamos dejarla allí. Ni siquiera sonreía y se le notaba también bastante fatiga al respirar». Por lo que decidieron costear un helicóptero y trasladar a Suka al hospital. Tenía afectado un riñón y parte del otro además de una neumonía. La joven se recupera y «está respondiendo bien al tratamiento», asegura aliviada Arantxa. «Al finalizar el trekking fuimos a visitarla y ya se levantaba de la cama. Se encuentra a la espera de un transplante».

Solidaridad

Arantxa y sus amigos han aprovechado este viaje, al igual que los anteriores para llevar material y dinero a Nepal. Este pequeño país del sur de Asia sufrió un terrible terremoto en abril de 2015, un seísmo de magnitud 8 en la escala de Richter, donde perdieron la vida miles de personas así como irreparables daños materiales. «La asociación de montaña Agiro, de Zestoa, reunió dinero para que pudiéramos llevar para contribuir a reconstruir la zona y la gente se ha volcado también en darnos ropa y material escolar que ya hemos entregado».

Beñat, Iñaki, Aritz, Javi y César se quedaron en el corazón del Pumori. El Pumori está ahora para siempre en el corazón de todos los que les querían.

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